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La derrota política de la derecha venezolana

Después de más de 60 días con hechos de violencia, después de más de 60 muertos, la derecha venezolana está recibiendo una formidable derrota política.

Por Guillermo Cieza para Marcha

Algunos datos contundentes

Ayer el “plantón” convocado por la MUD en quince puntos de Caracas fue un estruendoso fracaso. Juntaron a menos de cien personas en cada punto.

Una encuesta realizada por el partido Adeco (que es parte de la MUD) sobre si es cierta la acusación que hace el gobierno chavista de que las propuestas opositoras están protagonizadas por terroristas, les dio el resultado que más del 70% de los venezolanos los considera con ese calificativo.

La policía municipal de Lechería, un distrito gobernado por un opositor, tiroteó ayer a un grupo de guarimberos, provocando dos heridos.

Las protestas de la oposición política venezolana siempre han sido más violentas que masivas, medidas en el tiempo puede observarse cómo ese rasgo se agudiza.

La mayor movilización opositora que se recuerde fue la del 11 de abril de 2002, previa al golpe de Estado. Derrotado el golpe la masividad de las movilizaciones menguo, y puede asegurarse que desde que asumió Maduro hasta el 1 de setiembre de 2016, ninguna movilización de la oposición superó las diez mil personas. En la fecha mencionada hubo un fuerte salto en el número de participantes y una disputa mediática por las cifras donde, tanto la oposición como el gobierno, inflaron los números. Las dos partes comentaron que habían movilizado un millón de personas. Estaba en Caracas ese día y estimábamos con otros compas que la movilización de la MUD era de treinta mil personas, cincuenta mil como mucho. La del chavismo, que llenó la Avenida Bolívar era de cien mil personas, ciento cincuenta mil, como la cifra más optimista. Mas allá de estas estimaciones, que también pueden ser discutibles, me parece  fuera de discusión  que después de abortado el golpe de Estado de 2002, las  movilizaciones del chavismo han duplicado y triplicado a las concentraciones de la oposición.

También es evidente que después del 1 de setiembre de 2016, la oposición ha reducido su nivel de movilización  y como sucedió con las guarimbas (hechos callejeros violentos, barricadas) de 2014, el número de participantes decrece inversamente al aumento de la violencia. Y esto no ocurre porque sean pocas las personas que estén en desacuerdo con el gobierno (un 40% de la población),  que apoyarían un quiebre de la legalidad institucional desalojando a Maduro (un 20%), o que apoyarían incluso una intervención extranjera (un 10%). Esto ocurre porque la oposición venezolana ha sido secuestrada por sus sectores mas fascistas encarnado en los partidos Voluntad Popular (López, Tintori, Guevara) y Primero Justicia (Borges, Capriles) que han impuesto su sello a las movilizaciones y guarimbas. El enojo de la mayoría de los opositores con el gobierno no es suficiente para participar en  movilizaciones o guarimbas, donde deben  compartir espacios con grupos de choque que utilizan morteros lanzagranadas, molotov y armas de fuego;  con bandas de delincuentes que a veces no distinguen los objetivos de su rapiña, y estar acompañados por el apoyo de francotiradores. Es un hecho objetivo que buena parte de los muertos ocurridos en los últimos días (y sucedió lo mismo en las guarimbas de 2014) se produjeron por hechos producidos en el seno mismo de las movilizaciones opositoras. Hubo allí morteros caseros que explotaron, ajustes de cuentas,  manifestantes asesinados por armas de fuego a corta distancia,  errores de puntería, etc.

Los grupos paramilitares de inspiración uribista que desde hace tiempo han venido infiltrándose desde la frontera colombiana y asociándose a las bandas de delincuentes como la del Picure, tampoco alientan la participación en movilizaciones pacíficas de oposición.


El debilitamiento político de las manifestaciones de la  oposición expresan también su desgaste al no haber poder cumplir ninguno de los objetivos: no tumbaron a Maduro, ni quebraron al chavismo, no pudieron extenderse a los barrios populares, no pudieron ganarse las simpatías de la mayoría de la población, ni pudieron generar las condiciones para una intervención externa.


La derrota externa

Quienes hemos caracterizado que la ofensiva derechista en Venezuela está íntimamente ligada y es promovida por la política de Estados Unidos, estamos obligados a considerar en nuestros diagnósticos qué está pasando con las políticas de aislamiento contra Venezuela.

En esa dirección hay que apuntar el nuevo fracaso en la reunión de cancilleres y delegaciones en la OEA el 31 de mayo de sacar una declaración contra el gobierno de Venezuela. La razón es simple, al Secretario Almagro, convertido en una ariete de la política norteamericana no le basta el apoyo decidido de las delegaciones de Argentina, Brasil, Méjico, Panamá, Chile, etc. Carece de los votos suficientes para sacar una declaración contra Venezuela porque se oponen  Bolivia, Ecuador, El Salvador, Nicaragua y los diez países del Caribe. Esos votos en contra de Almagro y Estados Unidos y a favor de Venezuela, se han convertido en una traba ineludible para cualquier ofensiva diplomática.

En el  ámbito de las Naciones Unidas, al imperio le va mucho peor. En el Consejo de Seguridad de Las Naciones Unidas, cualquier votación adversa es vetada por China y Rusia. En la Asamblea de las Naciones Unidas, Venezuela es uno de los países con más apoyo y frecuentemente es nombrado para distintas responsabilidades con votaciones masivas (fue elegida como integrante de la Comisión de Derechos Humanos, como país miembro no permanentes del Consejo de Seguridad y mas recientemente como Presidente de la Comisión de Descolonización).

Finalmente agregaría que las decisiones políticas y algunas torpezas cometidas por el gobierno de Trump le han provocado conflictos internos y externos, complejizando las relaciones de los países de América Latina con el Imperio. En los últimos meses hemos advertido la peregrinación de varios gobernantes (Macri entre ellos) a Beijing buscando inversiones de capital.  El gobierno bolivariano les lleva unos cuantos años de ventaja en la política de estrechar vínculos comerciales con la nueva potencia económica hegemónica, hay fuertes inversiones chinas en petróleo y minería en Venezuela, por lo que podría suceder que a los gobiernos mas furiosamente antichavistas de la región los nuevos acuerdos económicos, les generen nuevos compromisos políticos, obligándolos a atenuar su agresividad contra el proceso bolivariano.

El apoyo externo a la derecha venezolana continúa en dinero, armas y apoyo mediático. Hay grupos petroleros como la Exón Mobil directamente involucrados en las políticas de desestabilización del gobierno venezolano. Pero por ahora no parecen ser suficiente, para revertir la derrota política interna.

Para concluir el diagnóstico sobre el factor externo debe considerar siempre la “imprevisibilidad de Trump”. En la coyuntura habrá que estar atento a las maniobras navales que  el Comando Sur llevara adelante cerca de las costas venezolanas entre el 6 y el 19 de junio, con acompañamiento de Francia, México, Canadá y países del Caribe.

Quienes no han dimensionado al enemigo al que se enfrenta el proceso bolivariano, ni la violencia de los grupos de derecha, a los que la propia población caracteriza mayoritariamente como terroristas, pierden la perspectiva para evaluar la respuesta de las fuerzas de seguridad y la actitud que están asumiendo las organizaciones chavistas de base que ejercen control territorial en algunos barrios populares. Para dar una muestra de realidad de la opinión de estos últimos, publico a continuación un comunicado de los colectivos chavistas del barrio 23 de enero de Caracas, fechado a fines de mayo de 2017.

¡Combate al terrorismo!

Los gloriosos vecinos de nuestra aguerrida parroquia 23 de enero declaramos el combate a cualquier expresión de guarimba, saboteo, ataque o acción conspirativa de la derecha terrorista, nuestras salas populares de contrainteligencia tienen identificados a todos los escuálidos y sus elementos de células armadas del hampa que están dentro de los planes terrorista, sabemos quiénes son y dónde viven, qué poseen y con qué cuentan, serán neutralizados en segundos si se atreven a tratar de enlutar y sumir nuestra parroquia en caos y muerte como ya lo vienen haciendo en zonas burguesas como el Paraíso y Altamira donde han asesinado jóvenes y trabajadores, han saqueado, quemado y destruido todo condenando a los vecinos  vivir sin comida, sin transporte, trabajo y estudios, pues en el 23 de enero encontrarán la tumba a su fascismo (…) si usted es un escuálido arrastrado, que se cree rico, vaya y queme el Country Club, jódale la tranquilidad a los ricos, a nosotros no nos van a sabotear nuestro partido de béisbol, fútbol, nuestro derecho a compartir en comunidad un domino, un sancocho, una parrilla, jugar nuestro caballito y hasta tomarnos una fría y mucho menos aceptaremos que nos dañen un estadio, cancha, módulo médico, escuela, sede comunal, nada, cosas que tanto esfuerzo nos ha costado construir, y si aún así el escuálido se come la luz y tenemos que tocarle la puerta a estos conspiradores fascistas, no dudaremos un segundo en hacerlo porque primero están los derechos de la gente que trabaja y estudia, que sale a luchar todos los días por encima de intereses individuales  de unos pocos terroristas que están vendidos a los intereses del imperio y de la oposición asesina y burguesa”.

Los integrantes de la Guardia Nacional que han sido agredidos, insultados, que tienen mas de cuatrocientos heridos, a los que se les echó nafta en Lara, para después prenderlos fuegos con molotov, y que además tienen algunos miembros procesados” por uso excesivo de la fuerza pública”, no escriben comunicados, pero seguramente expresan parecidos sentimientos a los de los vecinos del barrio 23 de Enero.

Contrariamente a lo que han sostenido algunos despistados (para calificarlos amablemente) intelectuales, el problema en Venezuela no es la represión que ejerce el gobierno de Maduro.  Por el contrario, hay un importante sector del pueblo chavista, miembros de la Guardia Nacional y del Ejército que han caracterizado como una muestra de debilidad  la decisión del gobierno chavista de enfrentar con gases lacrimógenos a quienes los combatían con morteros, molotov y armas de fuego.

En Venezuela desde siempre el pueblo tiene armas en su casa y hay una cultura de ejercer justicia por mano propia bastante extendida en las zonas campesinas y barrios populares. Lo que expresan los vecinos del 23 de Enero, no es pura amenaza.

En los últimos meses Venezuela ha estado expuesta a la posibilidad de un baño de sangre protagonizado por un sector del Ejército, con el acompañamiento del propio pueblo chavista.

Antecedentes históricos no faltan. Los negros y mulatos acaudillados por Boves eliminaron en 1814 a más del 80% de los integrantes de la clase blanca mantuana terrateniente.

La Constituyente fue convocada cuando la cuenta regresiva de esa decisión trágica se había iniciado, y fue una decisión lúcida no solo por el ahorro de vidas humanas, sino porque ese baño de sangre era lo que el Imperio estaba esperando para avanzar con la intervención armada.

La oportunidad de la Constituyente

La Constituyente ha sido una medida muy oportuna para sortear un momento muy agudo de la crisis donde cometer una equivocación podría haber sido fatal, pero  también se convierte en una magnifica oportunidad política. 

En la revolución bolivariana no faltan errores, ni defectos. Ha sido el pueblo el que desde hace 17 años ha sostenido el proceso revolucionario y el que enfrenta cotidianamente los desvíos políticos, la corrupción y la burocracia.

La constituyente  puede ser una gran oportunidad para que el pueblo chavista y en particular esa porción del pueblo que se ha retirado de la política, retome el protagonismo indispensable para avanzar en la transición hacia el socialismo.

*Por Guillermo Cieza.

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