El Doctor Binner pretende insultar al gobierno llamándolo “autista”, mostrando completo desconocimiento sobre la enfermedad

Los políticos son los primeros que deberían enterarse de que las personas con autismo sienten, interactúan, se comunican, comparten y palpan desde una percepción distinta.


El candidato presidencial del Frente Amplio Progresista (FAP) y gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, se sumó en estos días a una triste lista integrada por otro candidato, Francisco de Narváez, y el titular de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Hugo Biolcati, en la que más allá de utilizar palabras que parecen importantes con el fin de querer descalificar a un gobierno, denotan una profunda ignorancia no sólo del trastorno que denuncian sino además un desprecio sin par por las personas que suponen defender y a las que aluden peyorativamente para salvaguardar su supuesta intención dialoguista.

Para los tres, por citar los casos más recientes, el mejor insulto hacia las autoridades ha sido una palabra pequeña, no prohibida, que pareciera denotar un terrible defecto, y conllevar un significado maldito: “autista”.

El gobierno es autista, Cristina es autista, el Gabinete es autista, y a partir de ahí, se desglosa una catarata de opiniones negativas, descalificativas y tendenciosas que sugieren y directamente interpretan al autismo como un mal intencionado desde el que la persona afectada elige no comunicarse. Pues bien, tratando de salir del plano político, los señores deberían asesorarse al menos un poco, tal vez para pasar menos vergüenza frente a los cientos de padres y familiares de personas con autismo, que en la Argentina reciben ese diagnóstico, y comienzan a transitar un mundo doloroso, lleno de incertidumbre, pero claro, simple y dulce, muy distinto a los discursos oportunistas que poco tienen que ver con la realidad.

Cuando un político, un comunicador, una persona cualquiera dice que alguien es autista a modo de insulto quiere significar que el insultado carece de sentimientos, de formas de expresión, de posibilidades que le permitan distinguir lo que sucede a su alrededor. Este concepto es tan antiguo y nefasto que no sólo da por tierra con todos los descubrimientos de las neurociencias, que indican que el trastorno está vinculado a procesos neurobiológicos, sino que además impide que los que sufren este problema puedan difundir con claridad no sólo lo que representa sino también los caminos que les permitirán realizar tratamientos adecuados, con la consiguiente obtención de derechos, que en muchos casos las obras sociales niegan por más que estén obligadas por el Estado y las leyes a reconocerlos.

Los políticos son los primeros que deberían enterarse de que las personas con autismo sienten, interactúan, se comunican –con o sin lenguaje–, comparten, y palpan desde una percepción distinta –y a veces mucho más aguda–, lo que sucede a diario. Ellos no entienden un chiste porque sólo comprenden la verdad, en forma directa, sin medias tintas, y se rebelan contra un mundo que oculta, que tergiversa y que disfraza hasta los sucesos más sencillos. Así de simple es entender a un autista, y así de complejo es aquel que no sólo no lo entiende sino que además lo usa como un sinónimo perverso.

Ellos, los autistas, podrían dar verdaderas cátedras a estos discursistas de pacotilla sobre lo que habría que hacer en una sociedad para que sea más justa, más verdadera, y para que de alguna forma pelee por sus derechos que sí, nadie oye. También existen clases, cursos y especialistas dispuestos a explicar que no se trata de una epidemia –como ha publicado un medio reciente– ni de personas peligrosas o agresivas.

Es cierto que para nosotros, los “normales”, convivir con el autismo no es fácil, pero sin duda, algunos dirigentes políticos lo hacen más difícil porque con ese tipo de declaraciones confunden a la gente. Las palabras son poderosas y la discriminación tiene mil caras, lo mismo que la exclusión, la negación y la ignorancia.

Pero lo más irritante de todo es que esta nota podría volver a escribirse en cada campaña electoral, como si los candidatos estuvieran no sólo vacíos de ideas sino también de adjetivos fuertes. Lo increíble es que hasta la misma Moria Casán, vedette a quien muchos tildarían de frívola, estuvo tentada esta semana de usar la palabra autista en forma peyorativa, pero algo la hizo corregirse, y seguir adelante con su exposición sin menospreciar a las personas que sufren ese trastorno. Ella lo logró; pero políticos como Binner, De Narváez y Biolcati, todavía no aprenden.<

(*) Gerardo Mazzochi es padre de Mempo, de 8 años, que padece TGD espectro autista.

Fuente: http://tiempo.elargentino.com/notas/otro-mal-diagnostico-del-doctor-binner

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