Continúa la revuelta popular en Suecia

Por séptima noche la capital sueca y otros suburbios fueron escenario de disturbios entre jóvenes y policías.

ESTOCOLMO, 27 de mayo.— Los suburbios de varias ciudades suecas, entre ellas la capital, fueron escenario de disturbios aislados, por séptima jornada consecutiva, aunque de menor intensidad, según fuentes policiales.

“En algunos barrios periféricos se registraron lanzamientos de piedras a las fuerzas de seguridad y también fueron incendiados automóviles aparcados”, indicó el portavoz de la policía, Lars Bystrom, a la radio pública SR.

Sin embargo, la menor intensidad de los disturbios ha sido la tendencia de la madrugada de ayer, según la misma fuente.

El detonante de la escalada de violencia en los suburbios del país escandinavo fue la muerte, hace una semana, de un inmigrante de 69 años por disparos de la policía, un suceso que fue calificado por las autoridades como accidente.

Los agentes afirmaron que le dispararon cuando se resistió a un arresto, pero los residentes acusan a la policía de actuar por motivos racistas.

La situación de violencia generó un debate en Suecia sobre la creciente desigualdad social y económica y la marginación de los suburbios en un país considerado uno de los paradigmas del Estado de bienestar.

Las autoridades suecas han atribuido los incidentes a pandillas surgidas de forma espontánea y que se inspiran unas a otras en los distintos suburbios que tienen en común una alta concentración de población inmigrante y problemas sociales.

La oposición ha pedido responsabilidades políticas al gobierno, aludiendo a los recortes sociales de los últimos siete años, acusaciones negadas por el primer ministro, el conservador Fredrik Reinfeldt, quien tardó casi dos días en pronunciarse.

El viernes la policía envió refuerzos a la segunda y tercera ciudad del país, Gotemburgo y Malmö.

Asimismo, numerosos padres de los jóvenes de los suburbios y voluntarios de asociaciones patrullaron las calles para disuadir a los agitadores y restaurar la calma.

Estas dos medidas ayudaron a reducir la intensidad de los incidentes las últimas noches, según la policía.

En todo el país los bomberos tuvieron que apagar más de 50 incendios.

Los disturbios desataron polémica pues Suecia es considerado uno de los países con mayor respeto a los derechos civiles.

En el suburbio de Husby, en la capital, con 80 por ciento de población inmigrante y donde comenzaron los disturbios hace una semana, permaneció en relativa calma.

Suecia suena a riqueza, refugio de huidos de guerra y de dictaduras despiadadas, sociedad igualitaria y Estado del bienestar modélico. Pero algo falla en el país nórdico cuando desde hace seis noches consecutivas grupos de jóvenes de origen inmigrante se han dedicado a quemar coches, escuelas, algún que otro restaurante, una comisaría y a enfrentarse a pedradas con la policía en los suburbios de Estocolmo.

Para la oposición de izquierda, las protestas son consecuencia de la política económica liberal del primer ministro, el conservador Frederik Reinfeldt. El Gobierno, por su lado, habla de “actos vandálicos” esporádicos, protagonizados mayoritariamente por jóvenes sin ideología. La única que parece beneficiarse de esta situación es la extrema derecha, cada vez más fuerte. Suecia parece haber perdido el rumbo marcado durante décadas por los socialdemócratas, hoy en horas bajas.

Alrededor del 16% de la población de Suecia –9,5 millones– es de origen inmigrante. La llegada de extranjeros en su mayoría de países de fuera de la órbita occidental no ha cesado estos últimos años. Según datos del Gobierno, en el 2012 lo hicieron 103.000 personas, y cerca de 44.000 solicitaron asilo –principalmente sirios, afganos y somalís–, un 50% más que en el 2011.

A pesar de un Estado aún generoso en ayudas sociales, los recién llegados lo tienen muy difícil para encontrar trabajo, sobre todo en estos años de crisis. “Lo primer que hay que hacer es aprender el sueco, si no lo hablas bien no hay nada que hacer”, dice Mina Zekri, un egipcio que reside en Estocolmo desde el 2009. En Francia y el Reino Unido los inmigrantes lo tienen más fácil ya que proceden la mayoría de excolonias y ya hablan el francés y el inglés, lo que hace más fácil su integración.

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