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El medio ambiente como un espejo

Yo se que esta manera de ver las cosas es muy desacostumbrada
al principio, pero no se debería tomar la familiaridad de una
afirmación como criterio incondicional de que es verdadera. El así
llamado medio ambiente es en realidad un espejo en el cual toda
persona se ve solamente a sí misma. Nunca puede ver otra cosa
que a sí misma porque de la verdadera realidad total, objetiva,
igual para todos los hombres, filtra solamente aquello por lo cual
tiene una afinidad. El que no es consciente de éste hecho, cae
obligatoriamente en formas de comportamiento equivocadas.
Cuando por la mañana me miro al espejo y veo una cara
poco amable, puedo increparla enérgicamente por su poca
amabilidad. Pero la cara en el espejo no se deja impresionar
en absoluto por esto, sino que al mismo tiempo me inculpa
con igual energía. De esta manera es muy fácil realizar una
escalada mutua hasta que le pego a esta cara encarnizada y
destrozo el espejo. Pero nadie jugaría este juego con el espejo
del baño, porque tenemos conciencia de su función de espejo.
Sin embargo, la mayoría de las personas celebran
empecinadamente este juego en su vida diaria. Luchan
contra sus enemigos en su medio ambiente, contra los malos
vecinos y parientes, contra la injusticia de sus jefes, contra la
sociedad y muchas cosas más.
En realidad todos están luchando contra sí mismos, por
esto es que en todas partes tenemos solamente perdedores y
ningún ganador porque ¿contra quién se podría ganar en una
esgrima frente al espejo? Naturalmente la ley de resonancia y
del reflejo en el espejo es válida tanto en lo positivo como en lo
negativo.
Si citamos en nuestras consideraciones casi
exclusivamente ejemplos negativos, es porque el sufrimiento
del hombre nace de ahí. La mayoría, no obstante, se las arregla
bastante bien con las partes positivas de su destino. Si el ser
humano toma conciencia de la función de espejo de su medio
ambiente, surge de allí una fuente insospechada de
información. Por más que en el espejo sólo puede verse siempre
a sí mismo, empero usamos un espejo porque nos puede
mostrar partes de nosotros, que nos resultaría imposible conocer
sin este recurso.
Así es como la observación del propio medio ambiente y de los
acontecimientos con los que nos vemos confrontados, resulta
ser uno de los mejores métodos para el auto-conocimiento,
porque todo lo que nos molesta en el mundo circundante,
demuestra solamente que uno mismo no está reconciliado
todavía con el principio análogo dentro de sí. No le gusta al
hombre admitir esto. Pero el hecho de que alguien se moleste
por la avaricia de otro, muestra con toda seguridad que él
mismo es avaro, de otro modo esto no le podría molestar. Si él
mismo es generoso, ¿qué le importa la avaricia de los otros? El
la podría tomar como un hecho, sin alterarse por ello y sin
sentirse molesto.
Considerando sobriamente las cosas, todas ellas son como
son. El cesped es justamente verde, naturalmente se podría
pensar que fuese rojo, pero es verde, y esto ya tendrá su
sentido. Nadie se molesta por el color verde del cesped, porque
no toca ninguna problemática dentro del hombre. El hecho de
que haya guerra en el mundo es un hecho, tanto como el color
verde del cesped. Pero ahí ya se excitan los ánimos y así se
empieza a luchar por la paz. Se “lucha” por todo: por la paz, la
justicia, la salud, el sentido de humanidad.
Pero sería mucho más sencillo y exitoso crear la paz dentro
de uno mismo. Aquí tenemos otra vez una de las claves más
poderosas para el que sabe usarla. Toda persona es capaz de
cambiar y transformar el mundo entero de acuerdo a su
representación, sin lucha alguna y sin poder exterior. Basta
que el hombre se cambie a sí mismo y he aquí que el mundo
entero cambia con él. Si en el espejo veo la cara poco amable, lo
único que tengo que hacer es sonreír, y con toda seguridad me
sonreirá. Todos quieren cambiar el mundo, pero ninguno usa
los únicos medios que llevan al éxito. Quien cambia su
afinidad, recibe un programa nuevo, ve un mundo distinto.
Cada hombre vive en su “mundo”. Hay tantos de estos
mundos como personas. Todos estos mundos no son más que
segmentos, aspectos del mundo verdadero que se subordina a leyes
férreas y no se deja impresionar por las llamadas de los
hombres para que cambie. El mundo exterior es la fuente más
segura de información sobre la situación propia, en la que uno
justamente se encuentra. Cuando el hombre aprende a
preguntar sobre el verdadero sentido de todo lo que le pasa, se
conocerá cada vez mejor, no solamente a sí mismo y a sus
problemas, sino que también descubrirá las posibilidades de
cambio.
En todo lo que le sucede al hombre, debería preguntarse de
inmediato: “por qué me está pasando precisamente a mí, en
este momento, justamente esto?” Hasta acostumbrarse a plantear
estas preguntas, también puede resultar difícil encontrar las
respuestas. Empero, también aquí el ejercicio hace maestro
y bastante pronto se aprende a reconocer la carga de sentido
de los acontecimientos y a ponerlos en relación consigo mismo.
Hay un concepto en psicopatología que se llama “locura
relacional sensitiva” que describe la particularidad de los
enfermos, generalmente de esquizofrenia, de relacionar de
manera psicótica, todo lo que acontece en el mundo con la
propia persona. Pero hay un polo positivo para este polo
enfermizo de la “locura relacional sensitiva”, al que llamaremos
“pensar relacional sensitivo”. Todo lo que pasa, tiene un
significado para aquél que lo vive.
Cuanto más consciente se vuelve el hombre, tanto más
aprende a catalogar las cosas, a preguntar por su información
inherente. Por eso la exigencia máxima sigue siendo la de
andar en armonía con todo lo que existe. Cuando esto no se
logra, hay que buscar la razón dentro de uno mismo. El
hombre es el microcosmos y por eso es la fiel imagen del
macrocosmos. Todo lo que percibo fuera, lo encuentro también
dentro de mí.
Si dentro de mí estoy en armonía con los distintos dominios
de la realidad, no me pueden molestar sus representantes en el
mundo externo. Si sucede algo desagradable para mí, esto no es
más que una invitación a dirigir mi atención a la zona
correspondiente en mi interior.
Toda la gente mala y los acontecimientos desagradables, en
realidad no son más que mensajeros, son medios para hacer visible
lo invisible. Quien comprende esto y está preparado para cargar la
responsabilidad de su destino, pierde todo miedo ante la casualidad
amenazante.

Thorwald Dethlefsen

(Fragmento de Vida y destino humano)

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