China y la explotación de recursos naturales de América Latina

La República Popular China, que se afianza como segunda potencia mundial, dirige sus principales negocios a la explotación de recursos naturales en América Latina. Por Agustina Villalba


Las inversiones chinas en América Latina crecen a un ritmo vertiginoso. Eldenominado “Consenso de Beijing” se diferencia estructuralmente del neoliberal “Consenso de Washington”, aunque los resultados podrían no ser tan disímiles dado que los recursos naturales de la región siguen en la mira.
La consolidación de la República Popular China como segunda potencia económica mundial no es novedad. El acelerado crecimiento económico, impulsado por un artificial bajo valor de la moneda nacional para apoyar las exportaciones, generó la mayor reserva de divisas del mundo. El momento de la inversión llegó de manera paulatina en los últimos diez años: primero fue África y ahora América Latina se suma a la lista.

El “modelo chino” o “Consenso de Beijing”, término acuñado por el escritor y analista Joshua Cooper Ramo, impulsa una propuesta de desarrollo diferente para los países del tercer mundo en momentos en que el modelo neoliberal parece haber quedado atrás en muchos países latinoamericanos.

La denominación “Consenso de Beijing” hace referencia justamente a la comparación del modelo adoptado por China a partir de 1978 y consolidado en la última década, con el impulsado por Estados Unidos a fines de la década de 1980.
Según lo postulado por diversos analistas y por el mismo Cooper Ramo en su ensayo original The Beijing Consensus, la consolidación de la segunda potencia del mundo se debe a que “el cambio, la experimentación y la innovación” constituyen las bases del modelo.

En lo que respecta a la política internacional, el ensayo sostiene que “China está marcando el camino a otras naciones del mundo que están tratando de dilucidar no sólo cómo desarrollar la economía de sus países, sino también cómo encajar en el orden mundial de una manera que les permita ser realmente independientes, para proteger su forma de vida y su política nacional”.

La injerencia mundial del país asiático se consolida a pasos agigantados. La ayuda económica y la asistencia financiera y militar a diversos países de África es un hecho. Según el semanario nicaragüense Confidencial Digital “el año pasado, China se convirtió en el principal socio comercial de África. Para fines de 2010, unas 2 mil firmas del gigante asiático operaban con una inversión acumulada de 32 mil millones de dólares”.

La pronunciada presencia de inversiones chinas en diversos países del continente africano despertaron críticas y acusaciones de su principal competidor en la región, Estados Unidos. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, el pasado 11 de junio calificó la relación de China con África de “neocolonialismo”.

Sumado a esta apreciación, según el portal virtual de la publicación china Diario del Pueblo, “Clinton dijo en una rueda de prensa (en Zambia) que la ayuda y las inversiones de China en África ‘no han concordado siempre con las normas de transparencia y buena gobernación aceptadas generalmente en el ámbito internacional’”.

Ante el ataque del Imperio, “el portavoz de la cancillería subrayó que China coopera con África sobre la base de los principios de la igualdad, el beneficio mutuo y el desarrollo común”. El funcionario destacó la importancia del progreso mutuo de los países involucrados, estableciendo una implícita crítica a la metodología de invasión militar del Imperio para la obtención de recursos naturales.

Al margen de las disputas de las potencias, las inversiones chinas en África habrían comenzado a estancarse a partir de la seguidilla de levantamienos populares en Túnez, Egipto y Libia. El semanario Confidencial Digital sostiene que un funcionario de la potencia oriental declaró al periódico chino Economic Observer que “debido a los riesgos políticos, las inversiones en África ya no son lo que solían ser”.

En América Latina

Las inversiones en la región latinoamericana tienden a expandirse, no sólo en el ámbito de la explotación de recursos agrícolas y petrolíferos, sino también en diversos campos de la industria.

Según el portal de información financiera y empresarial capitalmadrid.com, “China multiplicó en estos 10 años su inversión en la región, sobre todo en los sectores minero, petrolero, energético, siderúrgico, automovilístico, ferroviario y en los de infraestructuras y telecomunicaciones”.

Las inversiones orientales dominan los mercados de Brasil y Chile (dos de los tres países visitados por Barack Obama en su gira realizada en marzo de este año) con los que China tiene firmados una asociación estratégica y un acuerdo de libre comercio, respectivamente.

En Brasil, las principales negociaciones están relacionadas con los yacimientos petrolíferos. Según el portal mencionado anteriormente, “China ha otorgado financiación por 10 mil millones de dólares a la petrolera Petrobrás para nuevas inversiones; participa en yacimientos del norte; ha apoyado con mil doscientos millones a la compañía Vale, primera productora mundial de hierro y su firma Wuhan Iron ha invertido con la brasileña EBX 5 mil millones de dólares para la construcción conjunta de una siderurgia”.

Por su parte, Chile destina el cincuenta por ciento de su exportación de cobre al país oriental. En ese sentido, diversos países de la región dependen mucho de China como socio comercial, sobre todo respecto de la venta de materias primas. Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicado en mayo de 2010, “(China) es el primer destino de las exportaciones del Brasil y Chile y el segundo para la Argentina, Costa Rica, Cuba y Perú”.

A diferencia de Estados Unidos, la República Popular de China mantiene fluidas relaciones con los países de una marcada tendencia socialista como Cuba y Venezuela.

Las inversiones en la isla caribeña han aumentado en los últimos años, bajo el impulso del líder venezolano Hugo Chávez. Este año, China tiene pensado invertir en Cuba, “cerca de 6 mil millones de dólares, que posibilitarán la ampliación de la refinería de Cienfuegos, una instalación que procesa actualmente cerca de 150 mil barriles diarios de petróleo venezolano”.

Por su parte, la República Bolivariana de Venezuela firmó, en marzo de este año, un convenio con China en el que, según el portal de noticias venezolano 24urgente.com, se “aportarán 20 mil millones de dólares para financiar en Venezuela ‘proyectos de gran volumen y a largo plazo’, en diferentes ámbitos como son agricultura, industria, infraestructura y energía”.

En Argentina, según la consultora Deloitte & Touche, las inversiones estuvieron concentradas en el sector de la energía y los recursos naturales. “Tanto en Argentina como en Brasil se destacaron las inversiones de Sinopec, una de las empresas petroleras más grandes del mundo, que adquirió activos de Repsol-YPF en Brasil y de Occidental en Argentina por un monto total de 9.609 millones de dólares”.

Además, la asociación china Beidahuang Group presentó a comienzos de junio una propuesta de desarrollo agrícola de soja, maíz y otros cultivos en 320.000 hectáreas ubicadas en Río Negro. La iniciativa que promete invertir 1.500 millones de dólares en los próximos 10 años, generó duras críticas en contra del futuro deterioro de los suelos argentinos ante un probable monocultivo de soja.

En relación a las inversiones en Latinoamérica, el subdirector del Comité Agrícola del legislativo de China, Wang Yukun, señaló que “países como los de América Latina tienen terrenos cultivables y necesitan de nuestra tecnología e inversión. Nuestras compañías son bienvenidas allí, es una solución en la que las dos partes salen ganando”.

En el mismo sentido, la CEPAL sostuvo en su informe que “la elevada demanda de alimentos, energía metales y minerales ha beneficiado a los países exportadores de esos productos, mejorando en forma sustancial sus términos de intercambio y estimulando el crecimiento”.

Fuente :APAS (Agencia Periodística America del Sur)

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