“La lepra sigue sobreviviendo porque no importa erradicarla sólo esconderla”

Las imágenes de los leprosos no pueden producir menos que asco en quienes las vean por más compasivos que sean, por algo la palabra tiene tantas acepciones sociales que remiten a la marginalidad.

Contrario a lo que se creía es una enfermedad de no fácil contagio (de los individuos expuestos a Mycobacterium leprae, un 95 por ciento de ellos no desarrollan la enfermedad, debido a que su sistema inmunitario combate la infección), y que en la actualidad tiene cura (aunque el tratamiento es prolongado y depende de los distintos tipos de lepra). Sin embargo debido a los trastornos corporales que sufre el enfermo (manchas,  mutilaciones, etc.) siguen hoy en día siendo mayormente marginados y muchas veces incomprendidos, en la antigüedad no se sabía que era; en la actualidad muchos se niegan a aceptar que todavía existe. Y, es difícil que una enfermedad de la que tenemos data desde milenios antes  de Cristo como lo muestra claramente el Antiguo Testamento  no haya sido erradicada hoy en una época  en que la ciencia nos permite cosas increíbles. Pero claro, la ciencia le dio una solución es curable entonces ¿por qué sigue siendo une enfermedad endémica en India, Brasil, Nepal y demás países “subdesarrollados” (y más que nada de climas calurosos)?

La lepra es una enfermedad infecciosa crónica causada por Mycobacterium leprae, un bacilo acidorresistente. Además de algunas otras partes del cuerpo, la enfermedad afecta principalmente la piel, los nervios periféricos, la mucosa de las vías respiratorias altas y los ojos. Si no se trata, la lepra puede causar lesiones progresivas y permanentes en la piel, los nervios, las extremidades y los ojos. El diagnóstico precoz y el tratamiento multimedicamentoso son los elementos fundamentales para que la enfermedad deje de “ser un problema de salud pública”.

El contagio se da principalmente en lugares hacinados, pobres, calurosos, desprovistos de una cuidada higiene, de baños. Sólo a costa de ambientes así puede desarrollarse esta enfermedad. Y parece que sólo a costa de que haya ambientes así, puede haber otros donde predomina lo “limpio, lo elegante, lo lindo”; sin embargo éstos se tienen que cuidar bien de que no se les infiltren “los otros lugares sucios y miserables”.

Desde tiempos bíblicos los leprosos fueron marginados por lo horrible de su aspecto y el temor a su infección  aunque como se sabe ahora no es una enfermedad muy contagiosa. Había islas donde se los expulsaba alrededor de todo el mundo en todas épocas, recordemos que es una enfermedad que se la asocia con el mismo nacimiento de la humanidad. En la Argentina en 1924 el Presidente Marcelo T. de Alvear dispuso la creación de una Colonia Regional de Leprosos, destinada a atender los enfermos de las provincias de Formosa, Corrientes y el Chaco en la Isla del Cerrito ubicada en la provincia de Chaco. De esta isla Rodolfo Walsh nos hace una descripción en su artículo periodístico “La Isla de los Resucitados”[1], más que recomendable y donde justamente habla del carácter marginal de esta enfermedad y del carácter de los marginados que contraen esta enfermedad.

La lepra sigue sobreviviendo porque no importa erradicarla sólo esconderla, más allá de que existan los medios para combatirla. Como los expulsaban a las islas, ahora también los expulsan del mundo “real”, un reflejo de como se esconde lo no estético aunque sea un producto del mismo sistema. Cuando se promocionan las playas del Caribe americano, no se muestra que allí la lepra está latente, tampoco que la mayoría de esos países tienen los índices más altos de analfabetismo. Importa el vivir ahora, pero en el ahora en el 2012 la lepra sigue siendo endémica, mucha gente sufre de las mutilaciones producto de esta infección, pero ese ahora no es el ahora que importa; importa el ahora de Apple. Seguramente que la tecnología es un progreso para la humanidad nadie niega su importancia, nadie niega el derecho al entretenimiento, pero a mucha gente se le niega todo eso, se le niega hasta el derecho a una salud pública competente; y se los esconde.

Esto no es nada nuevo, la lepra no es nada nuevo; justamente es una enfermedad que se sigue reproduciendo al unísono que se reproducen las desigualdades y ambas se siguen escondiendo. Sin embargo hay momentos en que la realidad, la linda pero también la fea se nos muestra y tenemos invariablemente que aceptar que los avances de la humanidad entera están reservados a una porción de ella. “Un paso de un hombre, un gran paso para la humanidad” dijo Armstrong al pisar la luna, la historia nos demuestra lo contrario a cada paso de la humanidad se lo quedan sólo unos pocos hombres.

María Eugenia Bobadilla


[1] Walsh, Rodolfo. “La isla de los resucitados” en El violento oficio de escribir. 2010. p.186.

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