Advertencia del FMI: “El colapso de Europa podría causar un descalabro mundial”

Los expertos (del sistema) que escribieron sobre las causas estructurales de la crisis global se han dado cuenta que les faltaba un capítulo: El impacto de la “crisis financiera” en las finanzas del Estado. O sea, el costo (económico y social) que demandará a los Estados capitalistas (empezando por EEUU y las economías centrales) el salvataje (con dinero público de todos los contribuyentes) de los grandes conglomerados bancarios y empresariales que hicieron estallar la “burbuja” del colapso financiero a escala global en 2008. El FMI, la institución gendarme del capitalismo financiero acaba de poner el dedo en la llaga advirtiendo sobre las consecuencias que podrían acarrear un derrumbe europeo en cadena producido por la combinación de los ajustes, el déficit fiscal, el desempleo, la baja del consumo y la desaceleración de las economías centrales.

Por Manuel Freytas (*)
manuelfreytas@iarnoticias.com
Con información de The Wall Street Journal y la cadena BBC

Un nuevo actor emergió en la economía mundial: La “crisis fiscal” o “crisis de la deuda” (producto de los déficit siderales que aquejan a los Estados de las economías centrales) que sucede a la “crisis financiera” en la debacle de la economía capitalista globalizada.

La crisis de deuda en la periferia de la eurozona amenaza con destruir la recuperación económica de la región y puede causar un descalabro financiero global si no se la detiene, advirtió el lunes el Fondo Monetario Internacional.

“Continúa una recuperación generalmente sólida, pero la crisis soberana en la periferia amenaza con abrumar esta perspectiva favorable, y queda mucho por hacer para asegurar una unión monetaria dinámica y resistente”, dijo el FMI, resumiendo un informe regular sobre las políticas de la zona de 17 países. “La falla en emprender acciones decisivas podría propagar rápidamente las tensiones al núcleo de la eurozona y causar grandes propagaciones globales”.

Por si fuera poco, el default griego supondría un mazazo para las cuentas bancarias de toda Europa: los bancos de Grecia, Portugal e Irlanda solo sobrevivirían como entidades nacionalizadas; y algunos bancos en Francia, Alemania e incluso en Estados Unidos sufrirían pérdidas que pondrían sus recursos de capital en niveles peligrosamente bajos.

En cuanto al Banco Central Europeo (BCE), el mayor tenedor del mundo de bonos griegos, irlandeses y portugueses, también quebraría, requiriendo una fuerte inyección de apoyo financiero de algunos países del euro, lo que supondría una humillación de tal calado para el BCE que tardaría años en recuperarse.

Los ministros de finanzas de la eurozona acordaron en principio seguir apoyando a Grecia, pero solo bajo condiciones que ni la clase política griega ni el Banco Central Europeo pueden aceptar, señala la cadenadena BBC.

Gobiernos acreedores como el de Alemania insisten en que el sector privado de alguna manera comparta la carga de mantener Grecia a flote, en tanto el BCE dice que ello casi ciertamente representaría un impago, con consecuencias desastrosas para el sistema bancario griego y para los mercados financieros de la región entera.

A menos que pueda superarse el desacuerdo, Grecia probablemente caiga en impago cuando se agoten sus actuales reservas de efectivo, reforzadas por el programa de ayuda de la UE y el FMI., subraya la BBC.

Según The Wall Street Journal, las palabras del FMI son su más fuerte advertencia hasta la fecha sobre el caos que podría propagarse si los gobiernos de la región no encuentran terreno común. Vienen después de un desacuerdo perjudicial entre Grecia, sus socios en la eurozona, y el Banco Central Europeo.

El FMI emitió una crítica apenas velada del gobierno alemán, que ha sido el más vehemente en su renuencia a financiar nuevos paquetes de ayuda. Dijo que es “esencial dar un cierre rápido al debate improductivo acerca de la reestructuración de la deuda, y evitar la impresión de que bajo el sistema de Mecanismo Europeo de Estabilidad, el apoyo financiero será condicional sobre la reestructuración de deuda”.

Al mismo tiempo, el FMI dijo que los países que han recibido ayuda —como Grecia, Irlanda y Portugal— deben continuar demostrando “un compromiso decidido” a sus programas de ajuste, todos los cuales requieren recortes dolorosos en el gasto público.

Por otra parte, el FMI también exhortó a los acreedores oficiales a no abandonar la periferia, advirtiendo que el “apoyo financiero continuado de otros miembros del euro es también necesario”.

En general, el FMI argumentó que el BCE debería continuar “normalizando” las tasas de interés “gradualmente”, a la vez que mantiene la red de seguridad de sus medidas no convencionales de política monetaria hasta que hayan cedido las tensiones de mercados financieros. El BCE a comienzos de este mes se comprometió a mantener su política de liquidez ilimitada al menos hasta octubre.

El FMI también argumentó que la región debería seguir reduciendo su déficit presupuestario, y los países de rápido crecimiento deberían aprovechar toda sorpresa positiva de expansión para llegar antes a sus metas fiscales, mientras dan a los países en crisis más tiempo para reducir sus déficits.

En el escenario del análisis oficial la suspensión de pagos griega tendría consecuencias potencialmente catastróficas no solo para los tenedores de US$486.000 millones de deuda soberana griega, sino también para aquellos que compraron cientos de miles de millones de dólares de deuda privada y decenas de miles de millones de dólares de contratos derivados ligados a la deuda griega, estima la BBC.

Además, una suspensión de pagos así incrementaría la percepción del riesgo de prestarle dinero a Irlanda y Portugal, provocando enormes pérdidas adicionales de cientos de miles de millones de dólares a esos países y a sus respectivos bancos.

Y con la sostenibilidad de las deudas españolas e italianas en cuestión, los gobiernos de esos países tendrían que pagar intereses aún mayores.

La crisis de los Estados centrales

En general, la sombra de una insolvencia de pago generalizada (producida por los déficit y la baja de recaudación fiscal) hace temer a los analistas del sistema un rebrote de la crisis financiera generalizada, no ya a nivel de los bancos y entidades privadas, sino a nivel de los propios Estados capitalistas centrales.

De esta manera, la crisis fiscal (producto del déficit comercial y recaudatorio del Estado) se sumó al panorama de agravamiento del desempleo (principalmente en EEUU y Europa), la no reactivación del consumo (producida por la desaparición del crédito para la producción), y los interrogantes que persisten en caso de que los bancos centrales decidan levantar los estímulos (planes de rescate) a bancos y empresas.

De acuerdo con The Financial Times, el gigantesco déficit fiscal en Europa y EEUU, en algún momento, podría hacer subir las tasas de interés generando un proceso recesivo que, a su vez, se retroalimentaría con más déficit fiscal dentro de un círculo vicioso.

De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la deuda pública de los 30 países más desarrollados económicamente alcanzó en 2010 el 100% de su PBI (producto bruto interno). O sea que esos países desarrollados (con EEUU y la UE a la cabeza) deberían destinar una producción anual completa sólo para cubrir su déficit. Algo pesadillesco.

Según estimaciones de analistas privados, EEUU, la UE, China y Japón (las cuatro primeras economías mundiales) utilizaron más de US$ 20 billones de fondos públicos, más de un tercio del PIB mundial, para salvar de la quiebra al sistema financiero y a los bancos privados, lo que derivó en los gigantescos déficit que aquejan a los Estados capitalistas centrales.

Luego de sufrir un derrumbe histórico en 2008 y 2009, las proyecciones oficiales de gobiernos, instituciones y analistas, señalaron para 2010 pasado, pronósticos de crecimiento raquíticos. En promedio, en sus últimos informes el FMI estima que el crecimiento en las potencias centrales (EEUU, UE, China, Japón) se ha situado en torno del 1,5%. al 3,%.

Estas estimaciones de “crecimiento débil” (en general compartidas por gobiernos y especialistas) son las que alimentan el escepticismo sobre la recuperación inmediata de la economía mundial y sitúan al déficit y al endeudamiento público como las estrellas protagónicas del proceso en que ya está inmerso el sistema.

En general, los desfasajes y la complicación de la “recuperación” de la economía de la UE (la segunda potencia económica mundial en bloque tras EEUU), transitan por los mismos parámetros que en EEUU: Desempleo, falta de crédito, depresión del consumo y alto déficit (endeudamiento del Estado) producido por los “rescates”.

El desempleo de la Eurozona, integrada por 16 países, afecta por encima del 9% de la población activa, según datos oficiales.

Vale recordar que, en este escenario, los gobiernos centrales de la UE salieron hace ya casi tres años, al rescate de sus bancos con masivas inyecciones de fondos públicos (provenientes de los impuestos pagados por toda la población europea) que dispararon los déficits públicos y las deudas.

Ahora, presionados por los rumores de falta de respaldo, los especuladores financieros en alta escala temen que algunos Estados de la UE no puedan hacer frente a sus compromisos de pago.

La incertidumbre que los analistas y las propias autoridades oficiales siembran sobre la “recuperación económica”, los bajos niveles de crecimiento que exhiben algunas economías, la no reactivación del empleo y del consumo (los pilares básicos de la economía real), impulsan la caída del euro y tornan cada vez más difícil la colocación de deuda en los mercados financieros.

En este escenario, el FMI lanza su advertencia de “descalabro mundial”.

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