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Andalgalá, 400 caminatas de resistencia

Por Vanessa Dourado y GR

Hace veinte años, se instaló en suelo andalgalés, provincia de Catamarca, en primer gran proyecto minero llamado Alumbrera. La empresa se instaló con la promesa de generar empleos y responsabilizarse de los daños ambientales, todavía no podría garantizar que lo inevitable ocurriera.Para el desarrollo de estos proyectos es necesario el consumo de 100 millones de litros de agua por minuto. Esto nos lleva a la obvia conclusión que la vida es amenazada para garantizar el beneficio de los que consideran la manutención de su riqueza capitalista más importante que la vida de millones de personas.

Años después, las consecuencias inevitables sucedieron. Los diferentes gobiernos –no solo en Argentina, sino en toda Latinoamérica– celebran los acuerdos que, en teoría son la prueba de que están trabajando para el bien estar social y progreso del país, cuando la realidad es otra. La provincia de  Catamarca es una de las más pobres del país, su índice de desarrollo humano (IDH) se ubica en el número 16 de 23 provincias.  Los casos de enfermedad causados por el uso de químicos como cianuro y mercurio para la extracción de los metales como oro, plata, cobre y plomo son crecientes en la región.

Sin embargo, las consecuencias no son solo ambientales y de salud. La minera también hace un trabajo ideológico importante lo cual divide y aliena el pueblo. En las escuelas, hay un intento de “enseñar” –con el apoyo del gobierno–  a las niñas y niños  que los proyectos mineros son buenos y además importantes para la preservación del medio ambiente. La escasez de puestos de trabajo también es un agravante. Los trabajadores del sector miran a la minera como única forma de sobrevivencia posible, y se oponen a cualquier iniciativa de frenar y denunciar los proyectos contaminantes. Una destrucción de la cultura de artesanía, que siempre caracterizó el pueblo de Andalgalá–con poco más de 20 mil habitantes y trecientos años de existencia– también refuerza los mecanismos de dominación e imposición delos mega proyectos, que en realidad, son mega saqueos.

El pueblo andalgalés resiste, está de pie y no se vende. Hace más de siete años que se realiza una caminata, siempre a los sábados a la noche, en la plaza central de la cuidad. Allí los vecinos y vecinas se reúnen, los encuentros siempre los musicalizan; cantan a la Pachamama y se saludan a los ojos como forma de mantener los lazos de solidaridad y de memoria de tantos años de resistencia. Estas convocatorias pacíficas tienen una historia de represión. En el año de 2010, el gobierno de Catamarca reprimió brutalmente al pueblo con palos, bombas de gas lacrimógeno y balas de goma. Más de 150 personas fueron detenidas por el hecho  de protestar.

Hoy, el 22 de julio a las 19hs., Andalgalá cumple las 400 caminatas en contra la megaminería. El día estará siendo celebrado con un gran festival en la conocida plaza central, la que podríamos llamar como la “Plaza de la Resistencia”. Varias luchadoras y luchadores ambientalistas de todo el país participarán de la celebración en apoyo a la autodeterminación y soberanía  de los pueblos.

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