El aporte de Franz Fanon dentro del proceso de liberación de los pueblos (+ libros )

IV encuentro de Afrodescendientes

Por Mireille Fanon-Mendès France

Fanon, que se trate de la locura, del racismo o del “universalismo” confiscado por los poderosos, no cesa, en el fondo de probar la posibilidad de “un vivir juntos”, a la manera de una transformación en actos de situaciones donde dominados y dominantes tienen todo a perder en la continuidad de órdenes y desórdenes existentes. Fanon, ese insurrecto, ese rebelde que lucha tenazmente y sin fallar contra la dominación ejercida de los poderosos sobre los débiles, nos aclara hoy a propósito de la articulación fundamental entre el derecho a la rebelión frente un sistema social, político y económico que hunde el mundo dentro del desorden y una colonización de un nuevo tipo. De esta manera a la violencia colonial la sucedió una violencia indirecta, hoy el orden colonial contaminó el territorio de los colonizadores. Por una paradoja donde la historia tiene el secreto, el “indígena” esta omnipresente no solamente en su lugar de origen sino igualmente en eso que Fanon llamaba las “ciudades prohibidas”, donde se ejercen las formas renovadas de discriminación, él remarca en Los Condenados de la tierra, “en donde el mundo colonizado es un mundo dividido en dos (…) La zona habitada por los colonizados no es complementaria a la zona habitada por los colonos. Esas dos zonas se oponen pero no al servicio de una unidad superior (…) Ese mundo fraccionado en dos esta habitado por especies diferentes. La originalidad del contexto colonial es que las realidades económicas, las desigualdades, la enorme diferencia de los modos de vida, no volverán jamás a ocultar las realidades humanas”.

La proximidad del cincuentenario de su muerte, el 6 de diciembre de 1961, nos hace constatar que, a pesar de la evolución del mundo, es de una asombrosa actualidad, incluso si el colonialismo bajo sus formas antiguas ha desaparecido, numerosos Estados liberados de la opresión colonial han visto el día.

Pero, ¿en realidad el despojo, la alienación y la injusticia se han alejado de este mundo? En este punto de vista, un observador imparcial podría decir, a la luz sangrienta de guerras imperiales en Irak, Afganistán y en Libia, y también colonial en Palestina, que la política de los fusiles sobre la que se fundaron los imperios coloniales, se volvió activa.

La acción de la obra de Fanon se sitúa dentro del contexto después de la guerra, marcado por la lucha ideológica entre el bloque occidental y el bloque socialista, pero la división es clara. Un tercer mundo surge entre los años 1950-1960 que reivindica su lugar dentro de las relaciones internacionales y su parte en la distribución de las riquezas del planeta. Él afirma por primera vez su existencia política en 1955 en la Conferencia de Bandung, proclamando su rechazo a la bipolarización del mundo. Muchos líderes del tercer mundo aparecen al mismo tiempo que los movimientos de liberación nacional y llevan una lucha cada vez más radical en África, Asia y America Latina. Los años 1960 fueron marcados por las represiones violentas y los asesinatos de hombres políticos, quienes representaban la lucha de pueblos oprimidos.

Es en este contexto que Fanon forjó su reflexión sobre el papel de la violencia dentro del proceso de liberación y sobre los riesgos corridos por las antiguas colonias una vez que adquirieron su Independencia. La producción intelectual de Fanon ha tenido una gran influencia sobre los revolucionarios a través del mundo, en África pero también en Asia y en las Américas. Sus textos no pueden estar disociados de las circunstancias históricas en las que vieron el día, pero su pertenencia esta intacta y continúan inspirando nuevas generaciones de militantes y de intelectuales tanto en el sur como en el norte. Las ideas en las lecturas forjadas por Fanon se mantienen como herramientas eficaces para analizar la actualidad de un mundo donde la dominación y la explotación han cambiado de apariencia, pero continúan regidas por mecanismos que fundamentalmente no han cambiado.

Darse cuenta del aporte de Franz Fanon dentro del proceso de liberación de los pueblos, nos lleva a presentar las diferentes etapas de su existencia, de la toma de posición, del desarrollo y de la formulación de su pensamiento. Su obra se confunde con su corta existencia, marcada por la revuelta frente a la injusticia, el principio de realidad y ética del compromiso.

La segunda Guerra Mundial fue la que motivó el despertar político del joven Fanon. Espontáneamente antifacista y mostrando un compromiso concreto por su rechazo al nazismo, Fanon deja el hogar familiar y parte clandestinamente a unirse de forma voluntaria a las Fuerzas Francesas Libres que luchaban contra la Alemania nazi.

Condecorado de la armada colonial francesa, no sentía verdaderamente el sentimiento de formar parte de los liberadores. En una carta escrita a sus padres en 1944, expresa la magnitud de su desilusión, “Yo cometí un error. Nada absolutamente nada justifica la brusca decisión que tome de defender los intereses de un latifundista: que yo lo defienda o no, no le importa”.

Fanon debió constatar que la fuerza movilizada contra el nazismo alimentaba la ideología racista y practicaba casi oficialmente la discriminación racista y étnica. El uniforme se suponía que debería reflejar la igualdad entre los soldados, el mismo para todos, la realidad es que dicho uniforme ocultaba difícilmente las insoportables desigualdades de tratamiento entre negros y blancos.

Después de su desmovilización, regresa a Martinica y luego a Francia donde se inscribe en la facultad de medicina de Lyon, donde aparte de sus cursos asiste a aquellos de filosofía Maurice Merleau-Ponty, lee la revista de Sartre, Los tiempos Modernos, y se interesa particularmente en Freud y Hegel.

En su primer libro, Piel Negra, marcara blanca –que debió ser su tesis para el doctorado- publicado en 1952, Fanon evoca este choque inaugural con el racismo europeo, que descubre precisamente dentro de la armada antifacista de De Gaulle. La aprehensión intelectual del racismo y que engloba a la vez el cuerpo y el discurso, continúa remarcablemente en la actualidad, sobre todo desde el punto de vista de la reaparición sin complejo del discurso racista en Europa. Fenómeno, hoy en Francia, que llega las escuelas de futbol para jóvenes de un mismo país, que dentro de un racismo cien por ciento puros, han sido objeto de un debate indigno a propósito de cuotas sobre la base del color de la piel, de los orígenes y de las pretendidas aptitudes físicas especificas. Piel negra, mascaras blancos es una señal fundamental dentro de la lucha antifacista, de un mecanismo descodificado de la segregación y de sus metas políticas.

Analizando los mecanismos del colonialismo y sus impactos sobre los dominados, Fanon se opone al concepto de negritud forjado por Senghor y Césaire articulando la lucha contra el racismo, dentro de un movimiento universal de desalineación de las victimas del racismo y de los racistas mismos.

Psiquiatra, el retoma las formas terapéuticas basadas sobre la obligación y la violencia inherentes a la psiquiatría hospitalaria tradicional.

En 1953, a los veintinueve años, llego al Hospital Psiquiátrico de Blida y se escandalizo al constatar que la escuela psiquiátrica de la Argelia colonial, clasificaba a los árabes argelinos como “primitivos”, afirmando que su desarrollo cerebral estaba “atrasado”. Así, para los psiquiatras coloniales, los comportamientos patológicos de los indígenas se derivaban de causas genéticas y por lo tanto incurables. Fanon, cercano de sus pacientes y de sus familiares, descubren entonces la expresión cruda de la jerarquía de la raza y de una segregación violenta, comparable al apartheid.

El inicio de la guerra de liberación nacional, el 1er. de noviembre de 1954, tuvo naturalmente un impacto sobre el hospital que recibía los pacientes traumatizados por la experiencia de la violencia, así como de los torturados y de los torturadores (algunos casos son mencionados en Los Condenados de la tierra).

Por intermedio de los militantes de la causa argelina, médicos y activistas, que tomaron a su cargo los muyaidines heridos, entraban en contacto directo con el FLN (Frente de Liberación Nacional). En 1956, el gobierno opta por una política de represión militar brutal y generalizada, él renuncia, proclamando que como psiquiatra, no podía re enviar sus pacientes a una sociedad que, fundamentalmente los aliena y los deshumaniza. Expulsado por las autoridades coloniales en 1957, se va a Túnez, sede exterior de la revolución argelina.

Fanon retoma en Túnez sus actividades profesionales y al mismo tiempo se involucra en la acción política del FLN. Fue periodista del periódico del FLN, El Moudjahid y nombrado por el gobierno argelinos en exilio, embajador itinerante en África. El visito Ghana donde se reunió con Kwame Nkrumah donde el estudia de cerca los problemas planteados por la constitución de un Estado Africano independiente; en el Congo se reúne con Patrice Lumumba, en Etiopía, Liberia, Guinea y Mali. Su meta era popularizar la lucha del pueblo argelino por la consolidación de alianzas entre los pueblos de África y la puesta en práctica del internacionalismo que caracterizaba su visión en las luchas emancipadoras.

Así su acción cerca de los dirigentes de Mali permitió la apertura en 1960 de un nuevo frente en el sur de Algeria, al cual Guinea le suministro armas. De esa misma manera jugo un papel importante en el envió de armas soviéticas, destinadas al frente oeste, gracia a la solidaridad del Presidente Sékou Touré.

Fanon relata sus estadías en África al sur del Sahara en Los Condenados de la tierra.

En 1959, el editor francés François Maspero, publica el segundo libro de Fanon, El V año de la revolución argelina, no es solamente una acusación a Francia por sus crímenes masivos contra la población argelina, – cerca de cincuenta años después de la independencia de Algeria, Francia comienza a reconocer apenas sus crímenes, y de la misma manera reconoce su gran responsabilidad en el pillaje sistemático de África y su imposibilidad, a pesar de una ley para el reconocimiento de la trata de negros y la esclavitud como crímenes contra la humanidad, a abrir completamente el capitulo de esa parte sombría de la historia francesa -, se trata de un ejercicio analítico de los medios de la revolución argelina y las transformaciones que la inducen dentro de una sociedad dominada, humillada y gravemente pauperizada (empobrecida). Esa obra fue prohibida en Francia, y paradojalmente eso hizo que se hablara de Fanon en África y en el Tercer Mundo. Fue invitado a foros internacionales, donde fue escuchado atentamente al punto que se convirtió en un blanco para las autoridades francesas.

En primavera del 1961, se comprometido a entregar un manuscrito a su editor, el cual fu Los Condenados de la tierra que no trata solamente de Algeria, sino también del Tercer Mundo en vía de des colonización. El 3 de Diciembre, recibe el libro en el hospital Bethesda de Washington. A los 3 días, muere de una leucemia.

En 1962, Maspero publica en Presencia Africana, un homenaje a Fanon; hace también el esfuerzo de publicar sus obras completas buscando sus textos publicados, a menudo de manera anónima, en el periódico clandestino del FLN, El Moudjahid. Para la revolución africana se convertirá en libro publicado en 1964, el cual fue traducido por Ernesto Che Guevara.

En 1961, fecha de la redacción de Los Condenados de la tierra, Fanon considera que el período de la colonia esta irrevocablemente atrás; lo que esta ahora en el tapete es la evolución de los Estados liberados. Para Fanon, la construcción de una sociedad justa y prospera debería fundarse sobre la liberación integral de las mujeres y de los hombres legado del colonialismo. De este punto de vista es fundamental identificar las carencias y eliminar las consecuencias de una presencia devastadora.

Uno de los capítulos de Los Condenados de la tierra, “La desgracia de la conciencia nacional” es un llamado a los pueblos liberados del dominio colonial para la promoción de las elites productivas, dotadas de una conciencia política y promovida por el sentido del interés general. Si los países independientes no logran preparar esas elites, triunfara entonces una cultura de negociantes que no serán otra cosa que caricaturas del educador occidental, en su comportamiento y sus modos de consumo. Los movimientos de liberación se transformaron en partido único, “la forma moderna de la dictadura burguesa, sin mascara, sin maquillaje, sin escrúpulo y cínica”. En ausencia de perspectivas realmente nacionales, la vía de “dictaduras tribales” estaría abierta: apostando sobre las divisiones étnicas y sobre las fronteras “heredadas” del colonialismo, esos nuevos poderes, llevados por los dirigentes de ayer, terminaran provocando el desmoronamiento de nuevos Estados. Estas puestas en guardia fueron pronunciadas al alba de las independencias, celebradas con entusiasmo y fervor. El análisis lucido de Franz Fanon alertaba de manera asombrosamente premonitorio sobre los desvíos susceptibles de afectar los Estados poscoloniales. El describe con años de avance la patología neo colonial, la perpetración de la dominación por la sumisión de gobiernos nacionales corruptos y antipopulares a los intereses de las antiguas metrópolis coloniales. Si estas estructuras coloniales no explican por ellas mismas el fracaso de las independencias africanas, este medio siglo fue la demostración despiadada de la eficacidad de las bombas retardadas legadas por las potencias coloniales. La independencia de países colonizados se convirtió para Fanon una etapa preliminar y necesaria, pero no constituía de ninguna forma el fin de un proceso de liberación.

Fanon fue uno de los pensadores de la revolución argelina que se ubicaba fuera de toda reducción dogmática o de interpretación doctrinal. Progresista y antiimperialista sin referencia “teológica” al Marxismo, cerca pero sin obediencia ninguna, del campo socialista. Como lo decía el sociólogo Inmanuel Wallerstein, en una formula concisa pero muy exacta: “Fanon leía Marx con los ojos Freud y leía Freud con la mirada de Marx”. La liberación del hombre y su no-alienación fue para Fanon el último objetivo de la lucha política sin estilo, sin rigidez pero sin concesión.

Era un hombre indivisible, que no podría ser reducido a una dimensión particular de luchas; era antiracista en nombre de la universalidad y anticolonialista en nombre de la justicia y las libertades. En ninguna parte de el se le encuentra la mas minima voluntad de revancha ni de estigmatización de los blancos como quisieran presentarlo hoy los teóricos piratas del “esencialismo” y lo que llamaríamos choque de civilizaciones.

Sus detractores, que se encuentran entre los “intelectuales” neoconservadores, intentaron un juicio por brujería a titulo de una supuesta apología de la violencia traduciendo su desconocimiento de la obra de Fanon y su mala fe racista. La violencia defendida por Fanon – como ultimo medio de reconquistarse a si mismo por los que son negados, explotados y reducidos a la esclavitud – y esta de la legitima defensa de los oprimidos que sufren de la violencia, todavía mas grande, de la dominación, de la desposesión y el desprecio.

Esto lo llevo a sobre vivir mas allá de generaciones. Su análisis de patologías sociales y políticas del racismo es de una sorprendente actualidad, su análisis político, psicológico y social sobrepasa el contexto dentro de lo cual fue elaborado, conservando al día de hoy una congruencia sorprendente.

Su lucidez y su independencia lejos de aislarlo, a pesar de la desconfianza de los marxistas “ortodoxos” prisioneros del dogma, le permitieron ganar la estima y el respeto de combatientes de la libertad e independencias.

Fanon fue una referencia mayor para los militantes ilustres como Comandante Che Guevara, Amílcar Cabral, Agostino Neto, Nelson Mandela, Mehdi Ben Barka y muchos más.

En África, en Europa Fanon aparece hoy más actual que nunca. Tiene sentido para los militantes africanos de la libertad y de los derechos humanos, tiene sentido también para todos los Africanos y los Árabes en contra de los cuales se expresa, tanto en los medios de comunicación como en los propósitos de las elites de ciertos estados, un racismo sin complejo, recobrando así violentamente un no deliberado racismo.

Tiene sentido puesto que la emancipación es la primera meta de generaciones que llegan a la madurez política. Muchos de los africanos aprendieron que esa lucha para la libertad, la democracia y los derechos humanos son llevada contra los potentados locales pero de la misma manera contra los gobernantes del orden neo-colonial que los protege, los utiliza para robar los recursos y los descarta cuando ya su tiempo se acaba.

El pensamiento de Fanon continúa inspirando hoy a todos los que combaten para el progreso del hombre en todo el planeta. En este mundo donde el sistema de la opresión, el atropello del humano no para de renovarse y de adaptarse, su pensamiento es un antídoto contra la renuncia. Es el arma de una pasión lucida para el combate incesante por la libertad, la justicia y la dignidad de mujeres y hombre. La liberación de los pueblos y de los individuos de la esclavitud y de la alineación queda un objetivo, la emancipación esta por venir.

Si Franz Fanon estuviera vivo, ciertamente no le hubiese gustado ser considerado como una autoridad canónica fuera del contexto de su lucha y de su testimonio escrito. Al contrario constantemente subrayo desde su primer libro hasta el último, que un pensamiento viviente debía siempre ser una compromiso en una situación dada. La resistencia continua, y cincuenta años después Fanon nos exhorta a no abandonar la lucha en este espacio social donde las mujeres y los hombres ordinarios pueden poner nuevamente en discusión y desplegar la energía y la sabiduría de un verdadero proyecto político.

Fuente: http://Franzfanonfoundation-fondationFranzfanon.com/?p=1039

Para leer ” Los Condenados de la Tierra” con Prefacio de Sartre en pdf:

Libro en pdf: http://www.lahaine.org/b2-img09/fanon_condenados.pdf

Online: http://www.elortiba.org/fanon1.html

Texto introductorio
Jane Okpala

En Los condenados de la tierra, Frantz Fanon, dentro del marco de la revolución argelina, se dirige a los problemas del Tercer Mundo recién liberado. Para él, la liberación en sí no es suficiente. Si no se reconstruye la sociedad, las burguesías nacionales, enfocándose en sus propios intereses, mantendrán los vínculos ya vigentes entre su país y la Europa que lo colonizó. El resultado es que el grupo pequeño de ex-colonizados que domina el país se enriquece al tomar los puestos antes ocupados por los colonizadores mientras que la gran mayoría de las masas continúa en su miseria, como si la revolución nunca hubiera ocurrido.

Para prevenir que lo antedicho pase, es necesario que las masas rurales tomen conciencia de su situación, y aquí se ve el lazo entre la obra de Fanon y los presupuestos de la teología de la liberación. Según Fanon, “ser responsable en un país subdesarrollado es saber que todo descansa en definitiva en la educación de las masas, en la elevación del pensamiento, en lo que suele llamarse demasiado apresuradamente la politización” (180). Esta educación de las masas no debe restringirse a los países subdesarrollados. También “será necesario…que las masas europeas decidan despertarse, se desempolven el cerebro y abandonen el juego irresponsable de la bella durmiente del bosque” (98). El educar a las masas significa más que lanzar una campaña de alfabetización o hacer que se entienda la situación actual; además, hay que “hacer comprender a las masas que todo depende de ellas, que si nos estancamos es por su culpa y si avanzamos también es por ellas, que no hay demiurgo, que no hay hombre ilustre y responsable de todo, que el demiurgo es el pueblo y que las manos mágicas no son en definitiva sino las manos del pueblo” (180).

Fanon desarrolla su argumento en cinco partes. Primero, habla del uso de la violencia para lograr la liberación. Desde su perspectiva, la violencia es imprescindible en una revolución verdadera contra el colonialismo y, luego, el imperialismo. Los colonizados han vivido en una atmósfera de violencia creada por los colonizadores, sea implícita o explícita; de ahí que la neutralidad o la pasividad por parte de los colonizados no logre su liberación sino la dominación continuada desde los centros colonizadores. La violencia por parte de los colonizados, más que ser una contrabalanza a la violencia institucional (de los colonizadores), también es una manera de unir al pueblo. La acción violenta compartida por las masas hace inútil la táctica de los centros colonizadores de dividir a los colonizados para mantener su poder. De hecho, la violencia de los colonizados es positiva: “Desintoxica. Libra al colonizado de su complejo de inferioridad, de sus actitudes contemplativas o desesperadas. Lo hace intrépido, lo rehabilita ante sus propios ojos[…]. Eleva al pueblo a la altura del dirigente[…]. Confiere a las masas un gesto voraz por lo concreto” (86-87). Usando la violencia, los colonizados pueden eliminar por completo de su país todo vestigio de las estructuras coloniales. Sólo entonces podrán los colonizados empezar a recrear a su país y a sí mismos.

En la segunda parte de su argumento, Fanon habla más de la violencia. Ahora, el enfoque es cómo usarla mejor. Fanon explica, por un lado, todo lo malo que puede pasar si la violencia no se usa sabiamente. Por otro lado, explica todo lo que se puede lograr con el uso prudente: “el pueblo que lucha, el pueblo que, gracias a la lucha, dispone esta nueva realidad y la conoce, avanza, liberado del colonialismo, advertido por anticipado contra todos los intentos de mixtificación, contra todos los himnos a la nación” (135). O sea, la violencia es un modo de asegurar una toma de conciencia plena del pueblo, la cual permitirá que el pueblo no sea manipulado ni por los ex-colonizadores ni por los nuevos gobernantes de su país.

Fanon prosigue en la tercera parte señalando lo que pasa con frecuencia después de la liberación de una región antes colonizada. Aquí se exponen los métodos con los cuales la burguesía nacional se enriquece al abandonar el desarrollo a largo plazo de su país a favor de ganar inmediatamente lo máximo posible, aunque ello implique mantenerse atado y subyugado a los intereses de los países desarrollados.

En la cuarta parte, se trata del desarrollo de una cultura que ni se mida ni se preocupe por la cultura europea. Esto es importante porque, como el éxito de todos depende de las masas, la cultura internacional depende de la construcción de la cultura de cada nación subdesarrollada: “Lejos de alejarse, pues, de otras naciones, es la liberación nacional la que hace presente a la nación en el escenario de la historia. Es en el corazón de la conciencia nacional donde se eleva y se aviva la conciencia internacional. Y ese doble nacimiento no es, en definitiva, sino el núcleo de toda cultura” (227).

La parte final del argumento de Fanon es, quizás, la más impactante. Se describen aquí algunos pacientes de Fanon que han experimentado trastornos mentales debido al estado de guerra en Argelia. Al incluir esta dimensión, Fanon muestra que, aunque la violencia sea necesaria para la liberación, no se pueden ignorar las consecuencias.

En su conclusión, Fanon exige que sus hermanos —los ex-colonizados— trabajen para mejorar la situación actual del mundo. Como Jean-Paul Sartre dice en el prefacio de la obra, Fanon no escribe para sugerir una manera específica de lograr los cambios anhelados; lo que hace es describir la situación para que todos puedan tomar conciencia y así decidir por sí mismos qué hacer. Cualquiera que sea el método, la meta está clara: “Por Europa, por nosotros mismos y por la humanidad, compañeros, hay que cambiar de piel, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de crear un hombre nuevo” (292).

* Frantz Fanon (1925-1961) nació en la colonia francés de Martinique. Aunque trabajó como médico y psiquiatra, es conocido por sus aportes al campo de los estudios postcoloniales. Escribió varias obras, incluyendo el libro muy influyente Piel negra, máscaras blancas (1952). Los condenados de la tierra, su último libro, fue publicado en el año de su muerte por Jean-Paul Sartre (Poulos).

Para leer “Argelia: los occidentales ante el velo “

Libro en pdf: http://www.matxingunea.org/media/pdf/Fanon_Argelia_Los_occidentales_ante_el_velo_web.pdf

En este texto, el autor defiende que cuando los colonizadores, y más en concreto los occidentales, plantean el «problema» del velo, lo que en realidad están haciendo es atacar uno de los eslabones débiles de la sociedad oprimida, puesto que al plantear ese «problema» bajo un supuesto punto de vista feminista y de liberación de la mujer, esconden lo que en realidad buscan, dividir la sociedad para mejor oprimirla. Pero como explica Frantz Fanon, durante la guerra de liberación de Argelia, las mujeres se quitaron el velo cuando fue necesario para avanzar en la lucha. El ejemplo de las mujeres argelinas debe servirnos de lección en nuestra propia lucha.

Para leer Sociología de una revolución

Libro: http://dc390.4shared.com/doc/BrDpcCU4/preview.html

En este libro, escrito en 1959, se analiza cómo en los países dominados, en mayor o menor medida, rige el principio de que “se es rico porque se es blanco y se es blanco porque se es rico”. Ese orden no sólo es económico, político y militar, sino que conlleva también la colonización del imaginario.

El colonialismo, a través de las universidades, arraiga profundamente en el espíritu del colonizado la idea de que las esencias son eternas. Las esencias occidentales, por supuesto. El colonizado acepta lo bien fundado de estas ideas (en primer lugar el individualismo), y en un repliegue de su conciencia se convierte en centinela encargado de defender el pedestal grecolatino.

El colonialismo, recuerda Fanon, introdujo a martillazos la idea de una sociedad de individuos donde cada cual se encierra en su subjetividad, en el espíritu subterráneo, el egoísmo, la recriminación orgullosa y esa altanería pueril de querer decir siempre la última palabra. Y toda la actividad política que de aquí nace (en la que caben las disertaciones sobre el tema de los derechos) es político-electoral, orientada según la idea de que “cada hombre es un voto”.

Los partidos políticos del orden colonizado, por más nacionalistas y democráticos que se presenten, no insisten jamás en la prueba de la fuerza, porque su objetivo no es la transformación radical del sistema. Pacifistas, legalistas, de hecho partidarias del orden, esas formaciones plantean crudamente a la élite la demanda que les parece esencial: “Dénnos participación en el poder”. El diálogo entre esos partidos y el sistema colonial no se rompe jamás. Se discuten arreglos, representación electoral, libertad de prensa, libertad de asociación y reformas. Pero este sistema no es una máquina de pensar, no es un cuerpo guiado por la razón, sino una violencia organizada, una relación de fuerza que sólo puede inclinarse ante otra fuerza mayor: la fuerza desplegada de todo el pueblo, como lo demostró Vietnam.

Fuentes: Rebelion, La Haine, El Ortiba

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