España: Un artista recibe amenazas de muerte por ingerir páginas del Corán durante performance

El navarro Abel Azcona, autor de Eating a Koran, afirma que su obra es un alegato contra la intolerancia religiosa.

Azcona, iconoclasta y transgresor, en el curso de su “performance” Eating a Koran rasga páginas del Noble Corán que luego, con mucho arte, mete en su boca para degustarlas haciendo aspavientos de gran impacto visual e innegable valor estético. Pero en contra de lo afirmado con mala fe por algún medio, el actor en el transcurso de su  actuación no introduce elementos escatológicos ofensivos, ni añade “ruidosos” y socorridos aportes humorísticos de sal gorda, ni finge higienizarse el conjunto de ambas nalgas con fragmentos de los textos sagrados islámicos al final de cada representación.

Este vistoso yantar de suras y aleyas, que según la crítica especializada presenta una notable perfección tanto formal como conceptual, no ha tenido mucho éxito de crítica y público entre los musulmanes, que han mostrado su desagrado injuriando y amenazando de muerte al artista. Argumentan los seguidores del “Profeta” que degustar un Corán como si fuera una singular pitanza o las birrias experimentales de Arzak y Arguiñano es sacrílego, y añaden: “Sura que entra por la boca…sale por el conducto reglamentario” y , por supuesto, eso no es halal*. Pero Azcona responde a las desabridas críticas que genera su “deconstrucción” del Corán reafirmando su compromiso con el arte comprometido: “Creo en la libertad de expresión, la provocación y la libertad artística, y seguramente seguiré haciéndolo hoy, mañana y siempre; también creo en el arte como herramienta crítica y para crear debate sobre la política de identidad”. Las amenazas aclaran mi camino, y sé que estoy en lo correcto“.

Azcona se zampa un Corán sin aliños ante un entregado público…y por mucho menos el cineasta holandés Teo Van Gogh murió apuñalado a manos de un marroquí. También en suelo europeo, un espacio de libertad donde avanza el fanatismo musulmán,los caricaturistas Kurt Westergaard y Lars Vilks viven bajo la continua amenaza debido a sus chanzas relativas a la persona de Mahoma; sobre los escritores Salman Rushdie y Taslima Nasrim se han dictado fatuas que les condenan a muerte; Ayaan Hirsi, diputada holandesa de origen somalí, ha sido declarada apóstata en busca y captura por los imanes de medio mundo… y los compadres de la revista satírica francesa Charlie Hebdo, por sus sugestivas caricaturas del Mensajero de Alá, siguen recibiendo los recurrentes esputos, maldiciones, dicterios y artefactos explosivos de los mahometanos que no han entendido que “el islam es una religión de mucha paz”.

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