“La Nación” contra la enseñanza crítica de economía

El diario “La Nación” y la enseñanza de Economía

Con el título de “El oscurantismo K”, La Nación acaba de publicar un editorial dedicado a criticar la propuesta -del ministro de Economía, Amado Boudou; del viceministro Robert Feletti y de agrupaciones estudiantiles kirchneristas- de incorporar la enseñanza de Keynes y Marx en los planes de estudio en las facultades de Ciencias Económicas (La Nación, 21/10/11). En esta nota analizo los argumentos presentados por el diario, para luego sacar algunas conclusiones.

Los argumentos

La editorial comienza planteando que las propuestas de Boudou, Feletti y las agrupaciones estudiantiles K “nos retrotraen a viejas épocas que creíamos superadas”, en las cuales “determinados libros y autores estaban lisa y llanamente prohibidos en los distintos niveles educativos”; señala por eso que están destinadas a “la utopía de generar un mensaje único”. Apunta que lo que propone Boudou va en contra de lo que él mismo gozó en la institución en la que estudió, CEMA, donde “no cabe dudas de que tuvo la oportunidad de estudiar un amplio arco de pensadores económicos”. También señala que en las agrupaciones estudiantiles K “se ha dejado trascender el deseo de que el estudio de las teorías clásicas se limite a Karl Marx y a John Keynes”, para dejar de lado a los exponentes de las corrientes liberales (von Mieses, Hayek o Friedman). Lo cual, añade, es un indudable “resabio de autoritarismo”, “propio de prácticas fascistas”, que sólo generará “pauperización intelectual”. En definitiva, todo esto obedecería al interés de convertir a las universidades argentinas en “agentes propagandísticos”; de imponerse este proyecto de reforma, añade, sólo es de esperar “tiempos de oscurantismo y proyectos hegemónicos”.

Ocultamiento y mentira

Comencemos señalando que el reclamo por la modificación de los planes de estudio de Economía es de larga data e involucra a sectores mucho más amplios que el comprendido por los funcionarios, economistas y estudiantes partidarios del gobierno. Cualquiera que tenga un conocimiento siquiera superficial de lo que sucede en las facultades de Economía, sabe que son muchas las agrupaciones estudiantiles y docentes, que desde hace años están pidiendo cambios. Incluso en los últimos años han tomado cada vez más envergadura las Jornadas de Economía Crítica, que reúnen a cientos de estudiantes y docentes, en las cuales se presentan docenas de trabajos de investigación, realizados desde enfoques no neoclásicos. La Nación oculta deliberadamente este dato a sus lectores, para reducir el pedido a una aspiración K.

En segundo lugar, el diario de los Mitre falta a la verdad cuando dice que lo que se busca es limitar el estudio de las teorías clásicas a Karl Marx y John Keynes. Hasta donde alcanza mi conocimiento, todas las propuestas lo único que piden es que se incorporen a estos autores, y otros heterodoxos, a los programas de estudio. O, en todo caso, que se abra la posibilidad de que haya cátedras en que se presente a los alumnos estos enfoques. Nadie dice que no se enseñe a Friedman, o Hayek. Si se trata de economistas que han sido pilares de la ideología dominante contemporánea, no hay que dejar de leerlos (esto les puede parecer extraño a los neoclásicos y otros reaccionarios; he conocido a muchos que rechazan a Marx, pero nunca lo estudiaron). Lo que se está pidiendo es que se dé a los estudiantes la oportunidad de comparar teorías, para que cada uno tenga la oportunidad de hacerse su propio juicio. ¿A esto le llama La Nación “proyecto oscurantista y autoritario”?

En tercer lugar, el editorial de marras sostiene que en CEMA, y en general en las facultades de Economía, los alumnos tienen oportunidad de estudiar un amplio abanico de pensadores, y que de esta manera se fomenta el espíritu crítico. Pues bien, nada más alejado de la verdad. Un estudiante que se forma en CEMA, y en muchas otras facultades de Economía, puede transcurrir toda su carrera no sólo sin haber leído a Marx, sino tampoco a Keynes o Kalecki, para mencionar sólo a dos de los economistas que más influyeron en el siglo XX. De manera autoritaria, en muchísimas facultades se ha establecido que lo que pudieron haber dicho estos economistas, u otros heterodoxos, no vale la pena de ser estudiado. Subrayo: ni siquiera se brinda al estudiante la posibilidad de decidir qué es lo que le convence. Presento algunos ejemplo, muy sencillos, que cualquier alumno o egresado podrá reconocer.

Tomemos el caso del salario. En el curso normal de micro se explica que el salario es igual a la productividad marginal del trabajo, como si fuera una verdad sin discusión. En ningún momento se brinda al estudiante la oportunidad de comparar esta tesis con la que dice que el salario es el pago de la fuerza de trabajo, y que por lo tanto se relaciona con la canasta de bienes de subsistencia. Tampoco se le estimula a comprobar si los salarios, en el mundo real, se abonan según la productividad marginal; los estudios que ponen en cuestión la tesis, ni siquiera se mencionan. Asimismo, jamás se problematizan los supuestos subyacentes; por ejemplo, que no debe haber rendimientos crecientes a escala, porque de lo contrario la tesis es lógicamente incoherente. Es la forma de hacer pasar la idea de “salarios = productividad marginal del trabajo”.

Veamos ahora la teoría neoclásica del capital. Cualquier persona que tenga una cultura media en economía, sabe que esta teoría fue criticada en sus fundamentos por los llamados keynesianos de Cambridge (ver Dificultades). Al día de hoy estas críticas no han podido ser respondidas. Sin embargo, en los cursos de microeconomía dominados por los neoclásicos no se menciona la crítica. Solo en algunos cursos de crecimiento (y con suerte) los estudiantes recibirán alguna información sobre el asunto. Los que ven micro y macro en las carreras de Administración, y similares, ni siquiera tendrán el olor de la crítica. He conocido docentes de micro que me pedían que, por favor, no enseñara la crítica de Cambridge porque “se me arma lío en la clase”. Por eso, esta polémica se ha barrido debajo de la alfombra, y así se mantiene hasta hoy. Joan Robinson hace más de medio siglo decía que los estudiantes se recibían de economistas sin haberse cuestionado nunca en qué se mide el capital. No hay motivos para cambiar el diagnóstico, por lo menos en lo que respecta a una enorme cantidad de facultades, entre ellas el CEMA.

Pongo ahora el ejemplo de Keynes. A pesar de que se habla a cada rato de economía keynesiana, la mayoría de los estudiantes no conoce la Teoría General, sino lo que los manuales de macroeconomía dicen que dijo Keynes en ese libro. ¿Y qué dicen los manuales? Pues que la Teoría General está resumida en el modelo IS-LM, elaborado por John Hicks. Sin embargo, una importante corriente, conformada por los economistas poskeynesianos, sostiene que el contenido de la Teoría General no está reflejado en el modelo IS-LM, y que es necesario volver al libro de Keynes. Pero esta corriente nunca se presenta. También se oculta que el propio Hicks ha reconocido, en los años 80, que el IS-LM no representa el verdadero pensamiento de Keynes.

Doy ahora un último ejemplo, aunque podría citar decenas. En los cursos de macroeconomía se presenta la teoría de la paridad de intereses descubierta (en ausencia de riesgo, los rendimientos de los depósitos en diferentes países, medidos en una misma moneda, deben igualarse), como si fuera la cosa más normal del mundo. Jamás se dice que esta idea ha sido criticada por muchos autores (kaleckianos, poskeynesianos, marxistas) y apenas se menciona que tampoco se comprueba en la práctica. Los propios neoclásicos reconocen que esto es así, pero eso queda para papers, porque en los manuales el asunto pasa desapercibido.

En definitiva, no hay ningún afán de abrir las cabezas al pensamiento crítico en las carreras dominadas por los neoclásicos. Es el pensamiento único, llevado al extremo. Personalmente, pienso que el objetivo es ocultar las relaciones sociales subyacentes, que están en el origen de las crecientes desigualdades sociales, de las crisis recurrentes, o la desocupación; fenómenos todos que acompañan a la historia del sistema capitalista. Lo importante, sin embargo, es que ni siquiera se quiere dar la oportunidad de que la gente escuche y pueda considerar esta idea. Esto es lo que reivindica el diario La Nación. Presentar autores y corrientes diversas, cruzar pensamientos críticos, es oscurantismo y fascismo. Curioso criterio el de estos demócratas.

Insatisfacción más allá de las fronteras

Lo que ha motivado el pedido de cambios y apertura es un estado de amplia insatisfacción de los estudiantes con lo que se les está enseñando. Cada vez más, hay conciencia de que lo que se dice en los cursos neoclásicos tiene poco que ver con el mundo real. Por ejemplo, el modelo de equilibrio general de Debreu parte del supuesto de una sociedad en la que todos somos propietarios por igual de los medios de producción, y donde, de hecho, no hay lugar para el dinero, ni la incertidumbre. ¿Qué tiene que ver esto con la sociedad en que vivimos? Nada que ver. Pero se trata de un premio Nobel de Economía, que ha elaborado uno de los modelos fundacionales de todo lo que viene luego, y por consiguiente se lo enseña como verdad “consagrada”. Por eso, es natural que la gente se pregunte para qué se le está enseñando esto, sin siquiera darle la oportunidad de enterarse de que existe algo distinto. Es que sólo en algún curso remoto (y a veces ni siquiera) de “Historia del pensamiento económico”, se podrá acercar a alguna visión alternativa. Pero ésta será siempre presentada como una curiosidad. La idea instalada es que la “verdadera ciencia” es la que se enseña en los manuales establecidos. Claro que cuando estallan las crisis; o cuando los problemas de la desocupación, de la creciente desigualdad social, del pauperismo, etc., persisten y se profundizan, se intensifican los cuestionamientos a la doctrina establecida. Cada vez más se evidencia que se enseñan abstracciones, que poco tienen que ver con los seres humanos reales, de carne y hueso. Por este motivo, no es de extrañar que también en otros países surgieran movimientos críticos. Entre ellos, menciono la carta que hace unos años firmaron los estudiantes de Cambridge (“Apertura de la economía: una propuesta de los estudiantes de Cambridge”). En ella, los firmantes denunciaban que la economía está monopolizada “por un único enfoque en lo que respecta a la explicación científica y al análisis de los fenómenos económicos”, caracterizado por métodos de razonamiento formal cuyos fundamentos y aplicabilidad al mundo real deberían ser materia de discusión. Denunciaban también que los enfoques alternativos al oficial son marginados en la enseñanza, y pedían que se enseñaran con la misma profundidad y amplitud que se hace con el mainstream. Para el diario La Nación, semejante carta sería una prueba del anhelo de pauperización intelectual de los estudiantes de Cambridge. En mi modesta opinión, es un elemental pedido de democratización, condición ineludible para que haya ciencia y riqueza de pensamiento crítico.

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