Hablar de la represión en el Borda y de la ley de educación sexual parece que todavía no está permitido

Soy Profesora de Historia por la UBA recibida con promedio 9. Actualmente estoy becada por la Universidad Di Tella y curso una Maestría en Historia, soy Adscripta de una materia en la Facultad de Filosofía y Letras y me desempeño como docente de Media desde el 2010.

El viernes 17 de mayo del 2013 concurrí como todos los días a mi lugar de trabajo, el Instituto Guardia de Honor del Santísimo Rosario (A-0345) ubicado en el barrio de Flores (en la intersección de las calles Lautaro y Primera Junta), donde me desempeñaba como profesora suplente de Historia y Educación Cívica, cuando la Directora de la Institución me convocó a reunirme con ella en vez de entrar a dar la clase que me correspondía.

Con UNA carpeta de Educación Cívica de una alumna de 2º Bachiller que había revisado, la Rectora consideró que le bastaba para acceder a información suficiente para evaluar mi labor pedagógica y docente, sin haber revisado OTRAS carpetas, de OTROS alumnos, de OTROS años y de OTRAS materias y sin haber ido a observar mi desempeño en ninguna clase. A partir de allí, y a puertas cerradas, la docente consideró que:

a) Hacer cuadros sinópticos en el pizarrón no era una forma correcta de explicar ya que los alumnos “no entendían nada”.

b) Que yo “saltaba de un tema a otro sin terminar de explicarlo y sin seguir el programa de la materia correctamente”.

c) Qué para charlar en el aula acerca del Día de la Memoria “no era necesario” explicarle a los alumnos los Golpes de Estado precedentes a 1976 ni la proscripción del peronismo ya que“nada tenían que ver con lo que se conmemoraba el 24 de marzo”.

d) Qué hablar del PODER LEGAL RACIONAL (desplegado por el Estado y su división de poderes) frente a el PODER FÁCTICO-REAL no era pertinente. No estaba de acuerdo con entender a la Iglesia, ni a los Medios de Comunicación, ni a los Poderes Económicos ni a las Fuerzas Armadas (participantes del poder legal, pero que al momento de desobedecer y levantarse ante su Comandante en Jefe pasan a formar parte del PODER FÁCTICO) fuese necesario para el aprendizaje de los alumnos.

e) Que hablar de los Medios de Comunicación PÚBLICOS como expresión informativa y cultural del gobierno de turno y de los Medios de Comunicación PRIVADOS como determinados por Grupos Económicos no estaba “bien” conceptualmente. Deslizó que es por gente que piensa como yo que a “Canal 7 no lo ve nadie”. Así mismo tampoco estuvo de acuerdo con la conceptualización teórica de los Medios de Comunicación como “el Cuarto Poder” en Democracia.

e) Tampoco consideraba que hablar de la LEY DE EDUCACIÓN SEXUAL sancionada por el PODER LEGAL RACIONAL frente a la negativa de un PODER FÁCTICO COMO EL DE LA IGLESIA CATÓLICA fuese correcto. Se me llamó la atención asimismo por decirle a los estudiantes que el Estado Nacional entregaba PRESERVATIVOS GRATIS en los HOSPITALES PÚBLICOS.

f) Cuestionó la caracterización del Estado como una institución que “monopoliza la violencia legítima” (concepto weberiano) y cuestionó que hable de las Fuerzas Armadas y de la Policía como Fuerzas Represivas.

g) Estuvo en desacuerdo también con que en la clase de Educación Cívica se charlara, por iniciativa de los alumnos, acerca de la represión de la Policía Metropolitana en el Hospital Borda. Consideró que hablar de ese tema y llamar la atención sobre la represión era “bajar linea ideológica” y que yo no debía correrme de los “contenidos programáticos de la materia”.

h) Cuestionó que yo no le corrigiese a los alumnos las FALTAS DE ORTOGRAFÍA a la hora de visar las carpetas de clase.

i) Consideró que yo “no corregía debidamente las evaluaciones”.

j) Sostuvo que la cuestión de mi filiación ideológica “seguramente saltaría en la reunión de padres” que tendría al entregar los boletines del primer trimestre y que el establecimiento por mi culpa recibiría“cuestionamientos por los temas tratados”.

k) Concluyó que yo “politizaba” la materia y que al tratar ciertos temas (que se presentaban ante preguntas de los alumnos) estaba expresando una linea ideológica que no debería expresar en clase. Que mis opiniones personales acerca de los temas a tratar debían quedar cercenadas al ámbito individual y que no era una materia “para debatir” con alumnos de 2º año que “no tenían cocimientos” sino que debía “enseñarse los contenidos y ya”. Y que si se hablaba algo extra programático, ésto no debía quedar ilustrado en la carpeta de los estudiantes.

l) Me acusó de “no ser OBJETIVA”, a lo que respondí que claramente no lo era, que nadie podía serlo. La Rectora sin embargo sostuvo que era posible la OBJETIVIDAD e ilustró esto sosteniendo que ella dio clases durante la dictadura militar y que si no hubiese dado clases objetivamente no estaría acá hoy.

m) Sostuvo que solo podía seguir en las materias si acataba sus directivas, no politizaba a los chicos ni a la materia y daba clases “objetivamente”. Sostuve que eso que pedía era un imposible y me negué, sosteniendo además que ella no puede imponerse sobre la forma de dar clases de un profesor porque para algo tengo un título que me avala.

n) Me hizo firmar un Acta sosteniendo que nos habíamos reunido y que teníamos “diferencias programáticas y pedagógicas irreconciliables” pero no me dio copia del Acta.

o) Me informó que a partir del lunes no fuese más a trabajar.

p) Además, me “aconsejó” que cambiara mi forma de dar clases porque sino “nunca podría ser parte del sistema educativo”.

q) Sostuvo, además, que los chicos “tenían un trimestre perdido” porque conmigo “no habían aprendido nada”.

r) Jamás me llegó el telegrama de despido, por lo que el Lunes 20 de Mayo me presenté a trabajar. El establecimiento se encontraba sin luz. Les pedí que me diesen copia del Acta que me hicieron firmar. Uno de los directivos dijo que si, pero otro se negó, sosteniendo que era un documento de uso interno de la escuela. Al insistir con que tenía derecho a tener una copia de lo que firmé, volvieron a negarse. Cuando pregunté por el telegrama de despido, sostuvieron primero que como era suplente no correspondía. Luego, que ellos no me habían despedido, sino que habían hecho una “apreciación” sobre mi trabajo que yo no acepté, por lo cual la que había decidido irme fui yo, y que en el Acta se sostenía que yo “abandonaba las horas”. Insistí en que eso no fue lo charlado en la reunión y que ellas sostuvieron que si yo no cambiaba diametralmente mi forma de enseñar me dijeron que no podía seguir en el establecimiento. Sostuvieron que si, pero que eso no implicaba echarme.

s) Me hicieron pasar nuevamente al despacho y a puertas cerradas sostuvieron que era yo la que no me adaptaba a las cuestiones programáticas de la currícula. Les dije que esto no era cierto, que estaban todos los contenidos programáticos: Poder, Estado, Sociabilización, Medios de Comunicación. Sostuvieron que no. Volví a insistir que si, que era lo que estaba en las carpetas. Sostuvieron que el problema era que yo no me adecuaba a los valores del establecimiento. Sostuve que la Ley de Educación Sexual era una ley democrática nacional; contestaron que ellos tenían un programa diferente por ser una escuela Católica y que no permitían hablar de una ley con la cual no estaban de acuerdo, que ellos en la currícula tenían “Educación para el amor”. Nuevamente sostuvieron que hablar de los medios de comunicación como formadores de opinión era “demasiado elevado” y más propio de la “currícula del Colegio Nacional, no de sus chicos”, subestimando a sus propios alumnos. Volvieron a sostener que Educación Cívica debía darse de forma a-política. Les dije que eso iba contra los programas del Ministerio de Educación; sostuvieron que ellos se referían a que había que ser “a-partidario”. Les dije que hablar de la represión en el Borda, de que los medios de comunicación forman opiniones y de la Ley de Educación Sexual no era algo partidario, sostuvieron que si. Les volví a indicar que a partir de una carpeta no se puede evaluar el desempeño docente de nadie, y sostuvieron que si, que en una carpeta “se ve todo”.

t) Me instaron a que presente mi renuncia o me presente a trabajar normalmente a partir de las directivas que establece el establecimiento. Sostuve que después de la reunión del viernes cuando se opusieron a cada tema que trabajé, a mi forma de enseñar y al invitarme a dejar las horas, era claro que me estaban sacando del establecimiento. Ellas sostuvieron que no. Terminé abandonando el establecimiento sin el Acta que me instaron a firmar ni la promesa de un telegrama aclarando mi situación. Se ocuparon de volver a remarcar que yo daba “mal” los conceptos y que a ellas “no les gustaba ni avalaban” mi forma de dar clases y que para continuar “debía cambiar totalmente”.

La Rectora no solo me dejó sin mi máximo sustento económico (tenía 18 horas cátedra en el Instituto y la promesa de una suplencia por un año) sino que, a partir de la CARPETA de UN ALUMNO y sin haberme ido a OBSERVAR NUNCA en mi labor docente, cuestionó TODAS LAS ÁREAS de mi desempeño como profesora (programáticas, pedagógicas, ideológicas, de corrección, conceptual, éticas, etc) obligándome a dejar el cargo. Considero que además de generarme daño económico y profesional, se me generó también daño psicológico emocional al cuestionar absolutamente todas mis capacidades como profesional. Denuncio también que hay una discriminación ideológica del personal jerárquico del establecimiento hacia mi persona y una negativa expresa a que los alumnos se informen de aspectos que hacen a la vida democrática de nuestro país.

Considero que estas cuestiones son difíciles de probar porque es mi palabra contra la de ellos, pero apelo a la honestidad intelectual de los directivos ya que vertí en esta carta todos los aspectos que se discutieron en las dos reuniones.

Esta nota no es más que un breve pataleo, ya que no tengo ningún tipo de pruebas escritas para demostrar el maltrato psicológico y profesional al que me sometió la Directora Viviana Aonzo. No estoy en condiciones psicológicas ni emocionales para iniciar una batalla silenciosa en la institución, como me aconseja el sindicato (básicamente seguir yendo y seguir haciendo lo que me parezca, soportar los planteos y humillaciones de este directivo, hasta que tengan que echarme) pero tampoco quiero que la situación quede como una mera anécdota personal. Por suerte soy de la generación nacida en democracia y algo tan tonto como esto me hace hervir la sangre. Nosotros, los nacidos libres, claramente no tenemos ni la menor idea de lo que fue vivir otros tiempos, por suerte. Y nos indignamos por estas pavadas.

Todavía nos falta mucho camino por recorrer, y podemos decir que, al contrario de lo que dice Betty Sarlo, no ganamos ninguna batalla cultural, mas bien todo lo contrario.

Les agradezco por leer y difundir. Y si alguno sabe de alguna posibilidad de trabajo (ya que me quedé sin mi principal entrada) les agradeceré.

La lucha sigue y se que somos más de este lado. Pero considero que denunciar estas cuestiones también es defender la democracia.

Ailén Pagnoni

Dni: 32954801

Prof. Historia (UBA)

Mail: ailenpagnoni@hotmail.com

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