La política en el pensamiento y obra de Julio Cortázar, del elitismo al escritor revolucionario


Por Yesica Stekli

Julio Cortázar ha sido uno de los escritores paradigmáticos de la intelectualidad argentina, que se ha movido al compás de los cambios en que se han desenvuelto aquí las corrientes de pensamiento.

Su nombre figura junto al de Borges cuando se busca a los intelectuales que se oponían al peronismo, y a la vez se lo contrapone a él cuando se habla de “arte puro” y “arte comprometido”

Julio Cortázar es considerado por algunos como uno de los “grandes escritores argentinos”, así como otros lo consideran un simple traductor del estilo francés al castellano, y que ni siquiera es argentino, – lo cual es cierto-, ni merece estar con los argentinos porque pasó  la mayor parte de su vida y escribió la mayor parte de sus obras en Europa.

Hay quienes lo tildan de gorila y elitista, como hay quienes que lo critican de socialista y revolucionario.

Hay quienes dicen que sus obras no asumían el compromiso político de la época: demasiado preocupadas por lo artístico y quienes por el contrario lo acusan de descuidar la literatura para hacer panfletos.

Todo eso resume lo que ha sido la vida y la obra del escritor, un eterno vaivén entre el lado de acá y el lado de allá. Argentino en Francia, francés en Argentina, comunista para Estados Unidos, burgués para Cuba.

El objetivo de este trabajo es por un lado esclarecer todas estas dicotomías que se tejen alrededor de su figura. Para ello, he dividido el trabajo en tres etapas: una primera donde aparecen los relatos en oposición al gobierno peronista, que ha sido complementado por cartas y extractos de entrevistas con el fin de mostrar cual era la postura del autor frente al gobierno del General Perón, y cómo pone en boca de los personajes los temores ante el contexto histórico que estaba viviendo.

Una segunda, donde el autor se encuentra en Francia, intentando resolver dicotomías y también comienza una búsqueda metafísica que desembocará en la búsqueda del “hombre nuevo”, que encontrará en Cuba bajo la figura del Che Guevara. A partir de estos sucesos, cambiará radicalmente sus puntos de vista, como él mismo confesó alguna vez: De la Argentina se alejó un escritor para quien la realidad, como lo imaginaba Mallarmé, debía culminar en un libro; en París nació un hombre para quien los libros deberán culminar en la realidad”.

Esa nueva postura se analiza en una tercera etapa, donde sus escritos pasan a tener una preocupación social, donde se preocupa por la represión y la tortura presentes en el contexto latinoamericano.

Por otro lado también hay un intento de reflejar el imaginario que se refleja a través de los relatos, y que no son ajenos a los procesos históricos que se van aconteciendo.

Finalmente, para que el trabajo no tome el carácter de una biografía y como el autor pasa el período estudiado en Europa, se ha complementado con una serie de datos que se sucedían mientras Cortázar se encontraba en el extranjero.

Para tal fín, el trabajo se halla dividido en “Un lado de acá”, en donde se encuentra la etapa en que el autor reside en Argentina, y el complemento mencionado.

Y luego “Un lado de allá”, donde se enmarcan la segunda y tercer etapa. También hay un anexo de “Capítulos prescindibles”, que tal vez no hacen al trabajo, pero que son a mi juicio los más interesantes para el interesado en conocer más a fondo el pensamiento del autor. Allí figuran citas casi textuales de cartas y entrevistas que examinan más a fondo las cuestiones que se tratan en las etapas mencionadas.

La intención no ha sido hacer “una pequeña rayuelita”, pero he sido presa de los vaivenes en que se mueve el autor, que me han impedido un análisis estrictamente cronológico; por lo que este ha sido el intento por darle un orden, aunque  desordenado.

Y por último, he tratado de ser lo más fiel posible al autor, para mostrar a partir de sus propias palabras sus contradicciones, lo que espero sirva a estos fines y no caiga en un glosario insoportable.

“Del lado de acá”

Etapa 1

ETAPA 1: ” LIBROS SÍ… ALPARGATAS NO”

A un general

Región de manos sucias de pinceles sin pelo
de niños boca abajo de cepillos de dientes

Zona donde la rata se ennoblece
y hay banderas inhumanas y cantan himnos
y alguien te prende, hijo de puta,
una medalla sobre el pecho

Y te pudres lo mismo.

(Divertimento, 1950)

Esta etapa es la etapa de auge del peronismo, y también la etapa en donde Cortázar escribirá sus primeras obras. Acorde a gran parte de los intelectuales de la época, encontrará en el peronismo una amenaza constante, que será plasmada en sus obras.

Un tema recurrente será el de la invasión, que se refleja claramente en Casa Tomada, pero en ese cuento se podría decir muestra la invasión del peronismo en cuanto al poder y al “desalojo” de la clase dominante.

En otros cuentos como “La Banda”, la invasión deja de ser simbólica y tiene un rostro propio: una banda de alpargatas, que se apoderan del show, espectadores en la butaca que “no deberían estar ahí”, que han invadido un lugar que no les pertenece. Es bastante evidente la sorpresa y posteriormente la rabia que denota el autor a este trastrocamiento del orden establecido, como diría el tango: “cualquiera es un señor”.

El titulo de esta etapa me parece bastante sugestivo en cuanto refleja la contraposición que se estaba produciendo en aquellos momentos, la de los obreros que reclamaban su “lugar” en la sociedad, atacando las universidades, los estudiantes y los órganos de prensa bajo el lema: “Alpargatas sí, libros no”, “Menos cultura y más trabajo”, que como lo indica James, mas que reflejar un filisteísmo plebeyo, eran la reafirmación  por la clase obrera de que, a pesar de estar excluida del sistema elitista de educación, su experiencia tenia un valor y un mérito cultural propios.  En palabras de Bourdieu era la exaltación de su propio poder simbólico; ya que la clase obrera al ser excluida durante tanto tiempo de la esfera publica en la que se generaban las formas de poder y dominación, dirigió sus ataques a las entidades que determinaban las ideas vigentes sobre legitimidad social y cultural.

Pero volviendo al escritor, el desdén hacia este sector de la sociedad es notorio, aunque también cabria recordar que no nace con el peronismo, sino que venía desde antes: ” La vida, aquí, me hace pensar en un hombre a quien le pasean una aplanadora por el cuerpo. Solo hay una escapatoria, y consiste en cerrar la puerta de la pieza en que se vive, porque de ese modo uno se sugestiona y llega a suponerse en otra parte del mundo (…) El ambiente en y fuera del hotel, en y fuera del Colegio, carece de toda dimensión. Los microbios, dentro de los tubos de ensayo, deben tener mayor numero de inquietudes que los habitantes de Bolívar. Imagínate que, en 3ª año del Nacional, no sabían quién era Beethoven. Tuve que aclarar una frase en la que incluyera el nombre del músico, convencido de que todos tendrían, por lo menos, un ligero esquema, un recuerdo…(Carta a Eduardo Castagnino, Bolívar, 23/5/37).


Sin embargo, el desprecio hacia la clase obrera es notoria, los retratos incluyen monstruos, tal como lo hará su colega Jorge Luis Borges, seres del bajo mundo sin cultura, sin educación, con rasgos que pinta en sus rostros, en sus cuerpos, en sus vestimentas y en sus lenguajes, olores y comportamientos; que en algunos casos comparará con animales. Para el autor serán como el título de la vieja película: “feos, sucios y malos”…si no son tan malos, serán ignorantes, que para el autor es un pecado mayor.

La figura de Eva tampoco se salvará de ser el blanco de sus ataques, en “Las puertas del Cielo” y “El exámen” son claras alusiones a su figura, Cortázar la pinta muerta como una profecía; lo que podría ser algún rumor de la época o (y esto es apreciación personal) un deseo del autor de matarla simbólicamente.

En “Las puertas del Cielo”, el autor recogerá los rumores que circulaban sobre los orígenes dudosos de Evita y la pintará como un monstruo más. En “El exámen”, recreará una especie de procesión hacia la Plaza de Mayo, que se realiza para ver sus huesos, aquí ya se nota mas nítidamente que se trata de ella, y con aire despectivo se tratará otra vez a quienes concurren a verla, que aparecen como personas sin estilo y hasta en algunos pasajes, manipulados. En lo personal este episodio que retrata Cortázar me recuerda a “La fiesta de los Tontos” de “Nuestra Señora de Notre Dame”, donde los excluidos que permanecen siempre escondidos, realizan una feria carnavalesca y eligen a un rey, en este caso, seria una pareja de reyes, el grupo de amigos aparecería como observador de esa fiesta, a la que critican.

En cuanto a los personajes, yo creo que reflejan notoriamente los temores del autor, se verá que en Casa Tomada, se representa el temor a la invasión, que termina con el destierro; también este elemento aparece en La Banda, como en sus cuentos, la solución que encuentra el autor es irse del país, sin pena ni gloria: “Tengo la nostalgia europea, incesantemente. […] Me elijo europeo, y me siento un cobarde por no cumplir mi elección. […] Un día me iré, y eso será todo”. (Carta a Marie Pascal). En 1951, la gran noticia: “El gobierno francés acaba de darme una beca para estudiar diez meses en París, de octubre a julio de 1952”. (Carta a Fredi Guthman 26/7/51)
“Por lo demás, ha tenido que vender íntegramente su discoteca de jazz, “que había empezado en 1933 con mis primeros pesos”, cuando se reunía con sus amigos “en un sótano, con una vieja victrola a cuerda, para escuchar a Louis Armstrong y a Duke Ellington”. Los discos no vendidos los ha regalado. Si se deshace de lo que ama, es que no piensa volver. ( Entrevista a Raúl Yurkievich por Marcos Rosenzvaig desde París (Página 12, 25-7-99)

Y reflejan también como se da la confrontación entre clases, como la clase dominante percibe a estos sectores, con sorpresa, desdén y desprecio; tal como es el caso de Lucio, que se siente invadido en el ámbito del cine y luego empieza a darse cuenta de la extensión que aquello podría representar. Lo mismo sucede con el abogado en “Las puertas del cielo”, o el grupo de Andrés en el exámen; yo creo todos esos personajes están representando los sentimientos y el punto de vista del autor.

Por otro lado, yo no creo que a Cortázar le importara la política en sí, sino más bien todo lo que inaugura este gobierno, y lo que ve el autor es como cambian la esfera social y la cultural. Sin embargo, se declara antiperonista, sus ataques por medio de sus obras son claros. Lo más difuso es que años más tarde no admite de igual manera su antiperonismo. Como diría Hobsbawn, los ojos del presente hacen que la historia se represente diferente a lo largo del tiempo: “Yo me sentía antiperonista pero nunca me integré a grupos políticos o grupos de pensamiento o de estudio que pudieran tratar de llegar a hacer una especie de práctica de ese antiperonismo. Todo quedaba en esa época en la opinión personal, en lo que uno pensaba”. (Entrevista a Omar Prego)

Sin embargo, un periodista que ha investigado su estadía en Mendoza, señala: participa en la toma de la Universidad, algo que él hace para que no cierren las universidades públicas. Es él era el que se encargaba de escribir los panfletos que se leían desde la terraza. Me contó Mariano Zamorano, que era el presidente del centro de estudiantes, que Cortázar era muy creativo, tremendamente ingenioso para escribir panfletos. Al final de la toma hizo como un largo relato contando todos los acontecimientos, pero eso nunca lo encontré.(Entrevista realizada a Emilio Fernández Cicco por Martín Correa (Revista Humor 8 / 7 / 1999). Y el mismo Martín Correa es luego entrevistado, con los mismos resultados: “Él viene y se hace de un grupo de amigos, vive el proceso del 17 de octubre en Mendoza y participa de la toma de la universidad. En el libro trato de desbrozar bien -subraya- cómo era el proceso político en la provincia, algo muy complejo. No existía el peronismo como tal todavía y en Mendoza estaba el grupo conservador y el nacionalismo católico con todas sus variantes”. “Y Cortázar por razones de amistad estaba del lado del grupo de derecha, llamémosle, no de los conservadores liberales ¿Por qué? No porque él lo fuera, sino porque de ese lado estaban sus amigos”, sostiene el periodista. A su juicio, “hay que entender bien que la discusión que había en Cuyo era fundamentalmente académica. Y Cortázar se sentía mejor con esta gente. Y de ahí que él adscriba a ese grupo sin ser católico ni nacionalista. Es más,  él se había ido de la provincia de Buenos Aires, casi echado por la revolución del 43″. En ese momento, describe Correas, era un hombre que defendía las libertades individuales, que defendía la libertad de cátedra, que estaba preocupado porque hubiera concursos”.

“No hay que olvidarse -acota- que la Universidad de Cuyo era la única que no se había hecho con los principios de la Reforma. No había gobierno tripartito, por ejemplo. La gran discusión del año 45 era si los alumnos debían intervenir o no en la elección. Y Cortázar termina muy consustanciado con el grupo de los alumnos”. (Mora Cordeu entrevista a Jaime Correas, autor sobre un libro de Cortázar)

Después de haber abandonado Chivilcoy bajo vehementes sospechas de comunismo, anarquismo y trotskismo, he tenido el honor de que en Mendoza me califiquen de fascista, nazi, sepichista, rosista y falangista. Ambas cosas (las de Chivilcoy y de Mendoza) con tanto fundamento como podría ser la de llamarme sauce llorón, consola Chippendale o Wee Willie Winkie. (Carta a Mercedes Arias, Mendoza, 21/7/45)

Contradiciendo su “antiperonismo de café”, Cortázar señala, en una carta de carácter autobiográfico las manifestaciones (nada latentes) de su actitud antiperonista: (…) Estudios secundarios en Buenos Aires: maestro normal en 1932, profesor normal en Letras en 1935, primeros empleos, cátedras en pueblos y ciudades de campo, paso por Mendoza en 1944-45, después de siete años de enseñar en escuelas secundarias. Renuncia a raíz del fracaso del movimiento antiperonista en el que anduve metido;  sabiendo que iba a perder mi trabajo, ya que había participado en la resistencia contra Perón, al ganar él las elecciones presidenciales, presenté la dimisión antes de verme entre la espada y la pared como les ocurrió a muchos colegas míos que prefirieron continuar en sus puestos. Vuelta a Buenos Aires. Ya llevaba diez años escribiendo, pero no publicaba nada o casi nada (el tomito de sonetos, quizá un cuento). De 1946 a 1951, vida porteña, solitaria e independiente; convencido de ser un solterón irreductible, amigo de muy poca gente, melómano, lector a jornada completa, enamorado del cine, burguesito ciego a todo lo que pasaba más allá de la esfera de lo estético. Traductor público nacional, gran oficio para una vida como la mía en ese entonces, egoístamente solitaria e independiente. A todo esto Perón / Perón / qué grande sos, etc., los altoparlantes en la esquina de mi estudio, exasperación creciente: en noviembre de 1951 vendí todo lo que tenía y me vine a París. El resto usted lo conoce, es Rayuela a ratos, es mi mujer, y millares de hoteles, paisajes, exploración de Europa y de buena parte del mundo…”. [Carta a Graciela de Sola, 3 de junio de 1967 (Cartas (1964-1968), ed. de Aurora Bernárdez, Buenos Aires, Alfaguara, 2000), pp. 1554-1555].

Las razones de la cólera: los peronistas


“Te quiero, país, pañuelo sucio,

con tus calles cubiertas de carteles peronistas,

te quiero, sin esperanza y sin perdón,

sin vuelta y sin derecho,

nada más que de lejos y amargado y de noche.”

Julio Cortázar (Razones de la cólera)

Buenos Aires -1950 y 1951 y París 1956.

  • Casa tomada

Casa tomada es uno de los cuentos que se ha tomado como símbolo del antiperonismo de Cortázar, algunos sitúan su publicación en 1946, en los Anales de Buenos Aires, otros en la revista Sur; lo cierto es que Jorge Luis Borges será el que publicará al entonces desconocido escritor, así lo recordará años después:

Hacia 1947 yo era secretario de redacción de una revista casi secreta que dirigía la señora Sarah de Ortiz Basualdo. Una tarde nos visitó un muchacho muy alto con un previsible manuscrito. […] Me dijo que traía un cuento fantástico y solicito mi opinión. Le pedí que volviera a los diez días. Antes del plazo señalado, volvió. Le dije que tenía dos noticias. Una, que el manuscrito estaba en imprenta. Dos, que lo ilustraría mi hermana Norah, a quien le había gustado mucho. El cuento, ahora justamente famoso, era el que se titula Casa Tomada”.

Sin embargo, algunos autores manifiestan que fueron David Viñas y Juan José Sebrelli, los que interpretaron  el cuento como una reacción al peronismo, lo que convertirá a la obra en una cita concurrida al hablar de la oposición al peronismo de los intelectuales argentinos.

El propio Cortazar se refiere a la obra como consecuencia de un sueño, una pesadilla:

Ese cuento fue resultado de una pesadilla. Yo soñé ese cuento. Sólo que no estaban los hermanos. Había una sola persona que era yo. Algo que no se podía identificar me desplazaba poco a poco a lo largo de las habitaciones de una casa, hasta la calle.

Me dominaba esa sensación que tienes en las pesadillas: el espanto es total sin que nada se defina, miedo en estado puro. Había una cosa espantosa que avanzaba, una sensación de amenaza que avanzaba y se traducía en ruidos. Yo me iba creando barricadas, cerrando puertas, hasta la última puerta que era la puerta de la calle. En ese momento me desperté: antes de llegar a la calle. Me fui inmediatamente a la máquina de escribir y escribí el cuento de una sentada.

No obstante, no rechaza la asociación al peronismo:

“Esa interpretación de que yo estaba traduciendo imaginativamente mi reacción como argentino ante lo que sucedía en el país, no es la mía, pero no se puede excluir. Es perfectamente posible que yo haya tenido esta sensación y que en el cuento se tradujera así, de manera fantástica y, simbólica”.

La historia es la de dos hermanos (Irene y su hermano), una peculiar pareja adánica,  son expulsados de su pequeño y cerrado “paraíso” y arrojados a la vida, a un mundo desconocido; aunque también podría ser símbolo de la consanguinidad de las clases dominantes. Significativamente lo único que consiguen “salvar” de la casa es un reloj, que les recuerda obsesivamente su temporalidad. A lo largo del cuento, se ve presente una vez más la temática de la invasión, la casa, podría ser simbólicamente el país; que va siendo “tomado” o invadido por el peronismo; advierten esa invasión por el ruido…ruido que podria ser lo que James recoge como característica del 17 de octubre: la murga. Pero el abandono resignado, sin lucha, también podría representar al mismo Cortázar, que en vez de quedarse en la “casa”, decide perder lo más querido e irse a Francia.

Pero mas detalladamente:

“Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.”

Aquí se podría decir: la casa era antigua, posiblemente de alguna familia patricia o bien acomodada,  porque se hace referencia a que han pasado los cuarenta años, y para tener bisabuelos; estos deberían ser anteriores a las grandes corrientes inmigratorias. Por otro lado, se hace referencia a que las casas antiguas hoy sucumben a la liquidación de sus materiales, podría ser que ya no hay respeto por la tradición, que en estos tiempos se están tirando abajo.

(…) Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.(…)
De aquí se podrían deducir dos cosas: primero, que tal vez a Irene no le gustaría ir al Centro, aquí una referencia epistolar del autor: “Mi vida bonaerense dista mucho de ser lo que necesitaría un universitario surmenagé… Aquí se vive con el corazón en la boca, suspendido el teléfono y la radio, quemando todas las reservas nerviosas en un solo viaje al centro, fabricando cachiporras caseras y disponiéndose a lo peor”(Carta a Sergio Sergí 7/1/45) .

Segundo, desde 1939, no llegaba nada valioso a Argentina, tal vez se refería a que por motivo de  la Segunda Guerra Mundial, no llegaban obras; pero podría ser también una referencia al gobierno de Ortiz. Aunque en una carta, Cortázar se queja de lo siguiente:  “Ni siquiera las librerías son hoy agradables; aparte de la falta de libros ( o su equivalente en precios astronómicos) se nota una falta de hombres, de interés y de esperanza” (Carta a Sergio Sergí 7/1/45)

(…)No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. (…)

Se hace referencia a que la familia pertenecía a la burguesía agraria.

(…)Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado
(…)

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó.
(…)

En este pasaje se hace referencia a que ya han tomado, una parte de la casa, los propietarios, se resignan entonces a dejar atrás el “lado de allá”, aunque de cuando en cuando, se lamentan por lo que han perdido por la invasión. Aun así, parecería hacerse referencia a alguna ventaja del régimen: la limpieza era más fácil, limpieza que podría entenderse como un control, que elimina algunos elementos no deseados.

Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar. (…)

Sin duda, esta frase envuelve todo lo que Cortázar le atribuía al gobierno peronista: “Resulta harto doloroso encontrar que los puntos habituales de reunión están ahora desiertos, y que la gente se ve obligada a cambiar sus hábitos y mantenerse a la defensiva” (Carta a Sergio Sergi 7/1/45).
Sin duda, el escritor le atribuía al peronismo un ataque a la cultura, dicha esta en términos de los que la poseen y las que no. Cortázar seguramente temía que esta invasión, se traduzca en un avance de la “cultura popular” en detrimento de todo lo que significaba ser un hombre culto.

Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

Como lo dicho anteriormente, con pena pero sin gloria, los hermanos abandonan la casa, que ha sido tomada, invadida. No han luchado, a lo sumo han gritado mas fuerte cerca de ellos; viéndolo desde lo que podría ser la pesadilla persecutoria del autor, la casa es abandonada; comparándola con  el país, se abandona la patria… lo que seguramente estaría ya en las ideas del autor: “Hundamos pues en el silencio los anales del peronismo porteño y vayámonos a otra cosa”(Carta a Sergio Sergí 7/1/45)

Pero la ultima frase es sin duda, una de las más significativas, el ladrón es un pobre diablo al lado de quienes ocuparon la casa, en la carta citada anteriormente, Cortázar en lugar de escribir Buenos Aires,… escribe la carta desde Perolandia, y eso que todavía el 17 de octubre no había llegado… En 1945, cuando Juan Domingo Perón gana las elecciones presidenciales presenta renuncia. “Preferí renunciar a mis cátedras antes de verme obligado a ‘sacarme el saco’ como les pasó a tantos colegas que optaron por seguir en sus puestos.”

  • La banda

En febrero de 1947, Lucio Medina me contó un divertido episodio que acababa de sucederle. Cuando en septiembre de ese año supe que había renunciado a su profesión y abandonado el país, pensé oscuramente una relación entre ambas cosas.(…)

Aquí se repite lo mismo que en el caso anterior, la renuncia al puesto y el abandono del país.

(…)pero en el 47 Buenos Aires ya andaba escaso de novedades(…).Compró Crítica para evitarse tener que mirar las decoraciones de la sala y los balconcitos laterales que le producían legítimas náuseas.(…) Había algo ahí que no andaba bien, algo no definible. Señoras preponderadamente obesas se diseminaban en la platea, y al igual que la que tenía al lado aparecían acompañadas de una prole más o menos numerosa. Le extrañó que gente así sacara plateas en el Ópera, varias de tales señoras tenían el cutis y el atuendo de respetables cocineras endomingadas, hablaban con abundancia de ademanes de neto corte italiano, y sometían a sus niños a un régimen de pellizcos e invocaciones. Señores con el sombrero sobre los muslos (y agarrado con ambas manos) representaban la contraparte masculina de una concurrencia que tenía perplejo a Lucio. (…)se alzó el telón y Lucio vio, sin poder creerlo, una inmensa banda femenina de música formada en el escenario, con un canelón donde podía leerse: BANDA DE “ALPARGATAS“.

Aquí el mensaje es bien claro, hay una referencia al “otro”; esta vez la invasión es mucho mas clara y precisa, hay una “gente así”, que saca entradas para el Opera, que invade un lugar que no le pertenece. Hay un tema recurrente de la literatura argentina, tal como Cambaceres, Cortázar alude a los rasgos italianos para hacer referencia a lo grotesco. Los gritos, los pellizcos, los malos modales, la gordura, las “caruchas”; vienen todas a representar  aquello que no debía estar ahí, y da cuenta a la vez del acceso que se le da en este momento a los sectores que habían  sido excluidos;  de la confrontación de distintas clases sociales; a aquello que vuelve a parecer un sueño,  o más bien una pesadilla.

En un momento Lucio manifiesta no ver la hora de que se retorne a la oscuridad y el silencio; la oscuridad podría ser esa parte de la sombra de la que  Foucault hablaba, el “pecado” del “general” seria entonces, darle a esa parte su propio discurso, que se vuelva al silencio es entonces, que se vuelva al estado de cosas anterior, al silencio que esta siendo corrompido por quienes están “riéndose” de alguna manera de la jerarquía antes establecida, con sus colores estridentes y sus marchas militares carnavalescas.

Y por último, el tema de las alpargatas, no es casual, tal como lo explicita James, los intelectuales se horrorizaban con el lema que sostenían los que brindaban su apoyo a Perón: “Alpargatas sí, libros no”. Una banda de alpargatas era entonces, el máximo símbolo de lo que el autor podría llamar la no-cultura invadiendo la “Cultura”.

Un momento de realidad que le había parecido falsa porque era la verdadera, la que ahora ya no estaba viendo. Lo que acababa de presenciar era lo cierto, es decir lo falso. Dejó de sentir el escándalo de hallarse rodeado de elementos que no estaban en su sitio, porque en la misma conciencia de un mundo otro, comprendió que esa visión podía prolongarse a la calle, a El Galeón, a su traje azul, a su programa de la noche, a su oficina de mañana, a su plan de ahorro, a su veraneo de marzo, a su amiga, a su madurez, al día de su muerte. Por suerte ya no seguía viendo así, por suerte era otra vez Lucio Medina. Pero sólo por suerte.
A veces he pensado que esto hubiera sido realmente interesante si Lucio vuelve al cine, indaga, y descubre la inexistencia de tal festival. Pero es cosa verificable que la banda tocó esa tarde en el Ópera. En realidad el cambio de vida y el destierro de Lucio le vienen del hígado o de alguna mujer. Y después que no es justo seguir hablando mal de la banda, pobres chicas.

En este pasaje es interesante la coincidencia con Borges, aquello que es lo real y verdadero es lo falso, algo que el autor consideraría como algo montado, una escena absurda y chabacana. Pero “lo grave” para el  personaje es que esta “invasión” no solo ocurre en el cine, sino el temor a que esto sea extensivo a todos los ordenes de la vida cotidiana: Guillermo de la Torre, siguiendo la misma línea, escribió, a su vez, en la revista Sur: “Todo en el peronismo era una colosal impostura. Todo era apócrifo, anacrónico”. Anacronismo, apócrifo, impostura, mentira; el peronismo era visto por ciertos sectores como una patología, algo en cierta medida fuera de la realidad, y por lo tanto como una ruptura total en la historia del país.(Plotkin: Perón y el peronismo)
Y el remate es sin duda, algo a lo que aludirá Eva Perón, el pobres chicas es la clara alusión que tenían las damas de beneficencia, esa referencia a pobres diablos!, a los que ayudaban por “generosidad”  mediante una especie de limosnas. Aunque el personaje destaca algo positivo de las chicas, en realidad niñas: los muslos, que los compara con las piernas del Maipo. Esto será retomado por la literatura posterior, en donde es la burguesía la que viola al proletariado. Pero lo que se ve aquí es cierta atracción, pero no una atracción que pone a las chicas en el lugar de “iguales a las otras mujeres”, sino que da cuenta de alguien creyéndose “superior” que podría obtener placer de estas niñas. Esto repite una vez más lo que viene desde la conquista, por lo menos en América Latina, y que es la apropiación del cuerpo del otro. Otro que no deja de verse inferior, tal como pasaba con los españoles o portugueses y las indígenas o las esclavas, de los hacendados con las hijas de los campesinos sin propiedad y que aun hoy sucede, generalmente con el nombre de “remeada” y que da cuenta de una especie de “derecho” que tienen algunos “señores” de acceder al cuerpo de las niñas que se desarrollan a cambio de que su familia siga con vida o con trabajo.

Por último cabria aclarar la relación del personaje con el propio autor, Cortázar ha dicho alguna vez que algo que lo irritaba terriblemente del peronismo es que justo cuando se sentaba en su confortable sillón a escuchar a Bela Bartok, era interrumpido por un ruido que juzgaba insoportable proveniente del camioncito con la marcha de los muchachos peronistas… lo cual según dicen “le-rompía-soberana-mente-las-p…”; por lo tanto, una vez más el personaje ilustra la sorpresa, el descontento, la rabia y los deseos del propio autor.

  • Las puertas del cielo

En este cuento, las diferencias entre las clases sociales son aun más nítidas, hay por un lado un abogado, el Doctor, y por el otro esta Mauro, un personaje “bajo” pero no tan bajo como su mujer “Celina”, a los ojos del escritor. . Le gustaba salir con Mauro y con Celina “pasa asistir de costado a su dura y caliente felicidad”. Advertía que no eran sus cobayos, los quería. Si embargo “nunca pude entrar en su simpleza”, aunque, “íbamos juntos a los bailes, y yo los miraba vivir”.(…) “Ni ella ni Mauro me tutearon nunca, yo le hablaba de vos a Mauro pero a Cecilia le devolvía el tratamiento. A Celina le costó dejar el “doctor “, tal vez la enorgullecía darme el título delante de otros, mi amigo el doctor. Yo le pedí a Mauro que se lo dijera, entonces empezó el “Marcelo”.  Así ellos se acercaron un poco a mí ero yo estaba tan lejos como antes. ”

Pero además, hay cierta especie de analogía de Perón y Evita, ella salida de un burdel o cosa parecida, que recoge los rumores de la época alrededor de la figura de Eva, él un malevo, morocho del Abasto, “se precisaba coraje para sacar aluna cosa de esa mujer” y una profecía que como tantas otras veces ha ocurrido en la literatura argentina, se adelanta a los hechos, Celina muere “Celina acabando de morirse, un poco como si ella misma hubiera decidido el momento en que eso debiera ocurrir” y  se relata el velorio, como un suceso concurrido pero de alguna manera “montado” e insoportable para el Doctor; que se ha “mezclado” con ellos para conocer más de cerca e incluso divertirse, conociendo lo que el autor denota como una especie de “fauna” subterránea: “Me parece bueno decir aquí que yo iba a esa milonga por los monstruos, y que no sé de otra donde se dén tantos juntos. Asoman con las once de la noche, bajan de regiones vagas de la ciudad, pausados de uno o de a dos, las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes, apretados en trajes a cuadros o negros, el pelo duro peinado con fatiga…

Aquí hay también un tema común con Borges, el pintar a esas clases como “monstruos”, y que otra vez retoma la herencia de nuestra literatura, la división dicotómica de lo feo/ lo bello; lo grosero/lo refinado, y que había sido retratado en la contraposición entre unitarios y federales. El primer libro canonizado fue Martín Fierro, al que Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones compararon con el Mío Cid y la Chanson de Roland. Lugones quería elegir un texto que, además de su importancia literaria, tuviera un valor patriótico instrumental y expresara “la vida heroica de la raza” o las esencias argentinas amenazadas por los aluviones migratorios. Ese fue el objetivo de las seis conferencias que dictó en el teatro Odeón, a mediados de junio de 1913, a las que asistieron todos los que eran algo o alguien en Buenos Aires, incluyendo a Roque Sáenz Peña, presidente de la República. La cultura, en esos tiempos (y no la economía, que andaba sola), era el punto de inflexión para entender el país, el elemento que permitía tomar conciencia de quiénes o qué éramos. (Tomas Eloy Martínez: Una mirada sobre la literatura nacional)

Aquí la barbarie aparece claramente, con colores y olores; el etnocentrismo, en su momento cúspide:(…) Se reconocen y se admiran en silencio sin darlo a entender, es su baile y su encuentro, la noche de color… van a eso, los monstruos se enlazan con grave acatamiento, pieza tras pieza giran despaciosos sin hablar, muchos con los ojos cerrados gozando al fin la paridad, la completación. Se recobran en los intervalos, en las mesas son jactanciosos y las mujeres hablan chillando para que las miren, entonces los machos se ponen más torvos y yo he visto volar un sopapo y darle vuelta la cara y la mitad del peinado a una china bizca vestida de blanco que bebía anís. Además está el olor, no se concibe a los monstruos sin ese olor a talco mojado contra la piel, a fruta pasada, uno sospecha los lavajes presurosos, el trapo húmedo por la cara y los sobacos, después lo importante, lociones, rimmel, el polvo en la cara de todas ellas, una costra blancuzca y detrás las placas pardas trasluciendo. También se oxigenan, las negras levantan mazorcas rígidas sobre la tierra espesa de la cara, hasta se estudian gestos de rubia, vestidos verdes, se convencen de su transformación y desdeñan condescendientes a las otras que defienden su color.”(…)

  • El exámen

“Durante el invierno escribí una novela, El examen; no se podrá publicar por razones de tema, pero me ha servido para escribir por fin como me gusta, en plena libertad.” (Carta a Raúl Yurkievich, en Entrevista a Raúl Yurkievich por Marcos Rosenzvaig desde París (Página 12, 25-7-99) Es rechazada por el asesor literario de Losada, Guillermo de Torre.

El fragmento de este relato, muestra un grupo de amigos o compañeros que acuden a ver “el hueso”, que se expondrá en Plaza de Mayo, alusión que considero trata de Eva Perón. Se repite así lo ya mencionado anteriormente, la profecía de Eva muerta, y el autor incorpora entonces elementos que contribuyen a presentar la escena  como melodrama, a mostrar como se le rinde una especie de culto, mediante apelativos como “peregrinación”, “Santuario”, oraciones, en tal sentido, prevalece la idea de la manipulación, de la puesta en escena “para ellos”.

Aunque ambiguos, ciertos pasajes sirven como evidencia del imaginario de la clase media argentina, especialmente en cuanto hace referencia a como percibían a la clase obrera y sus relaciones con el peronismo.

(…) Vieron desde Bartolomé Mitre (ya no quedaban papeles), la luz violenta de la Plaza de Mayo. La Casa Rosada crecía en el aire de niebla, asomando a jirones, con luces en los balcones y en las puertas.(…)

– No sé para qué vamos a la Plaza de Mayo.

-A Stella le gustaba -dijo Clara -. Parece que siguen las ceremonias(…)

El hablar de la Plaza de Mayo y las ceremonias es significativo en cuanto muestra algo que inaugura el peronismo, las ceremonias, los festejos en la Plaza de Mayo. Cabe recordar lo que menciona James al respecto, que antes de 1945, quien no concurría a la Plaza sin camisa y corbata, era invitado a retirarse, para decirlo en términos sutiles. Por lo tanto, ir a la Plaza con la ropa de trabajo, era una reivindicación que se había logrado gracias a Perón, pero que no era deseable para los demás sectores de la sociedad.

(…)  Todo Buenos Aires viene a ver el hueso – dijo -. Anoche llegó un tren de Tucumán con mil quinientos obreros. Hay baile popular delante de la Municipalidad. Fíjate cómo desvían el tráfico en la esquina. Vamos a tener un calor bárbaro.(…)

– Hicieron el santuario tomando la pirámide como uno de los soportes – explicó el cronista- Todo el resto es arpillera.

Esta última frase, aparece la idea del armado, un armado “chapucero”, como consideraría el autor al peronismo años después.

(…)  Ergo fuiste el que consagró la peregrinación. No me mires de reojo, porque es la verdad. Ellos pusieron la lona y tu diario trae la gente, a veinte guitas por engrupido.

– No hablés así – dijo Andrés, muy serio -. La gente no viene sólo por el diario. Ninguna campaña publicitaria puede explicar ciertos furores y ciertos entusiasmos. Me han dicho que los rituales son espontáneos, que a cada rato se inventan nuevos.(…)

Aquí el autor señala una idea que era muy común en los que no simpatizaban con el peronismo, la idea del oportunismo de la clase obrera, el concurrir por dinero; Andrés dice que no, pero remata diciendo que a cada rato se inventan nuevos, lo que se inscribe tras la idea de que se necesitaban rituales para mantener o reforzar el liderazgo, en términos durkhemianos, cumplía con una función social.

(…)Cruzaron a la plaza bajo los balcones de la Casa de Gobierno. La niebla no resistía allí el calor de las luces y la gente,  la otra niebla oscura y parda al ras del suelo. Miles de hombres y mujeres vestidos igual, de gris topo, azul habano, a veces verde oscuro. (…) y había que andar con cuidado, agarrándose a veces del codo o los hombros de alguno que estuviera en un pedazo más firme de esa pista informe en la que lo único sólido parecía ser la Pirámide.(…)

La Buenos Aires peronista aparece llena de niebla, lo cual es curioso porque se hace referencia al calor y no al frío, por lo tanto, lo que se describe es el clima de Buenos Aires bajo el peronismo, con otra niebla oscura y parda, lo que denota que eso provenía de los obreros. Las vestimentas se incorporan a lo ya mencionado por James, pero también da cuenta de la homogeneidad con que se veía a estas clases, todos vestidos igual, la idea de masas, masas amorfas, que años después se convertirán en el tema de los intelectuales.

(…)Mejor estar cansada para los exámenes, tenés mayor fosforescencia. Me gustaría que me preguntaran sobre psicología de las multitudes; les contaría esto y asunto acabado.

– Ahí tenés algo para contarles – dijo Andrés, abriéndole paso para que viera bien. Pero ver bien era faena de codos y empujones y no sea bárbaro, parecería que no saben caminar por la calle, (…)

Aquí seguramente el nudo del cuento, el exámen, y aparece la mirada etnográfica, la observación del “otro”, una mirada de antropología clásica, que corresponde a cómo se concebía hasta los años ’60 a “lo diferente”.

(…) no me empujés negro, que me hacés venir loco; en un confuso crecer de cuerpos y

nucas y pañuelos al cuello, rompiéndose contra una barrera de tipos silenciosos que parecían esperar alguna cosa. Pegada a Andrés, Clara pudo asomarse a una rendija entre dos sacos negros, mirar dentro del círculo mágico,

era un círculo, los tipos se tenían del brazo y rodeaban a la mujer vestida de blanco, una túnica entre delantal de maestra y alegoría de la patria nunca pisoteada por ningún tirano, el pelo muy rubio desmelenado cayéndole hasta los senos. (…)

La clara alusión a Eva, y lo que representaba.

– Ella es buena – dijo -. Ella es muy buena.

– Ella es buena – repitieron los otros.

– Ella viene de Lincoln, de Curuzú Cuatiá y de Presidente Roca – dijo el hombre.

– Ella viene – repitieron los otros.

– Ella viene de Formosa, de Covunco, de Nogoyá y de Chapadmalal.

– Ella viene.

– Ella es buena – dijo el hombre.

– Ella es buena.(…)

La oración, la comparación de Eva, con una virgen, que como la Virgen María, es de un sólo lugar pero aparece en todos lados, Virgen de Luján, Virgen de Itatí, Virgen de Lourdes, etc, ella viene de todos lados, de todos los lugares donde se tiene fe en ella.

Con un gesto, Andrés señaló hacia un lado en el momento en que estallaba un grito de niño(…)tenían sentado al pibe de unos ocho años, dos hombres arrodillados le sujetaban por los hombros y la cintura. Un paisano de ojos rasgados y jeta brutal estaba plantado a un metro del chico, con una aguja de colchonero apuntándole la cara. La iba acercando poco a poco(…) El chico se debatía, gritando de terror, y en su pantaloncito claro se veían las manchas de los orines del miedo.(…) los paisanos murmuraban algo que Andrés no entendió. Una cosa como

En medio de en medio de en medio de en

Medio(…)

– ¡Qué hijos de mil putas!- dijo Andrés, agarrando a Clara y abriendo la marcha hacia el lado del santuario. (…)

El pasaje sugiere más de lo que dice, sin embargo se puede leer como una continuación con la tradición de la “historia oficial” que sobrevino luego de Rosas, la imagen del Matadero, el niño gritando, la barbarie, el niño gritando…los bárbaros sujetándolos y apuntándolo con una aguja, un símbolo fálico. Los paisanos dicen algo, que Andrés no entiende, el medio y el remate: ¡qué hijos de puta!, habla de que algo le hicieron, por eso tratan de que las mujeres, no vean.

Todo es tan confuso – murmuró Juan -. Tan sin estilo.

– El estilo ha muerto- dijo Andrés.(…)

¿ Cómo puede concebirse la unión de estas negras cotudas velando el santuario de Von Supeé?(…)

– Son los violines más diarreicos que he olido en mi vida – dijo Juan -. Dios mío esto es una locura. ¿ Por qué no les tocan tangos?

– Porque les gusta esto – dijo el cronista. ¿No ves que la pobre gente ha descubierto la música vía cine? ¿Te creés que esa asquerosidad llamada Canción inolvidable no hizo lo suyo? (…)

La confusión, que aparece como símbolo del imaginario de la clase media ante el peronismo, una sensación continua de no saber qué es lo que está pasando, de un orden revuelto.  Y sigue la mirada etnográfica, todo tan sin estilo, apelan a las masas, que han conocido la “música” por el cine y “creen” que así se están “superando”

-¡ Che, Minguito! ¿Adónde estéa?

– ¡ Atrás de la Piramidéa!

Aquí creo lo que se hace es una caricatura del lenguaje de los otros,minguito, es el diminutivo de Domingo, de Juan Domingo Perón, por tanto el aire burlón también va para el general.

Gloriosa inmarcesible jamás atada al jeep de ningún  vencedor de la tierra, columna de los libres sitial de los valientes.(…)

Apela a la frase de Urquiza a Rosas, que luego retomará Lonardi: “Ni vencedores, ni vencidos”

Y LOS MONTONEROS

ATARON SUS CABALLOS A LA PIRÁMIDE

Alzaga, a morir

Liniers, a morir

Dorrego, a morir

Facundo, a morir

Pobrecito el finadito(…)

Pobrecita la pastora

que ha fallecido en el campo(…)

Otra reiteración a los federales: los montoneros, que como dice Gillespie tienen su origen en el enfrentamiento entre unitarios y federales; y que el General Roca elimina. Pero también se adelanta a la época, dado que los guerrilleros peronistas tomarán este nombre. Y la apelación a los unitarios que son sentenciados a muerte, pero también la barbarie: Facundo

pero se la llevan con ustedes en el corazón

El corazón no tiene huesos. “Le vendría

Bien tenerlos”, pensó Andrés. “Malhechos para la vida que nos arman. La  piel y los huesos, poveretti. Huesos, blindaje, quitina y adentro la piel, como un forro de casco”.

-¡ Y ADEMÁS QUIERO DECIR QUE EN EL ALTAR DE LA PATRIA!

>  >  >  >  >  >  >  >  >  >  >  >  >  > ( con

una voz de bocina) quedan depositados nuestros

Hearts, again?

nuestros humildes

(De ellos será el cielo)

sacrificios

( Aquí te bandeaste; te salió la vanidad,

esa naricita en punta)

¡¡ ynosdaráfuerzasparacontinuaradelantehastaelfinal

VIVAVIVAVIVA!!

La sátira al discurso peronista: el orador una urraca, voz de bocina. Apela a la vida “armada”, no refiriéndose a las armas, sino a la puesta en escena; el altar de la patria aparece como la identificación del peronismo con lo patriótico. Y los “humildes”, símbolo de Eva, aparece nuevamente como analogía del cristianismo, el peronismo como religión.

(…) Pero es justo – dijo Clara -. Los huesos son para los perros (…)

Es increíble la cantidad que hay cerca del Santuario. No sé porque pero no me gustan los perros entre la gente, se vienen abajo, se contaminan.(…)

Parecería que los perros hacen referencia a como se denomina en algunos sectores a las masas: el perraje, entonces sería justo, los huesos son para ellos. Y por otro lado, los perros son mejores que “la gente”, porque se pueden contaminar si se acercan, lo que muestra el aislamiento que pretendían continuar ciertos grupos sociales argentinos, el permanecer lejos de estos agentes que podrían ser contaminantes, no mezclarse parecía la mejor opción.

Entraban cuando se oyó a otro orador que despedía a la columna saliente, “me parece que habla en verso”, pensó Andrés. “Pero eso ya es una manía”. (…)

Otra crítica a los discursos peronistas, hablar en verso, o que podría ser la manía de “hacer el verso, de la manipulación.

Había un algodón, y el hueso encima. La linterna le sacaba unas chispitas, como de azúcar. Todos la miraron.

Finalmente, se acercan a ver “el hueso”, de eso se trataba todo, la psicología de multitudes reunidas en una plaza, viniendo desde lejos, escuchando lo que quieren escuchar, haciendo vivas, todo para ver un hueso.

¿Qué hacer con las masas?

El peronismo y su significado

Después de la caída del gobierno de Perón, en septiembre de 1955, la sociedad, y en particular la intelectualidad argentina (que en su mayoría había sido opositora del régimen depuesto), se confrontó con la necesidad de explicarse a sí misma los últimos diez años de su historia.

El peronismo había dividido a la sociedad argentina en dos sectores aparentemente irreconciliables. Perón había logrado polarizarla como ningún otro político del siglo XX lo había hecho antes, ni lo haría después. Además, para los distintos sectores sociales, la experiencia peronista había tenido caracteres y consecuencias muy distintos.

Si para un importante sector de las clases trabajadoras los diez años de gobierno de Perón habían significado un mejoramiento real de sus condiciones de vida, logrado a través de fuertes redistribuciones del ingreso, además de su incorporación a la arena política y al aparato estatal, y la reformulación (a su favor) de viejas pautas en sus relaciones con otros sectores de la sociedad; para otros sectores, en particular la clase media y buena parte de la intelectualidad, el gobierno peronista había sido una experiencia extremadamente traumática. Este trauma parecía ser resultado de las experiencias de represión y censura que algunos miembros de estos sectores habían sufrido, y también  (y tal vez aún más importante que los factores anteriores) del hecho que la experiencia peronista parecía no encajar con lo que consideraban debía ser el desarrollo normal de la historia argentina contemporánea.

Tanto para los políticos e intelectuales de la izquierda tradicional como para los de la derecha (excepto para algunos grupos nacionalistas), el peronismo era una prueba de que en alguna medida el proceso político y social del país ya no se adaptaría a las reglas tradicionales y estaba escapando de su control. Todos estos factores contribuyeron a generar lo que Raymond Williams llamaría una “estructura de sentimientos”, la cual es evidente en algunos escritos políticos y literarios inmediatamente posteriores a la caída del régimen, en los que el fenómeno peronista era visto como algo esencialmente aberrante y por lo tanto imposible de ser entendido por medios racionales.

Jorge Luis Borges (a quien Perón había separado de su puesto de director de la biblioteca municipal y nombrado, a cambio, inspector municipal de aves y corrales) escribió la siguiente interpretación del fenómeno peronista en el artículo publicado en un número especial de la revista Sur, cuyo título, “L’ Illusion Comique” es, de por sí, significativo:

“…Durante años de oprobio y de bobería, los métodos de la propaganda comercial y de la litterature pour concierges fueron aplicados al gobierno de la República. Hubo así dos historias: una de índole criminal, hecha de cárceles, torturas, prostituciones, robos, muertes e incendios; otra de carácter escénico, hecha de necedades y fábulas para consumo de patanes. La dictadura abominó (simuló abominar) del capitalismo, pero copió sus métodos, como en Rusia… Más curioso fue el manejo político de los procedimientos del drama o del melodrama”. (Mariano  Ben Plotkin: Perón y el peronismo)
Esta “visión patológica” del fenómeno peronista, es también evidente en los contenidos de gran parte de la catarata de libros sobre el tema publicados en los años inmediatamente posteriores a la caída de Perón. Para muchos de sus autores, el gobierno peronista había sido una versión local del Fascismo o del Nazismo (y, en el caso de algunos escritores de izquierda, bonapartismo), en la cual Perón y su esposa muerta eran presentados como manipuladores omnipotentes de la voluntad de las clases trabajadoras. El régimen peronista era visto como una cadena interminable de actos de corrupción, de tortura y de censura. Probablemente el ejemplo más obvio de esta visión del peronismo sea el titulado  Libro negro de la segunda tiranía (Buenos Aires, 1958) publicado por el gobierno de la “Revolución Libertadora. El título mismo del libro es toda una declaración en sí mismo. El concepto de “segunda tiranía” remite a la primera tiranía, que había sido obviamente el régimen de Juan Manuel de Rosas. La oposición anti-peronista intentó desde un principio asociar la figura de Perón con la de Rosas, cosa que nunca (al menos durante su gobierno) estuvo en el ánimo de Perón.

Este libro era en realidad un sumario de las conclusiones a que habían arribado las “comisiones investigadoras” establecidas por el gobierno revolucionario para investigar diversos aspectos de la administración de Perón. Entre otras cosas, decía: “…Lo inexplicable, lo monstruoso, es que se establezca una dictadura en tiempos de paz y prosperidad, sin causas inmediatas que la justifiquen, ni antecedentes valederos que la hagan prever”. Según esta perspectiva, caído Perón, la tarea era ahora resocializar a los sectores populares e incorporarlos de una manera “democrática” al sistema político.
Sin embargo, para algunos sectores más perceptivos (aunque no necesariamente menos anti-peronistas), era obvio que muchos de los cambios traídos por el peronismo eran irrevocables. Para algunos se hizo claro que existía “otra Argentina”, para la cual la experiencia peronista, lejos de tener las características demoníacas que algunos le querían atribuir, había representado el único canal válido para obtener dignidad y mejoramiento de sus condiciones sociales y económicas.

En un tono dramático, Ernesto Sábato escribió sobre la caída de Perón:

“Aquella noche de septiembre de 1955, mientras los doctores, hacendados y escritores festejábamos ruidosamente en la sala la caída del tirano, en un rincón de la antecocina vi como las indias que allí trabajaban tenían los ojos empapados en lágrimas. Y aunque en todos aquellos años yo había meditado en la trágica dualidad que escindía al pueblo argentino, en ese momento se me apareció en su forma más conmovedora…” ( Beatriz Sarlo: La batalla de las ideas)

Dentro de lo que se llama “visión patológica del peronismo”, es posible encontrar, los primeros intentos de elaborar una interpretación más global del fenómeno peronista. Entre ellos cabe mencionar Perón: historia de su triunfo y su derrota, de Jorge Abelardo Ramos,  ve en el peronismo un movimiento “racional”, siendo sus limitaciones ideológicas la consecuencia lógica de la situación dependiente del país y de la falta de educación política de las masas.

Una interpretación mucho más sofisticada, y que eventualmente se convirtió en el centro de lo que se llamaría la “interpretación ortodoxa del peronismo”, es la ofrecida por el sociólogo italiano Gino Germani, que enuncia una dualidad en la clase trabajadora argentina en el momento en que Perón se hace cargo del poder. Por un lado los “trabajadores viejos”, fogueados con experiencia política y sindical y fuertes tradiciones izquierdistas, que no fueron captados por el peronismo y permanecieron en la oposición (al menos en un principio); por el otro lado, estaban los “trabajadores nuevos”, migrantes internos recientes y sin experiencia, que fueron atraídos fácilmente por el discurso y la política demagógica de Perón.
El análisis de Germani fue muy influyente y dio origen a numerosas variaciones. Un importante estudio, que en parte sigue las líneas de Germani, es el de Torcuato Di TellaSegún Di Tella, el fenómeno del populismo en América Latina (del cual el peronismo es un ejemplo) es el resultado de la existencia de grupos campesinos y trabajadores urbanos ansiosos por obtener una participación mayor en la distribución del ingreso y en la toma de decisiones políticas, careciendo, al mismo tiempo, del marco organizativo adecuado para canalizar sus intereses de clase.
La interpretación de Germani se convirtió en “canónica” durante la época del ’60 y fue el eje de la llamada “interpretación ortodoxa del peronismo”. Sin embargo, también en esta década, la percepción del lugar del peronismo en el desarrollo histórico y social argentino cambió considerablemente. En primer lugar, la experiencia de gobierno peronista iba quedando en el pasado, perdiendo relevancia directa en el acontecer político del país. Pero al mismo tiempo, como la influencia del peronismo como “unificador” de la clase obrera perduraba, y de hecho era cada vez más fuerte, muy pronto se hizo evidente que cualquier explicación que considerara al peronismo como un fenómeno patológico del desarrollo histórico argentino no podría ser satisfactoria. La idea de que resocializando a la clase trabajadora de una manera “democrática” pondría fin al peronismo no podía mantenerse seriamente. Por otro lado, para la izquierda tradicional se hizo evidente que la única manera de promover un acercamiento con la clase obrera de la cual había estado alienada desde 1945, era aceptar al peronismo como uno de los factores más importantes en la ideología y experiencia de la misma, y buscar la manera, o bien de convivir con él, o de absorberlo. Además, Perón mismo, desde su exilio en España, se estaba convirtiendo en un factor esencial en el sistema político argentino. Aunque para algunos sectores seguía siendo el “tirano prófugo”, el hecho es que Perón estaba legitimando su lugar en la historia y en la política argentina.
Era obvio que el peronismo requería otro tipo de interpretación. Como resultado de esta inquietud comenzaron a organizarse seminarios y a publicarse libros con diferentes interpretaciones alternativas del peronismo, convirtiéndose cada vez más en objeto de estudio de sociólogos, historiadores y periodistas. Producto de este cambio de percepción fue la “historia del peronismo” publicada por la revista Primera Plana a mediado de los ’60 y que consistía en una secuencia de artículos que cubría casi todos los aspectos relevantes del gobierno peronista. En muchos de esos artículos, antiguos dirigentes y miembros del gobierno peronista relataban sus experiencias y versiones sobre diferentes aspectos del período. Uno de los libros más importantes sobre el tema, publicado a fines de los ’60, fue El 45, de Félix Luna. Este libro, que a lo largo de sucesivas ediciones se convirtió en un verdadero clásico, relata casi día a día los acontecimientos del año crucial de 1945, que el autor reconoce como un año de ruptura en la historia argentina reciente. Escrito en el estilo casi periodístico que caracteriza al autor, El 45 destila un sentimiento de “mea culpa”. Luna pertenece a una familia de prominentes miembros de la Unión Cívica Radical, y estaba envuelto, al tiempo de los hechos que relata, en el movimiento estudiantil de oposición a Perón. Luna admite su propia incapacidad en ese momento para evaluar el sentido de los acontecimientos.
Sin embargo, el verdadero punto de ruptura en la interpretación de los orígenes del peronismo fue el libro publicado a principios de los ’70, Estudios sobre los orígenes del peronismo, de Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero. Este libro consiste básicamente en dos ensayos. El primero de ellos, “Crecimiento industrial y alianza de clases en la Argentina (1930-1940)”, analiza las respuestas de los diversos sectores de la élite al proceso de crecimiento industrial que tuvo lugar en la década del ’30 como resultado de la Crisis. Pero fue sin duda la segunda parte del libro, “El movimiento obrero en los orígenes del peronismo”, la que le dió a la teoría de Germani sobre la dualidad de la clase obrera una sacudida de la que nunca se recobró. A diferencia de Germani, que había visto en el peronismo una visión distorsionada y local del Fascismo, para Murmis y Portantiero, la explicación del fenómeno debía buscarse en ciertas características estructurales del desarrollo de la sociedad argentina durante la década del ’30. Estos autores rechazan la importancia de la dualidad de la clase obrera como un factor relevante en la emergencia del peronismo, enfatizando al mismo tiempo la continuidad existente entre las políticas de Perón y los objetivos de los líderes sindicales tradicionales.
Eva Perón también ha sido tema de numerosos libros y artículos (probablemente haya más escrito sobre Eva que sobre Perón mismo), así como obras de ficción. La corta e intensa vida de Eva y el poderoso rol que le cupo durante el gobierno de su marido han despertado el interés de peronistas, sociólogos e historiadores, entre otros. Además, la figura de Eva se convirtió (después de su muerte) en uno de los símbolos más importantes del  peronismo, susceptible a diferentes interpretaciones y reformulaciones.

A pesar de éstos y otros estudios sobre distintas facetas del régimen peronista, el mayor interés por parte de los estudiosos ha continuado siendo hasta muy recientemente el problema de la base social inicial del peronismo o, puesto de manera más general, la pregunta: ¿ Por qué surgió el peronismo ? y fundamentalmente…¿ Qué hacer con las masas?

Habría que señalar que el período 1943-1955 fue en muchos aspectos una divisoria de aguas en la historia argentina contemporánea. Ningún otro líder político en la historia argentina (con la probable excepción de Juan Manuel de Rosas, con quien la oposición anti-peronista trataba de vincular la figura de Perón) generó tanta devoción y odio simultáneamente. Pero probablemente el legado más importante de Perón (aparte de un poderoso movimiento sindical) haya sido una nueva “cultura política”. Las percepciones sobre el rol del estado, las relaciones entre el estado y la sociedad, el papel de partidos e instituciones políticas; el concepto mismo de lo que significa ser un ciudadano, y la manera en que los diferentes sectores sociales son vistos, y su lugar en la sociedad, han sido sin duda modificados a partir de la experiencia peronista.

El énfasis tradicionalmente puesto en el problema de los orígenes del peronismo, y en la estructura de las clases sociales que lo apoyaron, dejó de lado un aspecto del problema que es crucial para su comprensión. Las características y la supervivencia del peronismo no pueden ser explicadas solamente en términos del mejoramiento que las políticas peronistas implicaron para los niveles de vida de la clase trabajadora (y, más en general, de los sectores populares). Perón les otorgó también una nueva identidad, basada en un intercambio simbólico, reformulando de alguna manera el sistema social de clasificación, y organizando un sistema de representaciones sociales que se mostró incomprensible para los sectores conservadores, pero, más dramáticamente, para la clase media. Esto se hizo patéticamente claro el 17 de octubre de 1945, cuando diferentes sectores de la sociedad (y particularmente la clase media) se vieron absolutamente confundidos, sin lograr entender el significado de lo que estaba ocurriendo. Perón mismo diría, durante su exilio en Madrid: “Nosotros revertimos las cosas. Lo de arriba lo pusimos más abajo, y lo de abajo más arriba. Eso naturalmente produjo muchos resentimientos…

Tiempos modernos

La renovación cultural


El gobierno surgido de la autodenominada “Revolución Libertadora” de 1955, nombró a Jorge Luis Borges como director de la Biblioteca Nacional. Este hecho emblemático habla de lo que significó el peronismo en el campo de la cultura. Los sectores “revanchistas” imaginaron que el nuevo gobierno impondría una restauración de las jerarquías anteriores, como si los diez años peronistas casi no hubieran sucedido. Sin embargo, la situación era la opuesta: la caída de Perón no significó, en el campo cultural, una restauración del pasado, sino el inicio de un capítulo de modernización.

Hasta entonces, Borges había sido un escritor que no atravesaba el límite que separa el campo intelectual y los públicos más amplios, pero a partir de 1955, comienza una carrera de protagonismo. El conflicto estético e ideológico influyó la crítica a Ezequiel Martínez Estrada, a Eduardo Mallea y a todo el grupo de la revista “Sur”.

El boom literario

La intelectualidad de izquierda denuncia la literatura de Borges por su “formalismo vacío”. Pero otros representantes de ese ámbito, como Oscar Masotta, supieron sacar conclusiones del hecho de que Borges fuera publicado en “Les Temps Moderns”, la revista de Jean Paul Sartre, faro de esa misma izquierda intelectual.

Según Beatriz Sarlo, éstos también son los años de Cortázar, en 1963 se pública Rayuela, a la que le siguió una ola admirativa que la convirtió en best-seller y la ubicó en los inicios del “boom” de la literatura latinoamericana.

La caída de Perón también impulsó una renovación de las instituciones intelectuales. La revista Sur dirigida por Victoria Ocampo ocupó todavía por algún tiempo más el centro de la escena, pero los jóvenes de la revista “Contorno”, encabezados por David e Ismael Viñas, eran un recambio.

El debate de los años sesenta estuvo centrado en la polémica “arte puro” o “arte comprometido”, en donde Borges y Cortázar fueron los paradigmas de ambas posturas. Sin embargo, el trasfondo era la fuerte renovación ideológica y estética que convirtió a esa época en un tiempo de rupturas y cambios:

“El escarabajo de Oro”: fue el nombre que adoptó “El grillo de papel”, revista fundada por Abelardo Castillo en 1959. La figura del intelectual como ojo crítico de la sociedad fue uno de sus temas, Castillo hizo suyo el planteo de compromiso político difundido por Sartre, y lo adaptó a la relación entre los intelectuales y la realidad argentina.

“La Rosa Blindada”: nucleó a los escritores de izquierda que rechazaban la ortodoxia comunista del “realismo socialista”

“La hora de los hornos”: filme producido por Fernando Solanas y Octavio Getino en 1966, marcó un punto cumbre en la creciente politización de la cinematografía nacional.

Sin embargo, la actitud renovadora de los ’60 tropezó con la resistencia de los sectores tradicionales. En 1967, la censura prohibió el estreno en el Colón de la ópera Bomarzo, basada en la novela de Manuel Mujica Lainez y al año siguiente, Teorema, película del italiano Pier Paolo Passolini.

En 1963, el Instituto Di Tella se muda a la calle Florida donde albergará a grupos plásticos experimentales de distinto tipo, como Romero Brest quien congregó a las vanguardias plásticas y provocó una serie de escándalos, que conmovieron las convicciones estéticas establecidas o Alberto Ginastera, quien encabezó experiencias con música dodecafónica y electrónica; Roberto Villanueva exploró el teatro y los espectáculos unipersonales.

“La Universidad somos nosotros”


Fue el lema con que los estudiantes ocuparon las universidades después  del golpe de 1955, reflejaba bien el papel que se atribuían y que el gobierno militar les concedía como reconocimiento a su participación en la lucha contra el peronismo, tal como en otras esferas, se sumaban a la voluntad de “barrer con la pesadilla peronista. Además de obtener el apoyo al gobierno tripartito, los centros estudiantiles se consagraron a supervisar los antecedentes de los docentes que se presentaban a concurso.

Un decreto-ley restableció la Ley Avellaneda, de 1885, de acceso a las cátedras por concurso; al cual se le agregaba el artículo de la discordia: el 28, que permitía la creación de universidades privadas, que produjo la denuncia del interventor de la UBA, José Luis Romero, y del ministro de Educación Atilio Dell Óro  Maini. Finalmente en 1958, durante la presidencia de Arturo Frondizi se puso en vigencia, lo que puede considerarse una violación a la tradición del radicalismo afín a la Reforma Universitaria de 1918. Aún contra la oposición de los rectores de siete universidades nacionales y las manifestaciones, que solo en Buenos Aires alcanzaron entre 250.000 y 300.000 personas.

Estudiantes, docentes y autoridades compartían la idea de renovar la universidad peronista, proyecto que se concretó a lo largo de diez años de vida académica.

A partir de 1959, la búsqueda de subsidios en el exterior, emprendida por diversas facultades e institutos de investigación, provocó serios inconvenientes. Los fondos, especialmente provenientes de instituciones norteamericanas (Ej. Ford, Rockefeller), fueron vistos por buena parte del movimiento estudiantil como instrumentos de subordinación a los “intereses imperialistas”. Parte de los investigadores, en cambio, los consideraban indispensables para paliar el presupuesto estatal.

A medida que la generación se fue radicalizando, el conflicto se combinó con las criticas estudiantiles al “cientificismo”,  es decir, a una actividad docente e investigativa sin compromisos políticos.

La revisión de la “historia oficial”: los “antigorilas”

Hacia 1958, una gran parte del movimiento estudiantil comenzó a revisar su antiperonismo.

La nueva generación, que no había participado en la oposición al gobierno de Perón, se separa de sus predecesores, a quienes bautizó como “gorilas”. En una entrevista, Juan Carlos Torre denomina a este suceso como “parricidio”: Adhirieron a la misma causa que sus padres habían contribuido a atacar (…)Este fenómeno se produce por una combinación de circunstancias. Es una combinación entre proscripción del peronismo y represión política que llevó a los sectores medios hacia una identificación con los sectores populares. El pueblo peronista fue un camino para realizar sus anhelos propios de rebelión social (El peronismo es como una iglesia, Entrevista a Juan Carlos Torre, revista enparalelo* n°5, verano 05)

Esta revisión colocó a muchos estudiantes en la poco confortable posición de no ser peronistas ni antiperonistas, sino opositores a la política antiperonista dominante.

Al principio compitieron dos líneas fundamentales: los “reformistas”, de izquierda y los “humanistas “, católicos y proclives a la enseñanza libre. A partir del ’60, surfen nuevos lineamientos, debido a las sucesivas divisiones de los partidos Comunista y Socialista, la influencia de la Revolución Cubana y la creciente aparición de grupos de estudiantes peronistas.

Luego del golpe del ’66, la intervención a las universidades, la irrupción de la Policía en la Facultad de Ciencias Exactas (la “noche de los bastones largos”) y las renuncias masivas de docentes, encontraron un movimiento estudiantil fragmentado por fuertes divisiones ideológicas, que no respondían a las diferencias entre los partido políticos tradicionales. El peronismo que había sido tradicionalmente minoritario en la Universidad, se expandió en el ámbito estudiantil y docente.

La violencia

Ya en junio de 1955, el bombardeo de la aviación naval sobre Plaza de Mayo, incluía, según Portantiero, un ingrediente de salvajismo. Un año después el fusilamiento del general Juan José Valle y sus compañeros tras un frustrado intento de rebelión, marcaban un camino hacia sangrientos desencuentros. Bajo ese marco, habrían de sucederse una serie de gobiernos civiles débiles como los de Arturo Frondizi. y Arturo Illia, siempre amenazados por la insurgencia castrense, hasta derivar finalmente en un remate inevitable: la toma del poder por las Fuerzas Armadas bajo el mando del general Onganía  en 1966.

Entretanto, en la escena internacional, un ciclo de ascenso de movimientos sociales radicalizados, emblematizados en la periferia por revoluciones y guerras -Cuba, Argelia y Vietnam, entre otras-, y en el centro por rebeliones que tuvieron que tuvieron como eje a la juventud y a los estudiantes, cuyo epicentro fue el Mayo Francés en 1968, mostraban la presencia de un cambio de época dentro de un mundo que vivía bajo el clima de la Guerra Fría.

Las instituciones tradicionales, como la Iglesia Católica, entraban, luego del Concilio Vaticano II, en una etapa de debates internos en el que confrontaban posiciones conservadoras con nuevos aires de progresismo social. La Argentina, que vivía bajo una crisis de legitimidad, no era ajena a aquel torbellino político e ideológico.

En 1959, se instaló en la provincia de Tucumán, con los llamados “Uturruncos”, un primer foco guerrillero, seguido en 1964, por el del Ejército Guerrillero del Pueblo en Salta, éste ya con apoyo cubano. Ambos fueron desmantelados, pero tras el golpe de Onganía y la represión política y social que éste llevó a cabo, estos grupos fueron creciendo vigorosamente. En 1969, tendrá lugar el Cordobazo,  y un año después el bautizo público del grupo Montoneros, con el secuestro del general Eugenio Aramburu.

También surgirán otros, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). En 1970 el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), funda la tercera gran organización armada importante, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

El incremento de la lucha armada, fue cada vez más evidente, por un lado se encontraba la guerrilla, y por el otro, mercenarios, como los de la Triple A, encabezada por José López Rega, secretario de Perón y funcionario de Isabel.

“ Del lado de allá”

ETAPA 2:  LOS PERSEGUIDORES

( o los no-perseguidos)

Ya para entonces,

me había dado cuenta

de que buscar era mi signo,

emblema de los que salen

de noche sin propósito fijo,

razón de los matadores de brújulas

(Rayuela, Cap. 1)

Mientras tanto, Cortázar se hallaba en el “viejo mundo”, se casa con Aurora Bernardez, su primer esposa, pasea por Italia… se dedica a escribir: (Final de juego, Las armas secretas, Los premios, Historias de cronopios y de famas, Rayuela). Cortázar lo explica así:

“Son años catalizadores, años en que se da una especie de coagulación de mi experiencia precedente de Argentina (…) De golpe, en poco tiempo, se produce una condensación de presente y pasado, el pasado, en suma, se enchufa al presente y el resultado es una sensación de hostigamiento que me exigió, luego, escribir RayuelaLlegar a Europa significó la necesidad de confrontar todo un sistema de valores, mi manera de ver, mi manera de escuchar (…) Fue una sucesión de choques, desafíos, dificultades, que no me había dado el clima infinitamente más blando de Buenos Aires” (Olga Martínez Dasi)

Sin embargo, algo comienza a cambiar, cuando el autor se entera de  la muerte del músico de jazz, Charlie Parker: “Fue una iluminación. Terminé de leer ese artículo (que anunciaba la muerte de Charlie Parker) y al otro día o ese mismo día, no me acuerdo, empecé a escribir el  cuento. Porque de inmediato sentí que el personaje era él (…) era lo que yo había estado buscando”. Cortázar dice que allí aborda “un problema de tipo existencial, de tipo humano, que luego se ampliará en Los Premios y sobre todo en Rayuela (Los nuestros, Luis Harss)

[…] En «El perseguidor» de Las armas secretas y en Los premios pero sobre todo en «El perseguidor», hay una especie de final de una etapa anterior y comienzo de una nueva visión del mundo: el descubrimiento de mi prójimo, el descubrimiento de mis semejantes. Hasta ese momento era muy vago y nebuloso. Fíjate, me di cuenta muchos años después que si yo no hubiera escrito «El perseguidor», habría sido incapaz de escribir Rayuela. «El perseguidor» es la pequeña Rayuela. En principio están ya contenidos allí los problemas de Rayuela. El problema de un hombre que descubre de golpe, Johnny en un caso y Oliveira en el otro, que una fatalidad biológica lo ha hecho nacer y lo ha metido en un mundo que él no acepta, Johnny por sus motivos y Oliveira por motivos más intelectuales, más elaborados, más metafísicos. Pero se parecen mucho en esencia. Johnny y Oliveira son dos individuos que cuestionan, que ponen en crisis, que niegan lo que la gran mayoría acepta por una especie de fatalidad histórica y social. Entran en el juego, viven su vida, nacen, viven y mueren. Ellos dos no están de acuerdo y los dos tienen un destino trágico porque están en contra. Se oponen por motivos diferentes. Bueno, era la primera vez en mi trabajo de escritor y en mi vida personal en que eso traduce una nueva visión del mundo. Y luego eso explica por qué yo entré en una dimensión que podríamos llamar política si quieres decir, empecé a interesarme por problemas históricos que hasta ese momento me habían dejado totalmente indiferente. (Por Evelyn Picón Garfield, Cuadernos de Texto Crítico, Universidad Veracruzana, México, 1978)

Las palabras de Cortázar son bastante claras, en estas dos obras comienza a reflexionar sobre el hombre, y sobre una búsqueda, en El Perseguidor será una búsqueda a través del tiempo y del espacio… los principales personajes son Johnny y Bruno. El primero un trompetista que comienza a sospechar que la cotidianeidad no es el único plano posible, que puede transportarse hacia otros tiempos y espacios con su mente, Bruno es un crítico de jazz, que tiene que escribir la biografía de Johnny. Al igual que los anteriores personajes “de profesiones liberales” de Cortázar, éste mira con aires despectivos a Johnny, al cual soporta, para publicar su libro; sin embargo, hay una diferencia: el autor pinta a Bruno como una especie de materialista, al que no le importan mucho las cuestiones que le preocupan a Johnny… de alguna manera él representa la voz de una sociedad que no siempre comprende. Y es que esta vez, Cortázar es Johnny: Estoy encarnizado con un cuento que no acabo de escribir y que me está dando un trabajo terrible(…) Concretamente se trata de Charlie Parker(…) Quiero presentarlo como un caso extremo de búsqueda, sin que se sepa que exactamente en qué consiste esa búsqueda, pues el primero en no saberlo es él mismo. Ni qué decir que en cierto modo estoy haciendo una transferencia personal, y que mucho de lo que me preocupa irá a la cuenta del personaje… (Carta a Jean Barnabé, Ginebra, 31/10/55)

Rayuela es una obra muy amplia y según mi humilde opinión, compleja. Sin embargo, allí se encuentran muchas de las cuestiones que están preocupando  al autor desde su llegada a Francia y también desde antes. Es el juego entre el cielo o la tierra, la vida o la muerte, el lado de allá o el lado de acá, la novela o la antinovela, la vida cotidiana o el reino milenario,la acción o la renuncia.

En esta obra, quien encarna las preocupaciones del autor, será Horacio Oliveira, argentino que viaja a Francia,  y que según mi opinión expresa las sensaciones del autor, que no solo esta buscando otro mundo (me parece que viajando descubre que no solo en Argentina las cosas estaban mal), sino que hay una búsqueda de sí mismo… una crisis de identidad, asumirse argentino allá y afrancesado acá, justificándose a veces y criticándose otras.

Del lado de allá, seguirá manteniendo lo que pensaba acá pero también empezará a cambiar algo en cosmovisión.

(…)Le importaba muy poco la carta de su hermano, rotundo abogado rosarino que producía cuatro pliegos de papel avión acerca de los deberes filiales y ciudadanos malbaratados por Oliveira. (…)Por la mañana tendría que ir a lo del viejo Trouille y ponerle al día la correspondencia con Latinoamérica. Salir, hacer, poner al día, no eran cosas que ayudaran a dormirse. Poner al día, vaya expresión. Hacer. Hacer algo, hacer el bien, hacer pis, hacer tiempo, la acción en todas sus barajas. Pero detrás de toda acción había una protesta, porque todo hacer significaba salir de para llegar a, o mover algo para que estuviera aquí y no allí, o entrar en esa casa en vez de no entrar o entrar en la de al lado, es decir que en todo acto había la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer, la protesta tácita frente a la continua evidencia de la falta, de la merma, de la parvedad del presente. Creer que la acción podía colmar, o que la suma de las acciones podía realmente equivaler a una vida digna de este nombre, era una ilusión de moralista. Valía más renunciar, porque la renuncia a la acción era la protesta misma y no su máscara. (Rayuela, Cap. 3)

Aquí se ve a un Oliveira que se ha acomodado ya en París, que se dedica a una vida bohemia, hace que trabaja, recibe plata de su hermano, un abogado… lejos del abogado de “las puertas del cielo”, este hermano le recuerda las normas y valores que debe seguir. Si en Buenos Aires “no se podía hacer”, París le ofrece la libertad de poder hacer cuanto quiera, es allí donde el autor comienza a plantear una cuestión filosófica, como Hamlet, se debate entre el ser o el no ser… Y aquí aparece la dicotomía presente en “El Perseguidor”: Sé fiel hasta la muerte (Apocalipsis, 2,10)… O make me a mask (Dylan Thomas)

(…)Lo único cierto era el peso en la boca del estómago, la sospecha física de que algo no andaba bien, de que casi nunca había andado bien. No era ni siquiera un problema, sino haberse negado desde temprano a las mentiras colectivas o a la soledad rencorosa del que se pone a estudiar los isótopos radiactivos o la presidencia de Bartolomé Mitre. Si algo había elegido desde joven era no defenderse mediante la rápida y ansiosa acumulación de una «cultura», truco por excelencia de la clase media argentina para hurtar el cuerpo a la realidad nacional y a cualquier otra, y creerse a salvo del vacío que la rodeaba. Tal vez gracias a esa especie de fiaca sistemática, como la definía su camarada Traveler, se había librado de ingresar en ese orden fariseo (en el que militaban muchos amigos suyos, en general de buena fe porque la cosa era posible, había ejemplos), que esquivaba el fondo de los problemas mediante una especialización de cualquier orden, cuyo ejercicio confería irónicamente las más altas ejecutorias de argentinidad. Por lo demás le parecía tramposo y fácil mezclar problemas históricos como el ser argentino o esquimal, con problemas como el de la acción o la renuncia. (…) (Ídem)

Según mi opinión, este pasaje representa una autocrítica, pues él mismo había sido quien se encerraba y elegía la erudición para escapar de la realidad que lo rodeaba. Quien sino él trataba de acumular “cultura”, si acaso era éste el estandarte para pelear con el gobierno peronista.

(…)Por eso Oliveira tendía a admitir que su grupo sanguíneo, el hecho de haber pasado la infancia rodeado de tíos majestuosos, unos amores contrariados en la adolescencia y una facilidad para la astenia podían ser factores de primer orden en su cosmovisión. Era clase media, era porteño, era colegio nacional, y esas cosas no se arreglan así nomás.(…) (ídem)

Pareciera que aquí se preguntara, si no habría estado equivocado, si tal vez su punto de vista no había estado condicionado por el lugar social en donde estaba inserto.

(…)Lo malo estaba en que a fuerza de temer la excesiva localización de los puntos de vista, había terminado por pesar y hasta aceptar demasiado el sí y el no de todo, a mirar desde el fiel los platillos de la balanza. En París todo le era Buenos Aires y viceversa; en lo más ahincado del amor padecía y acataba la pérdida y el olvido. (…)(ídem)

Aquí, la duda y también el desgarro y el exilio, el estar de un lado y del otro sin estar en ninguno.

Actitud perniciosamente cómoda y hasta fácil a poco que se volviera un reflejo y una técnica; la lucidez terrible del paralítico, la ceguera del atleta perfectamente estúpido. Se empieza a andar por la vida con el paso pachorriento del filósofo y del clochard, reduciendo cada vez más los gestos vitales al mero instinto de conservación, al ejercicio de una conciencia más atenta a no dejarse engañar que a aprehender la verdad. Quietismo laico, ataraxia moderada, atenta desatención. Lo importante para Oliveira era asistir sin desmayo al espectáculo de esa parcelación Tupac-Amarú, no incurrir en el pobre egocentrismo (criollicentrismo, suburcentrismo, cultucentrismo, folklocentrismo) que cotidianamente se proclamaba en torno a él bajo todas las formas posibles. (…)(ídem)

Yo creo que todos estos “centrismos” reflejan todo lo que Cortázar había sido, y que esto era una especie de “exorcismo”, de “transferencia”, de revisión.

(…)«Lo malo de todo esto», pensó, «es que desemboca inevitablemente en el animula vagula blandula. ¿Qué hacer? Con esta pregunta empecé a no dormir. Oblomov, cosa facciamo? Las grandes voces de la Historia instan a la acción: Hamlet, revenge! ¿Nos vengamos, Hamlet, o tranquilamente Chippendale y zapatillas y un buen fuego? El sirio, después de todo, elogió escandalosamente a Marta, es sabido. ¿Das la batalla, Arjuna? No podés negar los valores, rey indeciso. La lucha por la lucha misma, vivir peligrosamente, pensá en Mario el Epicúreo, en Richard Hillary, en Kyo, en T. E. Lawrence… Felices los que eligen, los que aceptan ser elegidos, los hermosos héroes, los hermosos santos, los escapistas perfectos».(…)
Quizá. ¿Por qué no? Pero también podía ser que su punto de vista fuera el de la zorra mirando las uvas. Y también podía ser que tuviese razón, pero una razón mezquina y lamentable, una razón de hormiga contra cigarra. Si la lucidez desembocaba en la inacción, ¿no se volvía sospechosa, no encubría una forma particularmente diabólica de ceguera? La estupidez del héroe militar que salta con el polvorín, Cabral soldado heroico cubriéndose de gloria, insinuaban quizá una supervisión, un instantáneo asomarse a algo absoluto, por fuera de toda conciencia (no se le pide eso a un sargento), frente a lo cual la clarividencia ordinaria, la lucidez de gabinete, de tres de la mañana en la cama y en mitad de un cigarrillo, eran menos eficaces que las de un topo.
Le habló de todo eso a la Maga, que se había despertado y se acurrucaba contra él maullando soñolienta. La Maga abrió los ojos, se quedó pensando.
– Vos no podrías -dijo-. Vos pensás demasiado antes de hacer nada.
– Parto del principio de que la reflexión debe preceder a la acción, bobalina. (…)(ídem)

(…) Ronald había venido a pedirle que lo acompañara a unas confusas actividades políticas (…)había acabado por irse cabizbajo, sin convencer a Oliveira de que era necesario apoyar con la acción a los rebeldes argelinos(…)había sido más fácil decirle que no a Ronald que a sí mismo. (Rayuela, Cap. 90)
Creo que el pasaje habla por sí mismo, la cuestión de la acción o la renuncia será fundamental, porque ello actuará como puente entre el Cortázar disociado de las masas y de la política, que se oponía al peronismo por representar al pueblo, al escritor para quien la realidad debe culminar en un libro y por otro lado, el Cortázar que apoya a la Revolución cubana, al sandinismo en Nicaragua y a la resistencia chilena contra Pinochet. Aquí para el escritor, es el libro el que debe culminar en la realidad

En lo particular, yo noto una especie de culpa, la culpa de ser un observador pasivo, la posición cómoda, el verse a fin de cuentas como un topo, o como un avestruz que ha escondido siempre su cabeza en un agujero, agujero que podría llamarse biblioteca, con… Hasta no quitarle al tiempo su látigo de historia, hasta no acabar con la hinchazón de tantos hasta, seguiremos tomando la belleza por un fin, la paz por un desideratum, siempre de este lado de la puerta donde en realidad no siempre se esta mal, donde mucha gente encuentra una vida satisfactoria, perfumes agradables, buenos sueldos, literatura de alta calidad, sonido estereofónico, y por qué entonces inquietarse si probablemente el mundo es finito, la historia se acerca al punto optimo, la raza humana sale de la edad media para ingresar en la era cibernética (Rayuela, Cap. 71)

Tal vez había sido un cínico: Uno es verdaderamente cretino, pero a un punto que no te podés imaginar, Babs, porque para eso hay que haberse leído todo Platón, varios padres de la iglesia, los clásicos sin que falte ninguno y además saber todo lo que hay que saber sobre lo cognoscible, y exactamente en ese momento uno llega a un cretinismo tan increíble que es capaz de agarrar a su pobre madre analfabeta por la punta de la mañanita y enojarse porque la señora está aflijidísima a causa de la muerte del rusito de la esquina o de la sobrina de la del tercero. Y uno le habla del terremoto de Bab El Mandeb o de la ofensiva de Vandar Ingh, y pretende que la infeliz se compadezca en abstracto de la liquidacion de tres clases del ejército geranio… Y en realidad todo se reduce a aquello de que ojos que no ven….¿ Qué necesidad, decime, de pegarles en el coco con nuestra puritana adolescencia de cretinos mierdosos? ( Rayuela, Cap. 15)
Seguramente, esta madre analfabeta, era más Argentina que su madre biológica, que por otro lado, era maestra.

Sin embargo, detrás de todas estas dudas, hay elementos que perduran, Oliveira volverá a Buenos Aires, se ubicará con su amigo Traveler, Buenos Aires será un circo, o un manicomio. Pero el país no estará excéntrico de críticas: (…)”estaba convencido de que a la Argentina había que agarrarla por el lado de la vergüenza, buscarle el rubor escondido por un siglo de usurpaciones de todo género, como tan bien explicaban sus ensayistas, y para eso lo mejor era demostrarle de alguna manera que no se la podía tomar en serio como pretendía, ¿Quién sería el bufón que desmontara tanta soberanía al divino cohete? ¿Quién se le reiría en la cara para verla enrojecer y acaso, alguna vez, sonreír como quien encuentra y reconoce? ( Rayuela, Cap. 41)

(…)Al principio Traveler le había criticado su manía de encontrar todo mal en Buenos Aires, de tratar a la ciudad como puta encorseteada, pero Oliveira les explicó a él y a Talita que en esas críticas había una cantidad de amor que solamente dos tarados como ellos podían malentender sus denuestos. Acabaron por darse cuenta de que tenía razón, que Oliveira no podía reconciliarse hipócritamente con Buenos Aires, y que ahora estaba mucho más lejos del país que cuando andaba por Europa. ( Rayuela, Cap.40)

Por un lado, el “cachetazo” por amor, y por el otro, cómo debería entender el público esas críticas, pero también el desarraigo que ya se mencionó anteriormente.

Sueño con serpientes

En 1962, Julio Cortázar es invitado a Cuba, lo que cambiará profundamente, alli se replanteará su papel como intelectual, qué significa pueblo, qué es la revolución, qué es la política y también pensará cuál fue su papel en Argentina. Aquí, una impresión de cuando conoce Cuba:

Estarás pensando que me quedé en Cuba o que los feroces barbudos me mataron. Pues no, nada de eso(…)Cuando llegas a Cuba, ya no te quieres mover de ahí. No te imaginas con qué tristeza tomé el avión para volver a Europa. Un poeta que se llama Antón Arrufat me dijo: “Chico, esto no puede durar, los yanquis se las arreglarán para liquidarnos. Pero entre tanto estamos vivos, y vivir es hermoso, y por eso nos haremos matar hasta el último”. Cuando oyes cosas así, te quedarías para siempre en Cuba (…)

Lo que más me impresionó fue la campaña de alfabetización: ese pueblo sabe leer y escribir, y está orgulloso de haber aprendido. Hicimos un viaje en auto por toda la isla (con plena libertad, hablando con quien nos daba la gana, entrando en las casas, comiendo en restaurantes populares) y vimos cómo los “guajiros” (peasants) se sienten hombres, y no esclavos.(…)

Creo que el enamoramiento es evidente, aquí habla un Cortázar que ha sido flechado por la isla, que ha recorrido el país, el mismo que antes huía del cine espantado por una banda de muchachas, el que hacía fichas de los “monstruos” en el boliche, ahora entra a las casas, habla con la gente, entra a los “restaurantes populares”. Ve la alegría y la dicha de un pueblo que buscaba lo mismo que el pueblo argentino y que él solo había contribuido a ridiculizar, por sus colores, por sus vestimentas, por su falta de educación. La educación que los cubanos reciben con orgullo de la mano de Fidel, acaso sería lo que aquí se recibía de Perón; pero Cortázar lejos de ver a un pueblo que intentaba superarse, veía una amenaza constante, una especie de flautista de Hammelin que con sus discursos, llevaba a sus “ratas a que se ennoblezcan”, (usando terminos del autor), que acabarían por roer todo intento de cultura a su paso.
¿Tú sabías que en tiempos de Batista, el barrio de los ricos en La Habana estaba defendido por hombres armados y cadenas que cerraban las calles por la noche? Nadie podía entrar allí, y sobre todo si era de piel oscura. Ahora en esos palacios viven los estudiantes becados por el gobierno.( Carta a Paul Blackburn, 1/5/63 de La Nación, 7/5/00 )

Esta parte de la carta me parece profundamente simbólica, yo no sé si Cortázar alguna vez habría reflexionado sobre el tema, pero el antagonismo es notorio. El autor está profundamente sorprendido por cómo se cierran los barrios para que los pobres no puedan entrar de noche al barrio de los ricos, las víctimas de Casa Tomada son ahora los victimarios. Si los hermanos no hubiesen optado -como él- a abandonar la casa, tal vez hubieran cerrado con cadenas, o tal vez de conocerse el cuento en Cuba, (dato que desconozco, pero no creo haya pasado), sería la justificación necesaria para dichas cadenas.

(…)Pero quizá lo que más me impresionó en Cuba fue el apoyo de los intelectuales a la revolución. Salvo dos o tres que se fueron, todos los escritores y los artistas apoyan al gobierno. Y no con meras palabras, sino trabajando para la revolución, alfabetizando, haciendo magníficas ediciones, escribiendo y traduciendo libros.(…) escuché sus críticas (porque las críticas abundan, pero no son negativas, siempre proponen algo constructivo), y me convencí de que una revolución que tiene de su parte a todos los intelectuales, es una revolución justa y necesaria. No puede ser otra cosa, no puede ser que centenares de escritores, poetas, pintores y músicos estén equivocados.(…) (Ídem)

Bueno, aquí la lógica de pensamiento no parece ser muy distinta a la que aplicó durante el peronismo, si Pascal tenía razón o no depende de cada uno, pero lo que sí parece extraño es que un hombre que ha leído tanto escolte las opiniones políticas de sus colegas. Así lo hizo durante el peronismo, cuando los intelectuales se le oponían y lo mismo parece en este caso

Etapa 3

ETAPA 3:  ELOGIO DE LA LOCURA

Hay hombres que luchan un día y son buenos,

hay quienes luchan un año y son mejores,

hay quienes luchan muchos años y son muy buenos,

pero hay quienes luchan toda la vida…

esos son los imprescindibles.

Bertolt Brecht

Tal como lo expresado anteriormente, el viaje a Cuba produce un viraje en el autor, él lo llamará bifurcación, y que producirá de alguna manera un antes y un después debido a que es desde allí que sus escritos van incorporando temáticas cada vez mas políticas, lo cual no es para nada ajeno al clima de la época. Estos son los años en los que hay un replanteo en todas las esferas, y la cultura no queda exenta. La juventud irrumpe en la escena social, cuestionando toda la herencia recibida, aparecerán los hippies primero(y especialmente en Estados Unidos), como contraposición a este mundo que ha resuelto sus diferencias mediante guerras y muertes; la guerra en nombre de la paz comienza a cuestionarse por la paz misma… con su símbolo característico y su lema: ” make love, not war”. Pero en nuestros países controlados por autoritarismos militares, dejan poco lugar al pacifismo, a las flores y al pelo largo. Quien no aprenda a ser “formal y cortés cortándose el pelo una vez por mes” como decía la canción, aprenderá “lo que es bueno” picana de por medio. La respuesta de estos jóvenes será entonces disputarle al Estado el monopolio de la violencia legítima, o como diría Bourdieu, el monopolio simbólico de la violencia legitima, debido a que lo que la mayoría de estas organizaciones militares reclamaban eran ser los ejércitos del pueblo…

Se produce el “boom” de la literatura latinoamericana, y allí Cortázar tendrá que asumir una doble decisión: la de intelectual latinoamericano o “europeizante” como se lo llamaba por aquí, y la de intelectual comprometido o desentendido de lo que había en juego, ni lo uno ni lo otro, el autor se declara intelectual latinoamericano, pero no por ser argentino, sino por la revolución cubana y asume el compromiso intelectual, pero lejos de abandonar el arte de la literatura, no intenta atacar directamente sino plasmar en sus obras lo que le preocupa, la lucha por la libertad, una libertad de amar, de escribir, y de vivir; más cerca de los ideales burgueses pero que inscribe bajo los ideales socialistas en búsqueda del “nuevo hombre”.

De la reflexión y el cambio de postura de estos años surgirán relatos con un mensaje más social y  político, de los que he escogido: El libro de Manuel, que se edita en 1973, y trata de un grupo envuelto en actividades políticas, en la que el autor encarnado en el personaje de Andrés se debate nuevamente entre la acción o la inacción y de paso el intento de ponerles un librito en el bolsillo a los guerrilleros para que no olviden el amor, el juego y la libertad debe traer la revolución de concretarse.

También se encuentran Apocalipsis de Solentiname, que pertenece a “Alguien que anda por ahí” (1977) y Graffitti y Recortes de Prensa, que pertenecen a “Queremos tanto a Glenda” (1980). En éstos tres cuentos hay un elemento común: la represión y la tortura.

  • El Libro de Manuel

Editado por primera vez en 1973, Libro de Manuel es un texto  en el que se entrelazan y cristalizan diferentes reflexiones y polémicas que Julio Cortázar mantuvo con la intelectualidad latinoamericana. Cabe destacar entre ellas el rol del escritor y su función político-social; su anhelo de contribuir, a través de sus escritos, a la configuración del “hombre futuro”, libre de tabúes tradicionales.El Libro de Manuel, constituye una síntesis de sus reflexiones tanto estéticas como políticas.

En este relato novelesco se narran diferentes historias, que convergerán al final del texto.

En primer lugar, se narra la historia de la Joda, grupo subversivo y marginal que tiene su centro de acción en París y al cual pertenecen agentes de varias nacionalidades, en su mayoría latinoamericanos, pero también el Libro de Manuel, es la historia de Andrés, narrador personaje intelectual que se ve enfrentado a la alternativa de sumarse o no a las acciones de la Joda, a la búsqueda de una salida entre acción y pasividad, retomando así el dilema de Horacio Oliveira en Rayuela.

Además, el texto es una historia que se construye -a modo de álbum – para un niño llamado Manuel, que tiene sólo tres años, pero a juicio de sus padres el álbum en construcción podrá entenderlo y descifrarlo en el futuro. El álbum de recortes para Manuel, testimonio de la historia de la Joda, comprenderá recortes de diarios, sino también informes de Amnistía Internacional y del Tribunal Russell sobre la tortura. Escribe Cortázar en su prefacio: “Lo que cuenta, lo que yo he tratado de contar, es el signo afirmativo frente a la escalada de desprecio y del espanto, y esa afirmación tiene que ser lo más solar, lo más vital del hombre: su sed erótica y lúdica, su liberación de los tabúes, su reclamo de una dignidad compartida en una tierra ya libre de este horizonte diario de colmillos y de dólares”

La búsqueda particular y aislada, de Andrés,  en oposición a la acción colectiva de los miembros de la Joda explícita con la que se inicia Libro de Manuel: “Más que nunca creo que la lucha en pro del socialismo latinoamericano debe enfrentar el horror cotidiano con la única actitud que un día le dará la victoria, cuidando precisamente, celosamente, la capacidad tal como la queremos para ese futuro, con todo lo que supone de amor, de juego y de alegría”.

Esta “actitud”, que comprende no sólo la acción política sino elementos que el hombre no debiera olvidar en el futuro, son el amor, el juego y la alegría. Este es el gran dilema del ser humano, a juicio de Cortázar. Así en Libro de Manuel, ambas acciones , la búsqueda individual y la colectiva, que se presentan como conflictivas y contradictorias, se resuelven al final. La forma que adopta esta “conciliación” en el texto está dada en la evolución que experimenta Andrés.

Libro de Manuel es un “libro para las generaciones futuras”. Sin embargo las acciones de la Joda, el final trágico de un par de sus agentes, la atmósfera de ese presente histórico no podrá conocerse si alguien no se encarga de dejar a Manuel el testimonio de su existencia. Así, la función de dar “realidad” a la Joda, de dar testimonio de su existencia es asumida por Andrés. Y esto vuelve a ser una identificación del autor, porque lo hará mediante la escritura. Y es aquí donde se puede retomar la función que Cortázar asigna, en esta década, a la literatura: la denuncia social: “Esta novela nació de un cotidiano sentimiento de horror, de vergüenza, de humillación personal como latinoamericano frente al panorama del colonialismo y el gorilismo entronizados en tantos de nuestros países”(El Día en México, abril de 1973)

Muy probablemente no le corresponda a un escritor participar ni en Jodas, ni secuestros, pero sí puede dejar testimonio de lo que vio, escuchó o leyó. Identificándose con Andrés y su “confuso y atormentado itinerario” agrega  Cortázar: “Ese hombre sueña algo que yo soñé tal cual en los días en que empezaba a escribir y, como tantas veces en mi incomprensible oficio de escritor, sólo mucho después me di cuenta de que el sueño era también parte del libro y que contenía la clave de esa convergencia de actividades hasta entonces disímiles.

Así este autor comprometido con su presente histórico, muestra su anhelo en las revoluciones latinoamericanas, en las grandes utopías de la humanidad, en el hombre nuevo representado por los Manueles del mundo.

Pero el libro también presenta un recorte bastante interesante y  que continua un recurso literario usado en Rayuela: la comparación de artículos periodísticos, retomando lo dicho anteriormente sobre las fuentes, el autor toma por un lado, las declaraciones de detenidos, principalmente del ERP, y las torturas de las que son víctimas, poniendo en la otra columna, las declaraciones de soldados de Vietnam, que señalan como es el entrenamiento que reciben antes de concurrir a la guerra y como son las torturas practicadas a los prisioneros. Así el lector, puede percatarse de como ambas caras son una sola: la tortura y la represión a quienes no están de acuerdo con el orden imperante. Y desenmascara  las conexiones de aquellos militares nacionalistas que tras los discursos de eliminar las subversiones extranjerizantes, se alían bajo las doctrinas del imperialismo norteamericano

  • Apocalipsis de Solentiname

En este texto, hay una ambigüedad donde pareciera que el narrador coincide con el autor real y pareciera por momentos que algunos pasajes son autobiográficos. Lo interesante del cuento es que por un lado es una especie de mensaje que Cortázar hacia los otros escritores, el mensaje del compromiso político y de ser testigo de lo que está ocurriendo. Y por otro lado, está la denuncia, a través del revelado, justamente la “revelación”, el quitar el velo a aquello que está ocurriendo y no se ve, a la imagen que se vende afuera, y lo que se vive desde dentro, a lo que permanece oculto; tal como podría ser “La matanza de Tlatelolco” (1968) en México, o posterior al cuento, el Mundial ’78 en Argentina, por citar algunos ejemplos.

El viaje es el motivo a través del cual se establece el vínculo con la gente de América Latina, con otros escritores amigos. Lo reciben los ticos de Costa Rica. Pero él sabe que también tendrá que dar entrevistas y recrea a manera de guiño, las preguntas de siempre: “por qué no vivís en tu patria, qué pasó que Blow-Up era tan distinto de tu cuento, te parece que el escritor debe estar comprometido?”; “[…] y si por si acaso es chez San Pedro la cosa no va a cambiar, a usted no le parece que abajo escribía demasiado hermético para el pueblo?” .De este modo, Cortázar da cuenta de aquellos temas que lo interrogan también desde los otros. Pienso que este cuento, intenta dar respuestas al menos a ciertas preguntas, sobre todo a esas repetidas acerca de su compromiso y la escritura.

“siempre me conmueve que alguien como Ernesto venga a verme y a buscarme, vos dirás que hiervo de falsa modestia, pero decílo no más viejo, el chacal aúlla, pero el ómnibus pasa, siempre seré un aficionado, alguien que desde abajo quiere tanto a algunos que un día resulta que también lo quieren”

En esta cita se refiere a Ernesto Cardenal que se ha enterado de su visita a Costa Rica y ha querido invitarlo y llevarlo él mismo a Solentiname, el archipiélago en el que Cardenal tiene su comunidad místico-religiosa. Además, su intención es la de protegerse frente a las apreciaciones que los otros puedan tener de él.

Hubo fotos en el camino, señala Cortázar. Las fotos constituyen el núcleo de este relato porque establecen el nexo entre el pasado del viaje a Centro América en el relato y el presente de Europa, de París, lugar en donde Cortázar recepciona el recuerdo reproducido por las imágenes captadas.

Llegan a Solentiname y lo primero que ve son las pinturas hechas por los campesinos de la zona. Pinturas que son descritas de la siguiente manera:

“todas tan hermosas, una vez más la visión primera del mundo, la mirada limpia del que describe su entorno como un canto de alabanza: vaquitas enanas en prados de amapolas, la choza de azúcar de donde va saliendo la gente como hormigas, el caballo de ojos verdes contra un fondo de cañaverales, el bautismo en una iglesia que no cree en la perspectiva y se trepa o se cae sobre sí misma, el lago con botecitos como zapatos y en último plano un pez que ríe con labios de color turquesa”

La sencillez de estas obras de los campesinos, está vinculada con el tipo de vida de la Comunidad y el misticismo que en ella hay. Estas pinturas, sin embargo, están a la venta para ayudar a la comunidad a “tirar para adelante”. Este es un espacio que vive en la precariedad económica y también en el riesgo, en la amenaza político y social. Cortázar señala nuevamente el carácter común de riesgo de toda América Latina.

Cuando se acerca el tiempo del regreso, nuevamente él piensa en las fotografías que pueden recrear ese entorno. Toma fotografías de todos los cuadros y recibe por parte de Ernesto Cardenal el nombre de: “ladrón de cuadros”, “contrabandista de imágenes”.

La vuelta a París significa la nostalgia, el encuentro con “Claudine calladita” y “la vida de reloj pulsera”, la rutina.

Ya en su casa de París, comienza a mirar las diapositivas de la misa en Solentiname, queriendo quedarse en cada una de ella más tiempo de lo debido. De pronto, en el lugar de las fotografías de las pinturas comienzan a aparecer escenas de muerte y de tortura. La primera, de un muchacho con un agujero en la mitad de la frente, rodeado de esbirros con metralletas. La reacción de Cortázar es pensar en algún tipo de equívoco, sin embargo antes estaban las de la misa y esas estaban bien; la segunda es una escena de cuerpos amontonados, boca arriba, “mirando el cielo desnudo y gris”, detrás un grupo de uniformados; la tercera escena, es en una calle Corrientes con San Martín, desde un auto negro le apuntan a alguien; luego una escena de tortura a una mujer encima de una mesa (imagen que se repite en Recortes de prensa); luego la escena de la muerte de Roque Dalton asesinado en El Salvador en 1975.

Las escenas de horror se suceden en la pantalla y en distintos lugares de América Latina. Las escenas se detienen y Claudine le pide que se las muestre. Cortázar rebobina y sale a preparar un trago para ella. Una vez en el baño, no sabe si vomitó, lloró o simplemente estuvo sentado al borde de la bañera. Claudine, la mujer del escritor, también mira las fotografías de Solentiname, no obstante ella ve las pinturas y no las escenas de masacre, muerte y represión, tal vez Claudine no puede llegar a ver la amenaza porque ella es europea.

Cortázar actúa como el narrador de un sujeto a través del cual se pueden prever estas situaciones límites: “Insisto en que a ningún escritor le exijo que se haga tribuno de la lucha que en tantos frentes se está librando contra del imperialismo en todas sus formas, pero que sí sea testigo de su tiempo como lo querían Martínez Estrada y Camus y que su obra y su vida  (¿pero cómo separarlas?) den ese testimonio en la forma
que les sea propia. Ya no es posible respetar como se respetó en otros tiempos al escritor que se refugiaba en una libertad mal entendida para dar la espalda a su propio signo humano, a su pobre y maravillosa condición de hombre entre hombres, de privilegiado entre desposeídos y martirizados.”
( Carta a Roberto Fernández Retamar)

Se podría señalar que en este relato están presentes las reflexiones que desde la década del ’60 el autor venía elaborando. Sin embargo, la producción de estos cuentos con una línea política más clara ocurre en la década del setenta en adelante.

Claudine, la mujer del escritor, también mira las fotografías de Solentiname, no obstante ella ve las pinturas y no las escenas de masacre, muerte y represión, tal vez Claudine no puede llegar a ver la amenaza porque ella es europea

  • Graffitti

En este cuento el autor arma una especie de juego donde el personaje  no es tan identificable (por lo menos para mí) pero creo que la intencionalidad está puesta en representar el testimonio de alguien que de una manera artística y simbólica realiza una protesta, aunque en realidad todo se convierte  en protesta cuando el régimen es opresor: …Tu propio juego había empezado por aburrimiento, no era en verdad una protesta contra el estado de cosas en la ciudad, el toque de queda, la prohibición amenazante de pegar carteles o escribir en los muros. Poco les importaba que no fueran dibujos políticos, la prohibición abarcaba cualquier cosa, y si algún niño se hubiera atrevido a dibujar una casa o un perro, lo mismo lo hubieran borrado entre palabrotas y amenazas. En la ciudad ya no se sabía demasiado de que lado estaba verdaderamente el miedo; quizás por eso te divertía dominar el tuyo y cada tanto elegir el lugar y la hora propicios para hacer un dibujo.  (…)

Aquí, la representación del contexto, no hace referencia a un gobierno en particular, pero sí a un  miedo sin rostro, al imaginario que hay bajo un gobierno represivo, el sentir la amenaza constante, la persecución continua del ojo que todo lo ve, de la pesadilla orwelliana que el Cortázar de Rayuela, encarnado en  Morelli, no  pensaba jamas conocer.

(…)Nunca habías corrido peligro porque sabías elegir bien, y en el tiempo que transcurría hasta que llegaban los camiones de limpieza se abría para vos algo como un espacio más limpio donde casi cabía la esperanza.(…)

Los camiones de limpieza parecen hacer referencia a aquello que viene a hacer “limpieza”, pero una limpieza de hombres, de ideas, de todo lo que no está de acuerdo con las ideas imperantes.

Mirando desde lejos tu dibujo podías ver a la gente que le echaba una ojeada al pasar, nadie se detenía por supuesto pero nadie dejaba de mirar el dibujo, a veces una rápida composición abstracta en dos colores, un perfil de pájaro o dos figuras enlazadas. (…)

La descripción es interesante y sigue la linea del imaginario: nadie ve nada, pero a la vez todos ven todo.

Una sola vez escribiste una frase, con tiza negra: A mí también me duele. No duró dos horas, y esta vez la policía en persona la hizo desaparecer. Después solamente seguiste haciendo dibujos.(…)

Aquí la única expresión en palabras: A mí también me duele, la amenaza fue mayor, porque esta  vez, fue la policía la que vino a quitar el mensaje.

Cuando el otro apareció al lado del tuyo casi tuviste miedo, de golpe el peligro se volvía doble, alguien se animaba como vos a divertirse al borde de la cárcel o algo peor, y ese alguien como si fuera poco era una mujer(…) A lo mejor como andabas solo te imaginaste por compensación; la admiraste, tuviste miedo por ella, esperaste que fuera la única vez, casi te delataste cuando ella volvió a dibujar al lado de otro dibujo tuyo, unas ganas de reír, de quedarte ahí delante como si los policías fueran ciegos o idiotas.(…)Fue un tiempo de contradicción insoportable(…) Una noche viste su primer dibujo solo; lo había hecho con tizas rojas y azules en una puerta de garage, aprovechando la textura de las maderas carcomidas y las cabezas de los clavos. Era más que nunca ella, el trazo, los colores, pero además sentiste que ese dibujo valía como un pedido o una interrogación, una manera de llamarte. Volviste al alba, después que las patrullas relegaron en su sordo drenaje, y en el resto de la puerta dibujaste un rápido paisaje con velas y tajamares; de no mirarlo bien se hubiera dicho un juego de líneas al azar, pero ella sabría mirarlo. Esa noche escapaste por poco de una pareja de policías, (…)la imaginaste morena y silenciosa, le elegiste labios y senos, la quisiste un poco.

Casi enseguida se te ocurrió que ella buscaría una respuesta, (…)y aunque el peligro era cada vez mayor después de los atentados en el mercado te atreviste a acercarte al garaje(…)(ya habían limpiado la puerta del garage y una patrulla volvía y volvía rabiosa)Ya era noche cerrada cuando oíste la sirena y los proyectores te barrieron los ojos. Había un confuso amontonamiento junto al paredón, corriste contra toda sensatez y sólo te ayudó el azar de un auto dando vuelta a la esquina y frenando al ver el carro celular, su bulto te protegió y viste la lucha, un pelo negro tironeado por manos enguantadas, los puntapiés y los alaridos, la visión entrecortada de unos pantalones azules antes de que la tiraran en el carro y se la llevaran.

Aquí la denuncia clara, primero el animarse, la transgresión, que podían terminar en la cárcel, o algo peor y ella, que podría ser real, o podría ser imaginaria, que es un símbolo como todo el relato, un símbolo de los que eligen transgredir las reglas, en este caso y que no es ajeno a Cortázar, mediante el arte. Finalmente se la llevan, él escondido detrás de un auto, sin hacer nada, con la culpa de quien se rebela.

(…) era horrible temblar así, era horrible pensar que eso pasaba por culpa de tu dibujo en el paredón gris) te mezclaste con otras gentes y alcanzaste a ver un esbozo en azul, los trazos de ese naranja que era como su nombre o su boca, ella así en ese dibujo truncado que los policías habían borroneado antes de llevársela; quedaba lo bastante como para comprender que había querido responder a tu triángulo con otra figura, un círculo o acaso un espiral, una forma llena y hermosa, algo como un sí o un siempre o un ahora.

Se la llevan por eso, había una respuesta, algo hermoso al lado del horror, algo que no podía ser, una respuesta afirmativa: sí, o ahora, o siempre.

Lo sabías muy bien, te sobraría tiempo para imaginar los detalles de lo que estaría sucediendo en el cuartel central; en la ciudad todo eso rezumaba poco a poco, la gente estaba al tanto del destino de los prisioneros, y si a veces volvían a ver a uno que otro, hubieran preferido no verlos y que al igual que la mayoría se perdieran en ese silencio que nadie se atrevía a quebrar.(…)

El mensaje es bien explícito esta vez, otra vez todos sabían todo, pero nadie quería saber nada, era mejor guardar silencio, no preguntar, no denunciar. La cultura del miedo.

(…)Desde lejos descubriste otro dibujo, sólo vos podrías haberlo distinguido tan pequeño en lo alto y a la izquierda del tuyo. Te acercaste con algo que era sed y horror al mismo tiempo, viste el óvalo naranja y las manchas violetas de donde parecía saltar una cara tumefacta, un ojo colgando, una boca aplastada a puñetazos.

El autor expresa claramente la represión, la tortura, por medio de las figuras.

(…)Ya sé, ya sé ¿pero qué otra cosa hubiera podido dibujarte? ¿Qué mensaje hubiera tenido sentido ahora? De alguna manera tenía que decirte adiós y a la vez pedirte que siguieras. Algo tenía que dejarte antes de volverme a mi refugio donde ya no había ningún espejo, solamente un hueco para esconderme hasta el fin en la más completa oscuridad, recordando tantas cosas y a veces, así como había imaginado tu vida, imaginando que hacías otros dibujos, que salías por la noche para hacer otros dibujos.

  • Recortes de prensa

“Aunque no creo necesario decirlo, el primer recorte es real y el segundo imaginario”.

En este enunciado se muestra la tensión que atraviesa el cuento desde el comienzo: lo real/lo imaginario. Desde el epígrafe se ve la irrupción de la realidad (recorte de prensa real) en este cuento de ficción. Esto hace que parezca una invasión del ámbito de lo real, que es y ha sido ajeno a la literatura.

Los personajes: el escultor argentino, la escritora argentina, Noemí, y los integrantes de los recortes de prensa que se situarían, en un nivel distinto que la pareja. La acción ocurre en Francia, en la ciudad de París, en la calle de Riquet, al parecer un suburbio en el que se vive no muy fácilmente. Los dos personajes, son argentinos y artistas viviendo en Francia. La situación cultural que ellos padecen es la de extranjeros, latinos en Europa. Ambos personajes se (re)conocen: “En realidad nos conocemos mal, desde pedazos del tiempo que abarcan ya veinte años”. El requiere de ella un texto que acompañe un libro que él prepara con algunas reproducciones (fotografías) de sus esculturas. La temática que él trabaja en sus esculturas es la violencia:”la violencia en todas las latitudes políticas y geográficas que abarca al hombre como lobo del hombre” .Sin embargo la narración está, en un comienzo, referida a Argentina y a la memoria que de ella se tiene fuera del país: “Algo sabíamos de eso, una vez más dos argentinos dejando subir la marea de los recuerdos, la cotidiana acumulación del espanto a través de cables, cartas, repentinos silencios”.

Noemí debe mirar las esculturas del argentino para escribir un texto adecuado para ellos. Las esculturas que tematizaban la violencia fueron para ella: “ingenuas, sutiles, sin tremendismo ni extorsión sentimental”. Inclusive la tortura:“no había sido mostrada con la dudosa minucia de tantos afiches y textos y películas que volvían a mi memoria también dudosa, también demasiado pronta a guardar imágenes y devolverlas para vaya a saber qué oscura complacencia”. El texto que ella desea producir para esta modalidad de tratamiento de la violencia debería estar elaborado en ese mismo tono.

El primer recorte (corte de una realidad) es el testimonio de una mujer argentina Laura Beatriz Bonaparte Bruschtein, quien relata la muerte y desaparición de parte de su familia:

su hija, Aída Leonora Bruschtein Bonaparte

su yerno Adrián Saigón

su marido Santiago Bruschtein

la hermana de su nuera Patricia Villa y su prometido Eduardo Suárez.

su hija Irene Mónica Bruschtein Bonaparte

su yerno Mario Ginzberg

Este recorte, con lugar y fecha de publicación (El País, octubre de 1978, reproducido en Denuncia, diciembre de 1978) provoca en ambos personajes del cuento, una gran impotencia y rabia, Cortázar en este relato, demuestra cual es la situación de los exiliados con respecto a la realidad argentina, o latinoamericana, acaso una manera de responder a aquellos que lo acusan de vivir tranquilamente en Europa, mientras aquí se suceden hechos brutales.

El juego real/imaginario se hace más potente cuando se establece el nexo con las secuencias narrativas que arman el segundo recorte de prensa. Es en este momento cuando ocurre el episodio que origina el segundo recorte de prensa, que según el epígrafe es “imaginario”.

Es en esta atmósfera cuando, en un momento, Noemí logra despejar su mente y ve a una niña sentada en un escalón de un portal . La niña tiene una actitud corporal apretada y cerrada, sus manos en la cara dan señas que algo le pasa. Noemí se acerca y le pregunta. La niña llorosa dice:“Mi mamá-. Mi papá le hace cosas a mi mamá”. Esta manera de decir colabora en la indeterminación de los sentidos de la escena. La niña luego se aparta y comienza a caminar. Noemí la sigue. El ámbito es confuso, todo está en penumbras y no se distingue bien: algo que parece jardín es más bien una huerta alambrada; los portales son descritos con palabras que hacen pensar en un campo de concentración o de prisioneras/os (pabellón con techo de zinc o latas, barracas) más que en una población.Llegan a un zaguán y la niña le indica con el dedo, Noemí ve una puerta entornada y algo de luz que se filtra entre las rendijas. No sabe por qué continúa y no se va. No se explica el absurdo de continuar en algo que no le incumbe. Noemí lo primero que percibe son olores a quemado y gemidos o alaridos entrecortados. Entreabre la puerta y aparece una escena ferozmente descrita. Un hombre dándole la espalda, una mesa con un mantel de diario, botellas de vino y una cama con un cuerpo de mujer desnudo y amordazado, las manos y los pies atados a la cama. El papá de la niña le hacía cosas a la mamá: se llevaba el cigarrillo encendido a la boca y luego lentamente lo bajaba hasta el cuerpo de la mamá y lo apoyaba en un seno. Entonces el gemido se incrementaba. Noemí vio el cuerpo de la mamá entero llagado. Destacamos un enunciado que indetermina lo que Noemí hace en un primer momento: “El alarido y la sacudida del cuerpo en la cama que crujió bajo el espasmo se mezclaron con cosas y actos que yo no escogí y que jamás podré explicarme.” Noemí descarga el taburete desvencijado encima del papá. Cuando Noemí busca con la mirada a la niña en la puerta ésta ya no está, se ha ido. Todo lo que sigue es percibido y descrito como: “Lo que vino después pude haberlo visto en una película o leído en un libro, yo estaba allí como sin estar, pero estaba con una agilidad y una intencionalidad….”

Esa sensación de ver un filme es lo que pensábamos a partir de las escenas descritas, como lectoras y también es lo percibido por la narradora Noemí. Lo que ocurre a continuación es algo así como la venganza de dos mujeres que vehiculan tipos de violencia. Noemí la violencia de las dictaduras militares y la mujer (la mamá) la violencia doméstica. Noemí la libera de sus amarras y entre las dos levantan al hombre del suelo para ponerlo en la cama, lo desnudan , lo atan y lo amordazan. Sin embargo, Noemí señala:”Lo que sigue no lo sé, veo a la mujer siempre desnuda, sus manos arrancando pedazos de ropa, desabotonando un pantalón y bajándolo hasta arrugarlo contra los pies, veo sus ojos en los míos, un sólo par de ojos desdoblados y cuatro manos arrancando y rompiendo y desnudando[…], ahora que tengo que recordarlo y que tengo que escribirlo mi maldita condición y mi dura memoria me traen otra cosa indeciblemente vivida, pero no vista, un pasaje de un cuento de Jack London en el que un trampero del norte lucha por ganar una muerte limpia mientras a su lado, vuelto una cosa sanguinolenta que todavía guarda un resto de conciencia, su camarada aúlla y se tuerce torturado por las mujeres de la tribu y que hacen de él una horrorosa prolongación de vida entre espasmos y alaridos, matándolo sin matarlo, exquisitamente refinadas en cada nueva variante, jamás descrita, pero ahí, como nosotras ahí jamás descritas y haciendo lo que debíamos hacer lo que teníamos que hacer.”

En un primer instante Noemí está afuera. Ella ve a la mujer que hace, pero no se ve a sí misma, sin embargo a partir de la memoria y el cruce con un relato de London, Noemí señala en el nosotras un colectivo de mujeres que deben y tienen que hacer “eso”: la tortura como venganza. La descripción hecha con anterioridad al texto citado menciona las imágenes que vienen a la memoria de Noemí durante el proceso de inversión de la torturada por el torturado. Esas imágenes son las de las mujeres asesinadas y las manos en el frasco como imágenes obsesivas que claman venganza. Es el acto que ella no se podrá explicar y que legitima la violencia como mano de vuelta del ejercicio de poder arbitrario, perverso y represor.

La narración de Noemí da cuenta de la sorpresa del acto, del tomar la venganza a través de la tortura y aplicar en un hombre la tortura para muchos que merecieron lo mismo porque a su vez habían torturado. Ella finalmente entre la indeterminación y el vértigo de lo hecho, regresa a su casa, se emborracha, duerme muchas horas y luego trabaja toda la tarde escribiendo. Lo que escribe es la experiencia de tortura vivida y se la cuenta por teléfono al escultor, explicándole que es lo que él le pidió: el texto para su libro.

El acto de escritura está funcionando aquí a modo de ejercicio o práctica que exorciza la experiencia brutal (que puede llegar a ser real): ser testigo de la tortura de que es víctima la niña que sabe que su padre le hace cosas a su mamá, la tortura a la mamá con quemadas de cigarrillo y la tortura a ella misma que debe o tiene que torturar para vengar la tortura a los otros/as. De este modo la escritura de Noemí se constituye en la réplica de lo que el autor, Cortázar, hace al elaborar este cuento articulado por el eje de lo real/lo imaginario.

“Capítulos  prescindibles”

De amor y revolución

Mi hermano, el Che


Por los datos que tengo, no me consta que Cortázar haya conocido al Che; sin embargo, su figura “ilumina” al escritor, que identifica a la revolución con el mismo Che y no serán pocas las veces que se declare el “che” de la literatura.

Dentro de los tal vez insuficientes conocimientos que tengo de los dos tienen cosas en común, los dos clase media, asmáticos de niños, no pueden asistir siempre al colegio, y pasan una infancia rodeada de hermanas y tardes de lectura de Verne y Salgari. Pero la identificación mas fuerte creo yo, esta en el elegirse exiliado, en huir de la patria en busca de aventuras y chocarse con la realidad, “la pared de ladrillos” la llamará Cortázar, pero es justamente fuera de la patria, donde se es argentino… el Che, como los héroes de Cortázar ha salido ha su búsqueda de un nuevo mundo, pero no en el reino hegeliano del escritor, sino en uno que lo pone patas arriba, como diría Marx, el mundo nuevo no es el paraíso perdido ni el reino milenario, pasará por la praxis y no por las ideas… y  si las condiciones materiales no se dan… se encontrarán guerrilla de por medio, llamése Teoría del foco, o la acción en todas sus barajas… hay que corregir: En el principio fue el Verbo, por la acción, tal como en la obra de Goethe… Ser…Revenge!… el Oliveira que navegaba por ríos metafísicos, debatiéndose si tirarse desde el balcón sobre la rayuela, o desde el Sena, encontrará a alguien más joven, que ha cruzado hasta “la otra orilla” del río.

Aún cuando el Che vivía, Cortázar escribirá un cuento, Reunión,  que es una manera de homenajear al guerrillero por un lado, y una manera de hablar de sí mismo, otra transferencia, entre un Julio que se imagina revolucionario, mientras el otro Julio se queda en su cómoda posición…él andaba en la selva mientras yo dormía (Yo tuve un hermano, Cortázar)(…) Es natural que al Che mi cuento le resulte poco interesante (no lo dices tú, pero yo había recibido otras noticias que me lo hacen suponer). Una sola cosa cuenta, y es que en ese relato no hay nada “personal”. ¿Qué puedo saber yo del Che, y de lo que sentía o pensaba mientras se abría paso hacia la Sierra Maestra? La verdad es que en ese cuento él es un poco (mutatis mutandis, naturalmente) lo que fue Charlie Parker en “El perseguidor”. Catalizadores, símbolos de grandes fuerzas, de maravillosos momentos del hombre. El poeta el cuentista, los elige sin pedirles permiso; ellos son ya de todos, porque por un momento han superado la mera condición del individuo.(Carta a Roberto Fernandez Retamar, Paris, 3/7/65.Extraído del libro “Fervor de la Argentina” de Roberto Fernández Retamar © 1993, Ediciones del Sol, Buenos Aires, Argentina)

Tomando un pasaje de un libro del Che, donde recuerda un pasaje de Jack London, el escritor pinta el desembarco a la isla, que se produce como un cuarteto de Mozart.

(…)Calculando la diferencia de hora imaginé que en ese momento, miércoles, estaría llegando a su consultorio, colgando el sombrero en la percha, echando una ojeada al correo. No era una alucinación, me bastaba pensar en esos años en que habíamos vivido tan cerca uno de otro en la ciudad, compartiendo la política, las mujeres y los libros, encontrándonos diariamente en el hospital; cada uno de sus gestos me era tan familiar, y esos gestos no eran solamente los suyos sino que abarcaban todo mi mundo de entonces, a mí mismo, a mi mujer, a mi padre, abarcaban mi periódico con sus editoriales inflados, mi café a mediodía con los médicos de guardia, mis lecturas y mis políticas y mis ideales. Me pregunté qué estaría pensando mi amigo de todo esto, de Luis (Fidel) o de mí, y fue como si viera dibujarse la respuesta en su cara(…) una cara pagada de sí misma, empastada por la buena vida y las buenas ediciones y la eficacia del bisturí acreditado. Ni siquiera hacia falta que abriera la boca para decirme yo pienso que tu revolución no es más que…No era en absoluto necesario, tenia que ser así, esas gentes no podían aceptar una mutación que ponía en descubierto las verdaderas razones  de su misericordia fácil y a horario, de su caridad reglamentada y a escote, de su bonhomía entre iguales, de su antirracismo de salón  pero como la nena se va a casar con ese mulato, che, de su catolicismo con dividendo anual y efemérides en las plazas embanderadas, de su literatura de tapioca, de su folklorismo en ejemplares numerados y mate con virola de plata, de sus reuniones de cancilleres genuflexos, de su estúpida agonía inevitable a corto o a largo plazo.(…)Pobre amigo, me daba lastima imaginarlo defendiendo como un idiota precisamente los falsos valores que iban a acabar con él o en el mejor de los casos con sus hijos; defendiendo el derecho feudal a la propiedad y a la riqueza ilimitadas, él que no tenía más que su consultorio y una casa bien puesta, defendiendo los principios de la Iglesia cuando el catolicismo burgués de su mujer no había servido más que para obligarlo a buscar consuelo en las amantes, defendiendo su libertad individual cuando la policía cerraba las universidades por miedo, por el horror al cambio, por el escepticismo y la desconfianza, que eran los únicos dioses vivos de su pobre país perdido.(Reunión, Las armas secretas)

Pero el Che es asesinado en Bolivia, y tal vez con él se irán las ilusiones de conocer a su compatriota, en el dolor de la pérdida, Cortázar lo adopta como su hermano:

Solo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones.(…) Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional.

Yo tuve un hermano.


No nos vimos nunca
pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche

su estrella elegida.

Julio

(Carta a Retamar, París, 29/10/67, extraída del libro “Fervor de la Argentina” de Roberto Fernández Retamar © 1993, Ediciones del Sol, Buenos Aires, Argentina)

El “boom” latinoamericano


Hace unos meses, Miguel Ángel Asturias se alegraba de que un libro mío y uno de él estuvieran a la cabeza de las listas de best-sellers en Buenos Aires. Se alegraba pensando que se hacía justicia a dos escritores latinoamericanos. Yo le dije que eso estaba bien, pero que había algo mucho más importante: la presencia, por primera vez, de un público lector que distinguía a sus propios autores en vez de relegarlos y dejarse llevar por la manía de las traducciones y el snobismo del escritor europeo o yanqui de moda. Sigo creyendo que hay ahí un hecho trascendental, incluso para un país donde las cosas van tan mal como en el mío. Cuando yo tenía 20 años, un escritor argentino llamado Borges vendía apenas 500 ejemplares de algún maravilloso tomo de cuentos. Hoy cualquicr buen novelista o cuentista rioplatense tiene la seguridad de que un público inteligente y numeroso va a leerlo y juzgarlo. Es decir que los signos de madurez (dentro de los errores, los retrocesos, las torpezas horribles de nuestras políticas sudamericanas y nuestras economías semi-coloniales) se manifiestan de alguna manera, y en este caso de una manera particularmente importante, a través de la gran literatura. Por eso no es tan raro que ya haya llegado la hora de escribir así, Roberto, y ya verás que junto con mi libro o después de él van a aparecer muchos que te llenarán de alegría. Mi libro ha tenido una gran rcpercusión, sobre todo entre los jóvenes, porque se han dado cuenta de que en él se los invita a acabar con las tradicioncs literarias sudamericanas que, incluso en sus formas más vanguardistas, han respondido siempre a nuestros complejos de inferioridad, a eso de “ser nosotros tan pobres”, como dices a propósito del elogio de Rubén a Martí. Ingenuamente, un periodista mexicano escribió que Rayuela era la declaración de independencia de la novela latinoamericana. La frase es tonta pero encierra una clara alusión a esa inferioridad que hemos tolerado estúpidamente tanto tiempo, y de la que saldremos como salen todos los pueblos cuando les llega su hora. No me creas demasiado optimista; conozco a mi país, y a muchos otros que lo rodean. Pero hay signos, hay signos. . . Estoy contento de haber empezado a hacer lo que a mí me tocaba, y que un hombre como tú lo haya sentido y me lo haya dicho. (Carta a Retamar 17/08/67)

(…)Es que el supuesto “boom” de nuestras letras no equivale de ninguna manera a cualquiera de los grandes momentos de una literatura mundial, digamos la del Renacimiento en Italia, Francia e Inglaterra, la del Siglo de Oro en España o la de la segunda mitad del siglo en Europa Occidental. Carecemos de lo básico, de una infraestructura cultural y espiritual (que depende por supuesto de condiciones económicas y sociales), y aunque en estos últimos quince años podemos estar satisfechos de una especie de autoconquista en el plano de las letras (escritores que escriben por fin latinoamericanamente y no como meros adaptadores de estéticas foráneas a los folklores regionales, y lectores que leen por fin a sus escritores y los respaldan gracias a una dialéctica de challenge and response, hasta hace poco inexistente), de todas maneras basta mirar un buen mapa, leer un buen periódico, tener conciencia de nuestra precaria situación en el plano de la economía, de la soberanía, del destino histórico, para comprender que la realidad es bastante menos importante de lo que imaginan los patriotas de turno y los críticos extranjeros que nos exaltan y nos adulan entre otras cosas porque la moda ha cambiado, porque los novelistas yanquis han sido traducidos y digeridos hasta el cansancio, porque el neorrealismo italiano se acabó y la literatura francesa está en una etapa de transición y de laboratorio, razón por la cual nos toca ahora el turno y somos sumamente geniales y el rey Gustavo de Suecia no piensa más que en nosotros, pobre ángel. En Cuba, donde esta necesidad de afirmación de valores latinoamericanos suele llevar a ilusiones excesivas, me preguntaron hace un par de años cómo situaba el movimiento novelístico cubano contemporáneo en relación con el movimiento general de la prosa latinoamericana actual. Respondí algo que me sigue pareciendo aceptable y que reproduzco textualmente: “El término movimiento general es equivoco pues un lector desprevenido puede imaginar que se trata de un esfuerzo conjunto y coherente cuando en realidad las características usuales de América Latina en el campo intelectual -que son reflejo del resto de sus circunstancias- se mantienen por desgracia en vigor: me refiero a la frecuente soledad y aislamiento de sus intelectuales, y a la escasez de su número con relación a los lectores potenciales(…)

Si habláramos en cambio de una mera tendencia general, estaríamos más cerca de la verdad; es un hecho que en los últimos dos decenios y particularmente en el último, muchos cuentistas y novelistas latinoamericanos han coincidido, por encima de barreras geográficas y diferencias tradicionales, en el esfuerzo por asumir vigorosamente su destino nacional y por lo tanto continental y universal de intelectuales. En ese sentido lo mejor de la novelística cubana contemporánea se sitúa en esa misma línea, y no creo que se diferencie demasiado de las otras literaturas hermanas, como no sea por las obvias razones temáticas e idiomáticas que caracterizan parcialmente a nuestros países.

decir literatura cubana o peruana o argentina, se reduce todavía a citar un puñado de nombres frente a la desoladora inmensidad de pueblos enteros que no han accedido al nivel a partir del cual una literatura alcanza toda su fecundidad y todo su sentido. (…)

Nadie ha hecho más que Cuba revolucionaria para colmar esa terrible distancia entre los hombres y su propia literatura; pero en el plano del futuro al que aspiramos, toda América Latina está todavía en los umbrales de su literatura y, sobre todo, de la transformación de esa literatura en progreso espiritual y en cultura de los pueblos. (…)

Para no citar más que a figuras descollantes de la ficción, ni Borges, ni Juan Rulfo, ni Carpentier, ni Vargas Llosa, ni Fuentes, ni Asturias, ni Lezama Lima, ni Garcia Márquez han necesitado del extranjero para enterarse y enterar a sus lectores de lo que valían; y mucho menos, en el terreno poético, un Neruda o un Octavio Paz. Yo llevo diecisiete años viviendo y trabajando en Francia, lo cual podría haber influido en ese aspecto, y sin embargo, mis libros hicieron su camino exclusivamente en español y frente a lectores latinoamericanos. El problema, una vez más, es de subdesarrollo moral e intelectual; todavía existirá durante mucho tiempo la superstición del espaldarazo del gran critico inglés o alemán, la edición NRF o la noticia de que una novela argentina ha sido un “best-seller” en Italia. Basta vivir de este lado del charco para saber hasta qué punto nada de eso tiene importancia, y cómo los buenos críticos y lectores latinoamericanos reconocen hoy a sus escritores auténticos sin necesidad de que un Maurice Nadeau o una Susan Sontag se presenten en el marco de la ventana con el lirio de la anunciación. Basta y sobra que uno de nuestros críticos o escritores conocidos señale los méritos de un nuevo narrador o poeta para que inmediatamente sus libros se difundan en toda América Latina; a mí, por ejemplo, me ha tocado contribuir en estos tiempos a que José Lezama Lima y Néstor Sánchez hayan alcanzado la popularidad que merecen. De alguna manera hemos logrado una soberanía en el campo de las letras, lo que multiplica a la vez nuestra responsabilidad como creadores, críticos y lectores; cortado el falso cordón umbilical que nos ataba a Europa (los otros lazos, las grandes arterias del espíritu, no se cortarán jamás porque nos desangraríamos estúpidamente), empezamos a vivir nuestra vida propia; pero el niño es todavía muy pequeño, moja los pañales y se cae de cabeza a cada rato; tomarlo por un ente maduro seria una nueva ilusión, no menos nefasta que la de seguir atados a las diversas madres patrias del espíritu.(…)

El intelectual latinoamericano


Roberto Férnandez Retamar (escritor cubano), le pide a Julio Cortázar un artículo sobre la situación del intelectual latinoamericano, el autor se negará y escribirá una carta, que se hará bastante famosa, en la que describe su postura frente al apelativo y en el que hablará del exilio que eligió, y que reivindica, en pocas palabras deja claro que si merece llamarse intelectual latinoamericano es por un interés europeo y una causa cubana:

Prefiero este tono porque palabras como “intelectual” y “latinoamericano” me hacen levantar instintivamente la guardia y si además aparecen juntas me suenan enseguida a disertación del tipo de las que terminan casi siempre encuadernadas (iba a decir enterradas) en pasta española. Súmale a eso que llevo dieciséis años fuera de Latinoamérica y que me considero sobre todo como un cronopio que escribe cuentos y novelas sin otro fin que el perseguido ardorosamente por todos los cronopios, es decir su regocijo personal. Tengo que hacer un gran esfuerzo para comprender que a pesar de esas peculidaridades soy un intelectual latinoamericano; y me apresuro a decirte que si hasta hace pocos años esa clasificación despertaba en mí el reflejo muscular consistente en elevar los hombros hasta tocarme las orejas, creo que los hechos cotidianos de esta realidad que nos agobia (¿realidad esta pesadilla irreal, esta danza de idiotas al borde del abismo?) obligan a suspender los juegos, y sobre todo los juegos de palabra. Acepto, entonces, considerarme un intelectual latinoamericano, pero mantengo una reserva: no es por serlo que diré lo que quiero decirte aquí. Si las circunstancias me sitúan en ese contexto y dentro de él debo hablar, prefiero que se entienda claramente que lo hago como un ente moral, digamos lisa y llanamente como un hombre de buena fe, sin que mi nacionalidad y mi vocación sean las razones determinantes de mis palabras. El que mis libros estén presentes desde hace años en latinoamérica no invalida el hecho deliberado e irreversible de que me marché de la Argentina en 1951, y que sigo residiendo en un país europeo que elegí sin otro motivo que mi soberana voluntad de vivir y escribir en la forma que me parecía más plena y satisfactoria. Hechos concretos me han movido en los últimos cinco años a reanudar un contacto personal con Latinoamérica, y ese contacto se ha hecho por Cuba y desde Cuba; pero la importancia que tiene para mí ese contacto no se deriva de mi condición de intelectual latinoamericano; al contrario me apresuro a decirte que nace de una perspectiva mucho más europea que latinoamericana y más ética que intelectual. Si lo que sigue ha de tener algún valor, debe nacer de una total franqueza, y empiezo por señalarlo a los nacionalistas de escarapela y banderita que directa o indirectamente me han reprochado muchas veces mi “alejamiento” de mi patria o, en todo caso, mi negativa a reintegrarme físicamcnte a ella.
Y responde también a las críticas que le hacen por hablar de Latinoamerica desde Europa, justificando que su visión puede ser una visión más alejada de lo cotidiano y por ende, tanto o más valedera de quienes se encuentran enredados en su patria:

En última instancia tú y yo sabemos de sobra que el problema del intelectual contemporáneo es uno solo, el de la paz fundada en la justicia social, y que las pertenencias nacionales de cada uno sólo subdividen la cuestión sin quitarle su carácter básico. Pero es aquí donde un escritor alejado de su país se sitúa forzosamente en una perspectiva diferente. Al margen de la circunstancia local, sin la inevitable dialéctica del challenge and response cotidianos que representan los problemas políticos, económicos o sociales del país y que exigen el compromiso inmediato de todo intelectual conciente, su sentimiento del proceso humano se vuelve por decirlo así más planetario, opera por conjuntos y por síntesis, y si pierde la fuerza concentrada en un contexto inmediato, alcanza en cambio una lucidez a veces insoportable, pero siempre esclarecedora. Es obvio que desde el punto de vista de la mera información mundial, da casi lo mismo estar en Buenos Aires que en Washington o en Roma, vivir en el propio país o fuera de él. Pero aquí no se trata de información sino de visión. (…)

¿No te parece en verdad paradójico que un argentino casi enteramente volcado hacia Europa en su juventud, al punto de quemar las naves y venirse a Francia, sin una idea precisa de su destino, haya descubierto aquí, depués de una década, su verdadera condición de latinoamericano? Pero esta paradoja abre una cuestión más honda: la de si no era necesario situarse en la perspectiva más universal del viejo mundo, desde donde todo parece poder abarcarse con una especie de ubicuidad mental, para ir descubriendo poco a poco las verdaderas raíces de lo latinoamericano, sin perder por eso la visión global de la historia y del hombre.

También en esta carta declara que si no hubiera sido por Francia, jamás se hubiera interesado por la lucha de los pueblos, y hubiese seguido con su “escapismo intelectual”, lo que muestra la autocrítica a la que se hace referencia en torno a Reunión y Rayuela:

A veces me he preguntado qué hubiera sido de mi obra de haberme quedado en la Argentina; sé que hubiera seguido escribiendo porque no sirvo para otra cosa, pero a juzgar por lo que llevaba hecho hasta el momento de marcharme de mi país, me inclino a suponer que habría seguido la concurrida vía del escapismo intelectual que era la mía hasta entonces, y sigue siendo la de muchísimos intelectuales argentinos de mi generación y mis gustos. Si tuviera que aumentar las causas por las que me alegro de haber salido de mi país (y queda bien claro que hablo por mí solamente, y de ninguna manera a título de parangón) creo que la principal sería el haber seguido desde Europa, con una visión des-nacionalizada, la Revolución Cubana. Para afirmarme en esta convicción me basta, de cuando en cuando, hablar con mis amigos argentinos que pasan por París con la más triste ignorancia de lo que verdaderamente ocurre en Cuba; me basta hojear los periódicos que leen veinte millones de compatriotas; me basta y me sobra sentirme cubierto de la influencia que ejerce la información norteamericana en mi país y de la que no se salvan, incluso creyéndolo sinceramente, infinidad de escritores y artistas argentinos de mi generación que comulgan todos los días con las ruedas de molino subliminales de United Press y las revistas “democráticas” que marchan al compás de Time o de Life.(…)

La edad, la madurez, influyen desde luego, pero no bastan para explicar ese proceso de reconciliación y recuperación de valores originales; insisto en creer (y en hablar por mí mismo y sólo por mí mismo) que si me hubiera quedado en la Argentina, mi madurez de escritor se hubiera traducido de otra manera, probablemente más perfecta y satisfactoria para los historiadores de la literatura, pero ciertamente menos incitadora, provocadora y en última instancia fraternal para aquelllos que leen mis libros por razones vitales y no con vistas a la ficha bibliográfica o la clasificación estética. (…)

Como la falsa modestia no es mi fuerte, me asombra que a veces no se advierta hasta qué punto el eco que han podido despertar mis libros en Latinoamérica se deriva de que proponen un literatura cuya raíz nacional y regional está como potenciada por una experiencia más abierta y más compleja, y en la que cada evocación o recreación de lo originalmente mío alcanza su extrema tensión gracias a esa apertura sobre y desde un mundo que lo rebasa y en último extremo lo elige y lo perfecciona. Lo que entre ustedes ha hecho un Lezama Lima, es decir asimilar y cubanizar por vía exclusivamente libresca y de síntesis mágicopoética los elementos más heterogéneos de una cultura que abarca desde Parménides hasta Serge Diaghilev, me ocurrre a mí hacerlo a través de experiencias tangibles, de contactos directos con una realidad que no tiene nada que ver con la información o la erudición pero que es su equivalente vital, la sangre misma de Europa. (…)

Desde el momento en que tomé conciencia del hecho humano esencial, esa búsqueda representa mi compromiso y mi deber. Pero ya no creo, como pude cómodamente creerlo en otro tiempo, que la literatura de mera creación imaginativa baste para sentir que me he cumplido como escritor, puesto que mi noción de esa literatura ha cambiado y contiene en sí el conflicto entre la realización individual como la entendía el humanismo, y la realización colectiva como la entiende el socialismo, conflicto que alcanza su expresión quizá más desgarradora en el Marat-Sade de Peter Weiss. Jamás escribiré expresamente para nadie, minorías o mayorías, y la repercusión que tengan mis libros será siempre un fenómeno accesorio y ajeno a mi tarea; y sin embargo hoy sé que escribo para, que hay una intencionalidad que apunta a esa esperanza de un lector en el que reside ya la semilla del hombre futuro.(…)

nada de todo eso se justifica éticamente si al mismo tiempo no se está abierto a los problemas vitales de los pueblos, si no se asume decididamente la condición de intelectual del tercer mundo en la medida en que todo intelectual, hoy en día, pertenece potencial o efectivamente al tercer mundo puesto que su sola vocación es un peligro, una amenaza, un escándalo para los que apoyan lenta pero seguramente el dedo en el gatillo de la bomba. (…)

Incapaz de acción política, no renuncio a mi solitaria vocación de cultura, a mi empecinada búsqueda ontológica, a los juegos de la imaginación en sus planos más vertiginosos; pero todo eso no gira ya en sí mismo y por sí mismo, no tiene ya nada que ver con el cómodo humanismo de los mandarines de occidente. En lo más gratuito que pueda yo escribir asomará siempre una voluntad de contacto con el presente histórico del hombre, una participación en su larga marcha hacia lo mejor de sí mismo como colectividad y humanidad. Estoy convencido de que sólo la obra de aquellos intelectuales que respondan a esa pulsión y a esa rebeldía se encarnará en las conciencias de los pueblos y justificará con su acción presente y futura este oficio de escribir para el que hemos nacido.

Cortázar y la causa socialista

Empecé por tener conciencia de mi prójimo, en un plano sentimental y, por decirlo así, antropológico; un día desperté en Francia a la evidencia abominable de la guerra deArgelia, ya que de muchacho había seguido la guerra de España y más tarde la guerra mundial como una cuestión en la que lo fundamental eran pricipios e ideas en lucha. En 1957 empecé a tomar conciencia de lo que pasaba en Cuba (antes había noticias periodísticas de cuando en cuando, vaga nocion de una dictadura sangrienta, como tantas otras; ninguna participación afectiva, a pesar de la adhesión en el plano de los principios). El triunfo de la Revolución Cubana, los primeros años del gobierno, no fueron ya una mera satisfacción histórica o política, de pronto sentí otra cosa, una encarnación de la causa del hombre, como por fin había llegado a concebirla y desearla. Comprendí que el socialismo, que hasta entonces me había parecido una corriente histórica aceptable e incluso necesaria, era la única corriente de los tiempos modernos que se basaba en el hecho humano esencial, en el ethos tan elemental como ignorado por las sociedades en que me tocaba vivir, en el simple, inconcebiblemente difícil y simple principio de que la humanidad empezará verdaderamente a merecer su nombre el día en que haya cesado la explotación del hombre por el hombre. Más allá no era capaz de ir, porque como te lo he dicho y probado tantas veces, lo ignoro todo de la filosofía política, y no llegué a sentirme un escritor de izquierda a consecuencia de un proceso intelectual sino por el mismo mecanismo que me hace escribir como escribo o vivir como vivo, un estado en el que la intuición, la participación al modo mágico en el ritmo de los hombres y las cosas, decide mi camino sin dar ni pedir explicaciones. Con una simplificación demasiado maniquea puedo decir que así como tropiezo todos los días con hombres que conocen a fondo la filosofía marxista y actúan sin embargo con una conducta reaccionaria en el plano personal, a mí me sucede estar empapado por el peso de toda una vida en la filosoffa burguesa, y sin embargo me interno cada vez más por las vías del socialismo. Y no es fácil, y ésa es precisamente mi situación actual por la que se pregunta en esta encuesta. Un texto mío que publicaste hace poco en la revista, “Casilla del camaleón”, puede mostrar una parte de ese conflicto permanente de un poeta con e el mundo, de un escritor con su trabajo.
Pero para hablar de mi situación como escritor que ha decidido asumir una tarea que considera indispensable en el mundo que lo rodea, tengo que completar la síntesis de ese camino que llegó a su fin con mi nueva conciencia de la Revolución Cubana. Cuando fui invitado por primera vez a visitar tu país, acababa de leer Cuba, isla profiética, de Waldo Frank, que resonó extrañamente en mí, despertándome a una nostalgia, a un sentimiento de carencia, a un no estar verdaderamente en el mundo de mi tiempo aunque en esos años mi mundo parisiense fuera tan pleno y exaltante como lo había deseado siempre y lo había conseguido después de más de una década de vida en Francia. El contacto personal con las realizaciones de la Revolución, la amistad y el diálogo con escritores y artistas, lo positivo y lo negativo que vi y compartí en ese primer viaje, actuaron doblemente en mí; por un lado tocaba otra vez la realidad latinoamericana, de la que tan lejos me había sentido en el terreno personal, y por otro lado asistía cotidianamente a la dura y a veces desesperada tarea de edificar el socialismo en un país tan poco preparado en muchos aspectos y tan abierto a los riesgos más inminentes. Pero entonces sentí que esa doble experiencia no era doble en el fondo, y ese brusco descubrimiento me deslumbró. Sin razonarlo, sin análisis previo, viví de pronto el sentimiento maravilloso de que mi camino ideológico coincidiera con mi retorno latinoamericano; de que esa Revolución, la primera revolución socialista que me era dado seguir de cerca, fuera una revolución latinoamericana. Guardo la esperanza de que mi segunda visita a Cuba, tres años más tarde, te haya mostrado que ese deslumbramiento y esa alegría no se quedaron en mero goce personal. Ahora me sentía situado en un punto donde convergían y se conciliaban mi convicción en un futuro socialista de la humanidad y mi regreso individual y sentimental a una Latinoamérica de la que me habfa marchado sin mirar hacia atrás muchos años antes.
Cuando regresé a Francia luego de esos dos viajes, comprendí mejor dos cosas. Por una parte, mi hasta entonces vago compromiso personal e intelectutal con la lucha por el socialismo entraría, como ha entrado, en un terreno de definiciones concretas, de colaboración personal allí donde pudiera ser útil. Por otra parte, mi trabajo de escritor continuaría el rumbo que le marca mi manera de ser, y aunque en algún momento pudiera reflejar ese compromiso (como algún cuento que conoces y que ocurre en tu tierra) lo haría por las mismas razones de libertad estética que ahora me están llevando a escribir una novela que ocurre prácticamente fuera del tiempo y del espacio histórico. A riesgo de decepcionar a los catequistas y a los propugnadores del arte al servicio de las masas, sigo siendo ese cronopio que, como lo decía al comienzo, escribe para su regocijo o su sufrimiento personal, sin la menor concesión, sin obligaciones “latinoamericanas” o “socialistas” entendidas como a prioris pragmáticos. Y es aquí donde lo que traté de explicar al principio encuentra, creo, su justificación más profunda. Sé de sobra que vivir en Europa y escribir “argentino” escandaliza a los que exigen una especie de asistencia obligatoria a clase por parte del escritor. Una vez que para mi considerable estupefacción un jurado insensato me otorgó un premio en Buenos Aires, supe que alguna célebre novelista de esos pagos había dicho con patriótica indignación que los premios argentinos deberían darse solamente a los residentes en el país. Esta anécdota sintetiza en su considerable estupidez una actitud que alcanza a expresarse de muchas maneras pero que tiende siempre al mismo fin; incluso en Cuba, donde poco podría importar si habito en Francia o en Islandia, no han faltado los que se inquietan amistosamente por ese supuesto exilio.( Carta a Retamar)

Cortázar y el imperialismo

A continuación se presenta una nota, que una periodista de la revista Life, le pidió al escritor, tras una negativa, él accede pero no sin condiciones. El pasaje es interesante para ver como ha cambiado la posición del autor desde la muerte del Che, y cómo son los años en los que prepara alguno de los cuentos que figuran en la etapa 3. Esto sucede en 1968.

“Si como usted dice, Life quiere abrirse al diálogo, enhorabuena. Pero yo necesito una garantía formal, digamos incluso legal, de que razones «tipográficas», y otras argucias de última hora no van a mutilar o alterar mi texto… Yo entregaré un original de mis respuestas junto con una copia, y en esta copia, un responsable directo de Life hará constar que el original contiene el mismo texto hasta la última coma. Esta copia así certificada quedará en mis manos; si Life modifica luego la entrevista, yo podré iniciar una acción o protestar, pruebas en mano, en otras publicaciones de cualquier país.

“Todo eso suena mal, lo sé. Pero es que todo suena mal en el mundo de hoy. Hay muchas maneras de matar a los Che Guevara, y aunque estoy lejos de compararme a él, yo hago también mi guerrilla desde hace mucho contra el imperialismo yanqui.”(…)
Mi desconfianza inicial, mi demanda de garantías, sorprendieron a los responsables de Life como sorprenderían a muchos de sus lectores; empezaré por referirme a esto, pues es una manera de responder prácticamente a algunas de las preguntas de carácter ideológico y político que se me formulan. No solamente desconfió de las publicaciones norteamericanas del tipo de Life, en cualquier idioma en que aparezcan y muy especialmente en español, sino que tengo el convencimiento de que todas ellas, por más democráticas y avanzadas que pretendan ser, han servido, sirven y servirán la causa del imperialismo norteamericano, que a su vez sirve por todos los medios la causa del capitalismo.(…)

El capitalismo norteamericano ha comprendido que su colonización cultural en América Latina -punta de lanza por excelencia para la colonización económica y política- exigía procedimientos más sutiles e inteligentes que los utilizados en otros tiempos; ahora sabe servirse incluso de instituciones y personas que, en su propio país y en el exterior, creen combatirlo y neutralizarlo en el terreno intelectual. Hay algo de diabólico en este aprovechamiento de las buenas voluntades, de las complicidades inconscientes en las que caen tantos hombres a quienes la difusión de la cultura les sigue pareciendo ingenuamente el mejor camino hacia la paz y el progreso. La buena voluntad de Life puede ser en ese sentido tan diabólica como la más agresiva de las actitudes del Departamento de Estado, e incluso más en la medida en que muchos de sus redactores y la gran mayoría de sus lectores creen sin duda en la utilidad democrática y cultural de sus páginas. A mí me basta una ojeada a cualquiera de sus números para adivinar el verdadero rostro que se oculta tras la máscara; consulten los lectores, por ejemplo, el número del 11 de marzo de 1968: en la cubierta, soldados norvietnameses ilustran una loable voluntad de información objetiva; en el interior, Jorge Luis Borges habla larga y bellamente de su vida y de su obra; en la contratapa, por fin, asoma la verdadera cara: un anuncio de la Coca-Cola. Variante divertida en el número del 17 de junio del mismo año: Ho Chi Minh en la tapa, y los cigarrillos Chesterfield en la contratapa. Simbólicamente, psicoanalíticamente, capitalísticamente, Life entrega las claves: la tapa es la máscara, la contratapa el verdadero rostro mirando hacia América Latina.


Algún lector sobresaltado se estará preguntando cómo es posible que semejantes juicios se publiquen precisamente en la revista enjuiciada. Ignora, sin duda, que la dialéctica del diablo consiste justamente en pagar un alto precio para conseguir, en otro tablero, ganancias mucho más altas. (…)yo sostengo por mi parte que el capitalismo yanqui se vale de Life como de tantas otras cosas para sus fines últimos, que requieren la colonización cultural que facilite la colonización económica de América Latina; hoy sabemos que CIA ha pagado revistas que hablaban muy mal de la CIA, un poco como la Iglesia Católica tiene siempre un sector “avanzado” que arremete contra encíclicas y concilios. La tradición del bufón del rey no se ha perdido, porque es útil y necesaria para los reyes de todos los tiempos, aunque los de ahora huelan a petróleo y hablen con acento tejano.
Algún otro lector igualmente sobresaltado se estará encogiendo de hombros al darse-cuenta-de-la-verdad: Julio Cortázar es comunista, y por consiguiente ve enemigos escondidos en cada botella de la pausa que refresca. Como ya es hora de entrar en la entrevista propiamente dicha, será bueno aclarar que mi ideal del socialismo no pasa por Moscú sino que nace con Marx para proyectarse hacia la realidad revolucionaria latinoamericana que es una realidad con características propias, con ideologías y realizaciones condicionadas por nuestras idiosincrasias y nuestras necesidades, y que hoy se expresa históricamente en hechos tales como la Revolución Cubana, la guerra de guerrillas en diversos países del continente, y las figuras de hombres como Fidel Castro y Che Guevara. A partir de esa concepción revolucionaria, mi idea del socialismo latinoamericano es profundamente crítica, como lo saben de sobra mis amigos cubanos, en la medida en que rechazo toda postergación de la plenitud humana en aras de una hipotética consolidación a largo plazo de las estructuras revolucionarias. Mi humanismo es socialista, lo que para mi significa que es el grado más alto, por universal, del humanismo; si no acepto la alienación que necesita mantener el capitalismo para alcanzar sus fines, mucho menos acepto la alienación que se deriva de la obediencia a los aparatos burocráticos de cualquier sistema por revolucionario que pretenda ser. Creo, con Roger Garaudy y Eduardo Goldsticker, que el fin supremo del marxismo no puede ser otro que el de proporcionar a la raza humana los instrumentos para alcanzar la libertad y la dignidad que le son consustanciales; esto entraña una visión optimista de la historia, como se ve, contrariamente al pesimismo egoísta que justifica y defiende el capitalismo, triste paraíso de unos pocos a costa de un purgatorio cuando no de un infierno de millones y millones de desposeídos.
De todas maneras, mi idea del socialismo no se diluye en un tibio humanismo teñido de tolerancia; si los hombres valen para mí más que los sistemas, entiendo que el sistema socialista es el único que puede llegar alguna vez a proyectar al hombre hacia su auténtico destino; parafraseando el famoso verso de Mallarme sobre Poe (me regocija el horror de los literatos puros que lean esto) creo que el socialismo, y no la vaga eternidad anunciada por el poeta y las iglesias, transformará al hombre en el hombre mismo. Por eso rechazo toda solución basada en el sistema capitalista o el llamado neocapitalismo, y a la vez rechazo la solución de todo comunismo esclerosado y dogmático; creo que el auténtico socialismo esta amenazado por las dos, que no solamente no representan soluciones sino que postergan cada una a su manera, y con fines diferentes, el acceso del hombre auténtico a la libertad y a la vida.


Así, mi solidaridad con la Revolución Cubana se basó desde un comienzo en la evidencia de que tanto sus dirigentes como la inmensa mayoría del pueblo aspiraban a sentar las bases de un marxismo centrado en lo que por falta de mejor nombre seguiré llamando humanismo. No sé de otra revolución que haya contado con un apoyo más entusiasta de intelectuales y artistas, naturalmente sensibles a esa tentativa de afirmación y defensa de valores humanos a partir de una justicia económica y social. Para un intelectual que poco sabe de economía y de política esa coincidencia entre hombres como Fidel, el Che, y la enorme mayoría de los escritores cubanos (para no hablar de los intelectuales extranjeros) era el signo más seguro de la buena vía; por eso siempre me inquietaron -y me siguen inquietando- los conflictos que pueden darse en Cuba o en cualquier otra revolución socialista entre la plena manifestación del espíritu crítico revolucionario y otras tendencias más “duras” (quizá inevitables, pero también superables, pues eso y no otra cosa es una dialéctica bien entendida) que busquen en el intelectual una adhesión a ras de trabajo cotidiano, un mero magisterio más que una libre y alta creación de valores. Subrayo esta cuestión porque es la mejor manera de contestar a varias preguntas de Life y porque entiendo que un revolucionario (intelectual o guerrillero, pensador o ejecutor o ambas cosas, poco importa en este caso) está obligado a luchar en dos frentes, el exterior y el interior, es decir, contra el capitalismo que es el enemigo total, y también contra las corrientes regresivas o esclerosantes dentro de la revolución misma, los aparatos burocráticos tantas veces denunciados por Fidel Castro, esa barrera de la que creo ya hablaba Marx y que paulatinamente va aislando a los dirigentes de su pueblo, condenándolos a mirarse desde lejos como, quien contempla un acuario o forma parte de éste. Y puesto que he citado a Cuba, quisiera que se entienda (contestando de paso a una pregunta concreta de Life), que mi adhesión a su lucha revolucionaria nace de que la creo la primera gran tentativa en profundidad para rescatar a América Latina del colonialismo y del subdesarrollo. Cuando se me reprocha mi falta de militancia política con respecto a la Argentina, por ejemplo, lo único que podría contestar es, primero, que no soy un militante político y, segundo, que mi compromiso personal e intelectual rebasa nacionalidades y patriotismos para servir la causa latinoamericana allí donde pueda ser más útil. Desde Europa, donde vivo, sé de sobra que es preferible trabajar en pro de la Revolución Cubana que dedicarme a criticar el régimen de Onganía o de sus equivalentes en el cono sur, y que mi mejor contribución al futuro de la Argentina esta en hacer todo lo que pueda para ampliar el ámbito continental de la Revolución Cubana. Lo he dicho muchas veces, pero habría que repetirlo: el patriotismo (¿por qué no el nacionalismo, en el que tan fácilmente desemboca?) me causa horror en la medida en que pretende someter a los individuos a una fatalidad casi astrológica de ascendencia y de nacimiento. Yo les pregunto a esos patriotas: ¿Por qué no se quedó en la Argentina el Che Guevara? ¿Por qué no se quedó Régis Debray en Francia? ¿Qué diablos tenían que hacer fuera de su país? Pienso con algo que se parece al asco en los que le reprochan a Mario Vargas Llosa que viva en Europa o que se indignan porque yo asisto a un congreso cultural en La Habana en vez de ir a dar conferencias en Buenos Aires. Si en la Argentina las querellas políticas e intelectuales llevaran de una buena vez a un movimiento de fondo que se enfrentara revolucionariamente con las oligarquías y el gorilato, nada justificaría mi ausencia; pero tal como veo las cosas hoy en día, lo poco que puedo hacer en favor de ese movimiento de fondo lo estoy haciendo a mi manera desde Francia, como también desde Francia trabajo en pro de la Revolución Cubana. Y cuando voy a Cuba lo hago con fines concretos que no tendrían equivalentes válidos en la Argentina actual: formo parte de un jurado que escoge libros destinados a una población de la que un alto porcentaje ha salido del analfabetismo gracias a la obra revolucionaria, y cuya nueva generación está ansiosa de educación y cultura; trabajo en el comité de colaboración de la revista de la Casa de las Américas, asisto a un congreso donde se discute el deber de los intelectuales del tercer mundo frente al colonialismo económico y cultural, temas que no creo frecuentes en los congresos de escritores de nuestros países. Todo eso, como se ve, tiene un objetivo capital: la lucha contra el imperialismo en todos los planos materiales y mentales, lucha que desde Cuba y por Cuba sigue proyectándose sobre todo el continente, no sólo a nivel de la acción, que llega al martirio en las selvas de Bolivia, en Colombia y Venezuela, sino en las ideas, los diálogos entre intelectuales y artistas de todos nuestros países, la infraestructura moral y mental que acabará un día con el gorilato latinoamericano y con el subdesarrollo que todavía lo explica y hace su triste fuerza.
En una carta abierta a Roberto Fernández Retamar, que ha sido tema de no pocas polémicas, dije claramente que jamás renunciaría a ser ante todo y sobre todo un escritor y que esa y no otra era mi manera de hacer la revolución; pero este aserto no es una especie de escapismo por la vía de lo sublime, y por eso cuando Life me pregunta concretamente qué diferencia encuentro entre la intervención de los soviéticos en Checoslovaquia y la de los norteamericanos en la República Dominicana y en Vietnam, yo le pregunto a mi vez si alguno de los reporteros de Life vio niños quemados con napalm en las calles de Praga. Y cuando me pregunta en base a qué he desarrollado mi sentimiento antiyanqui, le contesto que si cualquier sistema imperialista me es odioso, el neocolonialismo norteamericano disfrazado de ayuda al tercer mundo, alianza para el progreso, decenio para el desarrollo y otras boinas verdes de esa calaña me es todavía más odioso porque miente en cada etapa, finge la democracia que niega cotidianamente a sus ciudadanos negros, gasta millones en una política cultural y artística destinada a fabricar una imagen paternal y generosa en la imaginación de las masas desposeídas e ingenuas. Aquí en París tengo sobrada ocasión de medir la fuerza con que se implantan los espejismos de la “civilización” norteamericana; en Moscú también saben de eso, según parece, y acaso en Checoslovaquia lo supieron demasiado. Si esto ocurre en países tan altamente desarrollados, ¿qué esperar de nuestras poblaciones analfabetas, de nuestras economías dependientes, de nuestras culturas embrionarias? ¿Cómo aceptar, incluso en sus formas más generosas -las hay, sin duda-, los dones de nuestro peor enemigo? Cuando se me dice que la ayuda de los Estados Unidos a Latinoamérica es menos egoísta de lo que parece, entonces me veo precisado a recordar cifras. En la última conferencia de la UNCTAD, celebrada en Nueva Delhi a comienzos de 1968, un informe oficial (no hablo de comunicados de delegaciones adversarias) indicó lo siguiente, textualmente: “En el año 1959, los Estados Unidos obtuvieron en América Latina 775 millones de dólares de beneficios por concepto de inversiones privadas, de los cuales reinvirtieron 200 y guardaron 575.” Estas son las cosas que prefieren ignorar tantos intelectuales latinoamericanos que se pasean por los Estados Unidos en plan de confraternidad cultural y otras comedias. Yo me niego a ignorarlo, y eso define mi actitud como escritor latinoamericano. Pero también -listen, American- me enorgullece que mis libros y los de mis colegas se traduzcan en los Estados Unidos, donde sé que tenemos lectores y amigos, y jamás me negare a un contacto con los auténticos valores del país de Lincoln, de Poe y de Whitman; amo en los Estados Unidos todo aquello que un día será la fuerza de su revolución, porque también habrá una revolución en los Estados Unidos cuando suene la hora del hombre y acabe la del robot de carne y hueso, cuando la voz de los Estados Unidos dentro y fuera de sus fronteras sea, simbólicamente, la voz de Bob Dylan y no la de Robert MacNamara.(…)
¿No habremos inventado la metafísica por mera pobreza, porque como en la fábula decretabamos que las uvas estaban verdes? No lo estaban para Platón, y esa es una metafísica de la nostalgia que pocos entendieron más allá de lo teórico; tampoco lo estaban para Rimbaud, y esa es ya la ardiente metafísica del verbo en plena tierra, y tampoco para el Che Guevara, y esa es la metafísica en el preciso instante en que Aquiles sabe que jamás alcanzará a la tortuga si se queda en la nostalgia o en el verbo, pero que si la alcanzará corriendo tras ella y demostrándole que el hombre vive aquí abajo y que esa es su verdadera metafísica si es capaz de adueñarse de la realidad y aniquilar los fantasmas inventados por una historia alienante. Creo que Marx acabó con las metafísicas compensatorias en el plano mental, y que mostró el camino para liquidarlas en el plano de la praxis; personalmente no necesito ya de esas metafísicas, creo con Sartre que la existencia precede a la esencia en la medida en que la existencia es como Aquiles y la esencia como la tortuga, es decir, que la auténtica existencia es correr para alcanzar la meta y que esa meta está aquí, no en el mundo de las ideas platónicas o en los diversos y vistosos paraísos de las iglesias.(…)
De paso: ¿Hasta cuándo vamos a seguir pegados a las bibliotecas? Día a día siento que las aparentemente liquidadas torres de marfil siguen habitadas en todos sus pisos y hasta en la azotea por una raza de escribas que se horripila de cualquier acto extraliterario dentro de la literatura, entendiendo que ésta nace del hombre como un gesto de conformismo y no con el libre movimiento de Prometeo al robarle el fuego al gorila de su tiempo. Lo cual me lleva analógicamente una vez más al problema del “compromiso” del escritor en lo que se refiere a los temas de que trata, porque los locatarios de las torres de marfil se-ponen-pálidos-como-la muerte ante la idea de novelizar situaciones o personajes de la historia contemporánea, puesto que en el fondo su idea de la literatura es aséptica, ucrónica, y tiende patéticamente a la eternidad, a ser un valor absoluto y permanente. (…)

Cuando publiqué Todos los fuegos el fuego, recibí no pocas cartas en las que después de alabar la mayoría de los cuentos se lamentaba la presencia del titulado Reunión, cuyos personajes eran transparentemente el Che y Fidel. Para los ebúrneos, en efecto, esos no son temas literarios. Por lo que a mí se refiere lo que ha dejado de ser literario es el libro mismo, la noción de libro; estamos al borde del vértigo, de las bombas atómicas, acercándonos a las peores catástrofes, y el libro sólo me parece una de las armas (estética o política o ambas cosas, pues cada cual debe hacer lo que le dé la gana mientras lo haga bien) que todavía puede defendernos del autogenocidio universal en el que colaboran alegremente la mayoría de las futuras víctimas. Me resulta risible que un novelista mexicano o argentino tenga úlcera de estómago porque sus libros no son lo bastante famosos, y que organice minuciosas políticas de autopromoción para que los editores o la critica no lo olviden; frente a lo que nos muestra la primera página de los diarios al despertar cada día, ¿no es grotesco imaginar esos pataleos espasmódicos con miras a una “duración” cada vez más improbable frente a una historia en la que los gustos y sus formas de expresión habrán cambiado vertiginosamente antes de mucho? Cuando me pregunta qué pienso del futuro de la novela, contesto que me importa tres pitos; lo único importante es el futuro del hombre, con novelas o televisores o todavía inconcebibles tiras cómicas o perfumes significantes o significativos, sin contar que a lo mejor uno de estos días llegan los marcianos con sus múltiples patitas y nos enseñan formas de expresión frente a las cuales El Quijote parecerá un pterodáctilo resfriado. Por mi parte me reservo la úlcera de estómago para cuando camino por los suburbios de Calcuta, cuando leo un discurso de Adolf Von Thaden o de Castelo Branco, cuando descubro, con Sartre, que un niño muerto en Vietnam cuenta más que La Nausea. El futuro de mis libros o de los libros ajenos me tiene perfectamente sin cuidado; tanto ansioso atesoramiento me hace pensar en esos locos que guardan sus recortes de uñas o de pelo; en el terreno de la literatura también hay que acabar con el sentimiento de la propiedad privada, porque para lo único que sirve la literatura es para ser un bien común como lo intuyó Lautréamont de la poesía, y eso no lo decide ni lo regentea ningún autor desde su torrecita criselefantina.(…)

Si no hacemos la revolución profunda en todos los planos y proyectamos al hombre de nuestras tierras hacia la órbita de un destino mas autentico. El verbo sólo será realmente nuestro el día en que también lo sean nuestras tierras y nuestros pueblos. Mientras haya colonizadores y gorilas en nuestros países, la lucha por una literatura latinoamericana debe ser -en su terreno espiritual, lingüístico y estético- la misma lucha que en tantos otros terrenos se esta librando para acabar con el imperialismo que nos envilece y nos enajena.

Cortázar es excomulgado de Cuba

En 1971, Cortázar -defensor de la Revolución Cubana desde su principio- fue “excomulgado” cuando él y un grupo internacional de intelectuales enviaron una carta a Fidel Castro protestando por el encarcelamiento y “confesión” firmada de Heberto Padilla: “Me sumo a los pocos críticos que han querido ver en Rayuela la denuncia imperfecta y desesperada del establishment de las letras, a la vez espejo y pantalla del otro establishment que está haciendo de Adán, cibernética y minuciosamente, lo que delata su nombre apenas se lo lee al revés: nada.”

El siguiente es un estracto de la carta que le envió a Haydeé Santamaría para defenderse de las acusaciones y darle las explicaciones necesarias para desenredar el malentendido que se había producido en Cuba, donde corrían los rumores de que el escritor había estado juntando firmas para perjudicar al gobierno de Fidel:

(…)No voy a fatigarte con detalles destinados a explicarte por qué, en el momento de la prisión de Padilla, procedí en la forma en que lo hice. No voy a justificarme, me importa muy poco justificarme. Pero tú me dices con toda claridad lo que fueron tus sentimientos cuando viste mi nombre entre los que firmaron la primera carta dirigida a Fidel, y es elemental que yo te responda diciéndote cuáles fueron mis sentimientos cuando, después del estupor y el escándalo provocado en Europa por la noticia del arresto de Padilla, empezaron a pasar los días y las semanas sin que ninguno de nosotros, los que necesitábamos un mínimo de información, recibiéramos el menor detalle que nos permitiera hacer frente a esa ola desencadenada por la prensa reaccionaria, de los falsos amigos de Cuba, de los oportunistas, de los resentidos y de los ingenuos. Una vez más (porque de alguna manera se repetía lo que me obligó a escribir aquel artículo de marras en Le Nouvel Observateur, tan mal leído e interpretado en Cuba cuando el primer “caso Padilla”), una vez más, Haydée, y créeme que era duro y desesperante, unos pocos nos vimos solos frente a una ofensiva que hablaba de torturas, de presiones, de campos de concentración, de estalinismo, de dominación soviética, y tanta basura que conoces de sobra. ¿Tú te das cuenta de lo que significa vivir en París y verse asediado por todos los que se interesan de veras por el proceso cubano, y que quieren una explicación coherente de lo que pasa, en el mismo momento en que un diario como Le Monde publica el texto de un cubano que afirma que Padilla ha sido torturado? Cien veces he dicho, en la Casa y fuera de ella, que la auténtica imagen de la Revolución Cubana debe ser mostrada sin tapujos en el exterior, para enfrentar y liquidar las calumnias y los malentendidos; esta vez (era la segunda vez en mi experiencia) me encontré solo frente al silencio, asediado por quienes me saben honrado y esperaban de mí una explicación aceptable de un episodio que la prensa internacional presentaba con las insinuaciones que te imaginas. Fue entonces -y esto te lo digo pesando cada palabra y asumiendo toda mi responsabilidad- que busqué en la embajada cubana de París una base que me permitiera responder a las preguntas incesantes que se me hacían. Y fue entonces que lo único que encontré en la embajada fue un silencio todavía peor, evasivas, “todavía no se sabe nada”, y lo que era peor, la torpeza de decir de Padilla lo que podría decirse del último de los gusanos de Miami.(…)

Haydée, si ser revolucionario es, como tú dices a renglón seguido, ser un hombre decidido que no escoge el camino más fácil, entonces soy un revolucionario aunque nunca me he dado a mí mismo tan alto título. Lo soy, basándome en tus propias palabras, porque aquí, durante el período del “caso Padilla”, el camino más fácil era simple y cómodo, era el que esperaban de mí los enemigos de Cuba: que me callara, que aceptara obedientemente el silencio, que dejara a gusanos y a traidores babear todo su veneno en las columnas de los diarios. Ya ves que en cambio tomé el menos fácil: firmar esa primera carta a Fidel, que sigo creyendo legítima dentro de una perspectiva internacional, y desvincularme de la segunda carta con todo lo que eso supuso para mí en muchos planos. Y créeme que nada de fácil ha tenido para mí enfrentar las consecuencias de esos actos, verme una vez más borrado de una plumazo de tantos puentes de afecto y de cariño que me unen con todo lo cubano, escuchar las calumnias previsibles, entrar en una “muerte civil” de muchos meses. Pero todo esto es cosa mía y no seguiré. Solamente quiero decirte que en lo que toca a mi conducta con respecto a la Revolución Cubana, mi manera de estar con dios (¡vaya comparación, compañera!) será siempre la misma, es decir que en momentos de crisis me guiaré por mi sentido de los valores -intelectuales o morales o lo que sean- y no me callaré lo que crea que no debo callarme. A nadie le pido que me acepte, yo sé de sobra que los revolucionarios de verdad terminan por comprender ciertas conductas que otros calificarían de revoltosas; la mejor prueba eres tú misma, al publicar mi “Policrítica” en la revista, y frente a cosas así poco me importa el hielo oficial de la embajada en París o el silencio de amigos cubanos muy queridos.

Extraído del suplemento Cultura del diario argentino La Nación, ejemplar del 7 de mayo del 2000.

Nicaragua, tan violentamente dulce

Noticias para viajeros

Si todo es corazón y rienda suelta
y en las caras hay luz de mediodía,
Si en una selva de armas juegan niños
y cada calle le ganó la vida,

No estás en Asunción ni en Buenos Aires,
No te has equivocado de aeropuerto
No se llama Santiago el fin de etapa
Su nombre es otro que Montevideo.

Viento de libertad fue tu piloto
Y brújula de pueblo te dio el norte,
cuántas manos tendidas esperándote,
cuántas mujeres, cuántos niños y hombres

Al fin alzando juntos el futuro,
Al fin transfigurados en si mismos,
mientras la larga noche de la infamia
se pierde en el desprecio del olvido

La viste desde el aire, ésta es Managua
de pie entre ruinas, bella en sus baldíos,
pobre como las armas combatientes
rica como la sangre de sus hijos

Ya ves, viajero, está su puera abierta,
todo el país es una inmensa casa.
No, no te equivocaste de aeropuerto:
Entra nomás, estás en Nicaragua

Managua, febrero de 1980

Julio, Cortázar

A continuación hay un fragmento de una entrevista que le realiza Osvaldo Soriano a Julio Cortázar, sobre la situación de Nicaragua y su papel en ella:

¿Qué te parece si pasamos a la política? Todos conocen tu compromiso con las revoluciones latinoamericanas, con Cuba y especialmente con Nicaragua. Más que un observador vos has querido ser protagonista de esas revoluciones.

Sí, en la medida en que puedo soy un participante intelectual con la única arma que tengo, que es mi capacidad de escritura, para darle a la revolución esos elementos de información por un lado y de comunicación hacia el exterior por el otro, que tanta falta le hace frente a las distorsiones, mentiras y calumnias. En este momento me interesa de manera especial la revolución nicaragüense porque la cubana ya es mayor de edad, ya es grandecita y sigue su camino, aunque en la medida de mis posibilidades sigo colaborando. En el caso de Nicaragua se trata de una revolución niña y que está muy amenazada. Como sabes, mi participación es apasionada y yo te diría incluso dramática, porque tengo plena conciencia del peligro y la fragilidad que hay en esa tentativa tan rodeada de enemigos.

-Pero en estos años supongo que habrás sufrido quizá algunas decepciones, que habrás mirado de manera crítica lo que pasó en Cuba, por ejemplo. ¿Crees que Nicaragua está al amparo de los errores cubanos?

-Claro que tuve muchas decepciones. Y los errores son tan repetibles como los aciertos en este campo, de manera que hay que estar muy vigilante. Yo cuento con una larga experiencia en lo que toca a la revolución cubana y eso me permite muchas veces en Nicaragua, cuando me parece observar detalles criticables, adelantarme a señalarlos. En eso tengo la ventaja, con respecto a Cuba, de estar muy cerca de la mayoría de los dirigentes de Nicaragua, que me tienen confianza y afecto porque saben que mi solidaridad es total. Una solidaridad crítica, claro, de manera que cuando yo tengo una charla con Ernesto Cardenal, o con Miguel D’Escoto o con Tomás Borge, o Daniel Ortega o Sergio Ramírez, con mucha frecuencia surgen temas y cuestiones en los que tengo que decir las cosas que no me parecen bien y a ellos les toca escuchar o no esas palabras. Hasta ahora sé que las escuchan porque son sensibles y se dan cuenta de que están luchando con una enorme desventaja en muchos planos y que sólo a fuerza de intensidad mental se va a poder salir adelante. El problema en Nicaragua es que no hay un minuto que perder. Por ejemplo, me dio una gran alegría leer hace pocos días que Tomás Borge, que es ministro del Interior, reconoce que cometieron errores considerables con los indios miskitos por no haber hecho un trabajo preparatorio de conocimiento étnico de su mentalidad. La ingenuidad revolucionaria, que es tan frecuente en nuestros países -y es bueno que sea así-, le da al hombre una hermosa seguridad. Siente que tiene la verdad en la mano y la quiere comunicar. Lo que pasa es que la comunicación no siempre es fácil cuando se hace en contextos azarosos y difíciles. Entonces los nicaragüenses saben ahora que fue una tontería que al otro día de la revolución se fueran a buscar a los miskitos diciéndoles: “hermanos, ahora ustedes son libres y esto es el sandinismo”, y no intentaran previamente documentarse sobre la mentalidad de los miskitos que les siguen llamando españoles a los nicaragüenses del Pacífico. Eso yo lo observé y siempre que pude hice las criticas, como las he hecho en el plano de la educación y de las artes, por ejemplo. Además, llevo adelante un combate en Cuba y en Nicaragua contra el machismo latinoamericano que le hace un mal tremendo a cualquier revolución en América latina. Y como sucede en esa clase de actitudes, los machistas no se dan cuenta de que son machistas y cuentan muchas veces con la decidida colaboración de las mujeres. Bueno, aprovechando la infancia de la revolución nicaragüense, y la experiencia previa de Cuba, que cometió tantos errores (aunque ahora está trabajando en el buen sentido), a mí me parece que es mi deber, y el de todos los que vean las cosas así, llevarlos a reflexionar sobre el problema de ese machismo tradicional, que es conservador y no tiene nada de revolucionario.

-En cuanto a la cuestión de las libertades, ¿cuál es tu opinión? Porque el problema es serio en Cuba y ahora empieza a criticarse a Nicaragua en el sentido de que habría una restricción de las libertades públicas.

-Doy un paso atrás y te diré que el problema viene en este momento en Nicaragua del hecho, que a mí me conmueve, de que el sandinismo triunfante manifestó de entrada su voluntad de mantener un pluralismo político y una economía mixta donde la actividad privada pudiera seguir desarrollándose, ya sea por razones de vocación, de temperamento o de conveniencia. La gente elige una manera u otra de participar en la economía del país. Hubiera sido fácil, cuando tomaron el poder, eliminar para siempre la noción de pluralismo político; sin embargo los sandinistas dijeron y siguen proclamándolo, que respetarán la economía mixta y el pluralismo político. Aprovechando esas garantías, una gran cantidad de gente está hoy favoreciendo la ofensiva exterior contra la revolución. Porque no son sandinistas, o porque no están identificados con la revolución, utilizan todos los procedimientos para ponerle trabas al proceso partiendo del principio de que, según ellos, el sandinismo desemboca inevitablemente en el marxismo. Eso está lejos de estar probado, pero es un campo de reflexión que ellos defienden y automáticamente se colocan en una posición liberal que los alía sistemáticamente con los intereses norteamericanos.

-¿Vos crees que el sandinismo es, en realidad, una revolución?

-Yo me he planteado la cuestión muchas veces en Nicaragua, una revolución es la sustitución total, dentro de la historia, del capitalismo por el socialismo, sin grados intermediarios. Lo que yo veo en el sandinismo, en cambio, es un movimiento de liberación. El país fue liberado de Somoza, pero de allí a pasar a la noción de revolución total hay un paso que el sandinismo no quiso dar, y yo creo que hizo muy bien.

De coleópteros y camaleones

Entrevista por Omar Prego, 1983

En un reportaje publicado poco después de que te dieran el Premio Médicis para extranjeros, vos dijiste lo siguiente: «Yo no sé si llamarlo un libro político. Ésa es una palabra que me da un poco de miedo, porque política es una cosa muy profesional y muy precisa. Yo creo que es un libro que una vez más continúa una especie de apertura ideológica en la línea socialista que yo veo para América Latina, y además una especie de pre-crítica a todas las equivocaciones que suelen cometerse cuando se intentan y realizan revoluciones». Y esto se compadece perfectamente, a mi modo de ver, con otro texto tuyo, Casilla del camaleón (La vuelta al día en ochenta mundos, Tomo II, pp. 185-193), donde oponés precisamente el concepto de camaleón al de coleóptero. El caleóptero es quitinoso, rígido, poco flexible, como ciertos procesos revolucionarios.


JC: Desgraciadamente las revoluciones parecen conllevar una tendencia a la estratificación (o quitinosidad, para seguir con la imagen). En sus formas iniciales, esas revoluciones adoptaron formas dinámicas, formas lúdicas, formas en las que el paso adelante, el salto adelante, esa inversión de todos los valores que implica una revolución, se operaban en un campo moviente, fluido y abierto a la imaginación, a la invención y a sus productos connaturales, la poesía, el teatro, el cine y la literatura. Pero con una frecuencia bastante abrumadora, después de esa primera etapa las revoluciones se institucionalizan, empiezan a llenarse de quitina, van pasando a la condición de coleópteros.
Bueno, yo trato de luchar contra eso, ése es mi compromiso con a las revoluciones, a la Revolución, para decirlo en general. Trato de luchar por todos los medios, y sobre todo con medios lúdicos, contra lo quitinoso. El Libro de Manuel fue una tentativa de desquitinizar esos proemios revolucionarios que vagamente se asomaban en Argentina y que no llegaban a cuajar. Ese libro fue escrito cuando los grupos guerrilleros estaban en plena acción. Yo había conocido personalmente a algunos de sus protagonistas aquí en París, y me había quedado aterrado por su sentido dramático, trágico, de su acción, en donde no había el menor resquicio para que entrara ni siquiera una sonrisa, y mucho menos un rayo de sol.
Me di cuenta de que esa gente, con todos sus méritos, con todo su coraje y con toda la razón que tenían de llevar adelante su acción, si llegaban a cumplirla si llegaban al final, la revolución que de ellos iba a salir no iba a ser mi Revolución. Iba a ser una revolución quitinizada y estratificada desde el comienzo. El Libro de Manuel es un desafío, pero no un desafío insolente ni negativo. Es un desafío muy cordial: vos has visto que yo a los personajes con toda la simpatía posible. Por ejemplo a Marcos, el jefe de ese grupo de guerrilla urbana que está un poco de vacaciones en Europa en ese momento. Y él mismo discute con sus amigos, si no este problema, problemas paralelos. Yo no los atacaba, muy al contrario. Si hubiera tenido ganas de atacarlos no habría escrito la novela. No sólo no era un ataque, sino que era una tentativa de ponerles en el bolsillo un libro que tal vez los hubiera ayudado un poco.

OP: En eso que a falta de mejor palabra podemos llamar prólogo, decis que «lo que cuénta, lo que yo he tratado de contar, es el signo afirmativo frente a la escalada del desprecio y del espanto, y esa afirmación debe ser lo más solar, lo más vital del hombre: su sed erótica y lúcida, su liberación de los tabúes, su reclamo de una dignidad compartida en una tierra ya libre de este horizonte diario de colmillos y de dólares». Han pasado diez años: si no hubieras escrito entonces Libro de Manuel,. ¿escribirías hay algo parecido?

JC: Creo que sí. Sí, escribiría algo parecido. En el Libro de Manuel yo di un paso adelante, incluso forzándome la mano a veces, porque estaba harto de haber discutido en Cuba acerca de problemas de tipo erótico, por ejemplo, y de tropezarme con la quitina. O el tema de la homosexualidad, que ahora es también objeto de una discusión fraternal pero muy viva con los nicaragüenses cada vez que voy para allá. Yo creo que esa actitud machista de rechazo, despectiva y humillante hacia la homosexualidad, no es en absoluto una actitud revolucionaria. Ése es otro de los aspectos que quise mostrar en Libro de Manuel.
Eso es, claro, sólo un aspecto. También hay un ataque al lenguaje anquilosado, al lenguaje quitinizado. Allí, a mi manera, yo libré un combate en el plano del idioma, por que pensaba (y lo sigo pensando) que ése es uno de los problemas más graves que hay en América Latina, toda esa hipocresía lingüística con la que habrá que acabar de una vez.

El día que Cortázar se acercó al peronismo

Mi condición de exiliado se dio a partir de la catástrofe que siguió a la presidencia interrumpida de Cámpora y todo lo que vino después. Además, todos mis amigos saben que cuando fui la última vez y me quedé tres meses, antes de que Cámpora ganara las elecciones, estuve en contacto con el ala izquierda del peronismo porque encontraba que allí había un montón de gente inteligente, trabajadora, con ideas, que podía incluso iniciar un proyecto ideológico que aún falta en la Argentina. Cuando me marché del país les dije a mis amigos que habían ido a despedirme a Ezeiza, que regresaría en el mes de septiembre para quedarme un tiempo largo en la Argentina, estar allí y trabajar con ellos. Naturalmente, los hechos posteriores y las Tres A me cerraron el camino. La triple A me hizo llegar a París un desafío a que volviera. Y como ya lo he dicho muchas veces, tengo buena fama de loco pero no de idiota, de manera que hubiera sido estúpido ir a que me vaciaran una pistola en el estómago, cosa que hubieran hecho inmediatamente.

El genocidio cultural bajo la bota militar

No sé si fui yo quien lanzó la noción de exilio cultural, no importa; lo que interesa es saber -y hace unos años que yo vengo hablando de eso-, que ese exilio cultural estaba creando un segundo exilio, el exilio cultural de allá, de adentro, de millones de argentinos que no nos podían leer, y ese exilio sigue siendo para mí el más doloroso de todos. El hecho de haber seguido mi trabajo aquí, pero siempre encaminado a América latina y muchas veces a la Argentina en particular, y que ese trabajo se viera detenido en la frontera por la bota militar, es el símbolo más aterrador de este exilio que hemos sufrido. (…)


creo que ha habido un genocidio cultural en las dos puntas; es decir, nosotros que estando afuera no podíamos devolver nuestra cultura a la Argentina y quedábamos frustrados, aislados y separados, y luego los impedimentos bien conocidos a que se han enfrentado los escritores argentinos que han querido decir lisa y llanamente la verdad en estos últimos años y que no han podido decirla, o han podido decirla muy entre líneas, o se han llamado a silencio, o han diversificado sus actividades. Es evidente que frente al panorama cultural que había antes de los golpes militares, cuando todo el mundo se expresaba en el país en un sentido o en otro, la Junta ha hecho todo lo que ha podido por sofocar la cultura en el interior. Además de mandarnos a nosotros afuera y eliminarnos de esa manera. De modo que no es a una sola punta esa noción de genocidio cultural. Yo la tomo en un sentido muy amplio, y evidentemente la palabra genocidio -y eso es bueno decirlo-, es exagerada, pues se emplea cuando se habla de la destrucción de todo un pueblo, y en este caso la cultura argentina no está destruida ni mucho menos. Pero que se ha visto profunda y penosamente impedida durante años, es un hecho y estamos pagándolo muy caro. Claro, nosotros somos gente de literatura y pensamos en la creación literaria y artística, pero hay que pensar también en el plano científico, lo que significa la expulsión violenta de centenares de científicos que se han ido por su cuenta o por cuenta de la Junta militar y que están en estos momentos vertiendo su capacidad de trabajo en laboratorios de Suecia, de Inglaterra y de España, Sabemos muy bien a qué niveles cayó la Universidad, la investigación científica, los hospitales, la enseñanza. Entonces que se me disculpe la expresión “genocidio cultural”, que puede ser un poco exagerada, pero refleja un sentimiento muy doloroso mío en el cual sigo creyendo. (…)

Nuevo elogio a la locura

El primero fue escrito hace siglos por Erasmo de Rotterdam. No recuerdo bien de qué trataba, pero su título me conmovió siempre, y hoy sé por qué: la locura merece ser elogiada cuando la razón, esa razón que tanto enorgullece al Occidente, se rompe los dientes contra una realidad que no se deja ni se dejará atrapar jamás por las frías armas de la lógica, la ciencia pura y la tecnología.
De Jean Cocteau es esta profunda intuición que muchos prefieren atribuir a su supuesta frivolidad: Víctor Hugo era un loco que se creía Víctor Hugo. Nada más cierto: hay que ser genial -epíteto que siempre me pareció un eufemismo razonable para explicar el grado supremo de la locura, es decir, de la ruptura de todos los lazos razonables- para escribir Los trabajadores del mar y Nuestra Señora de París. Y el día en que los plumíferos y los sicarios de la junta militar argentina echaron a rodar la calificación de “locas” a las Madres de Plaza de Mayo, más les hubiera valido pensar en lo que precede, suponiendo que hubieran sido capaces, cosa harto improbable. Estúpidos como corresponde a su fauna y a sus tendencias, no se dieron cuenta de que echaban a volar una inmensa bandada de palomas que habría de cubrir los cielos del mundo con su mensaje de angustiada verdad, con su mensaje que cada día es más escuchado y más comprendido por las mujeres y los hombres libres de todos los pueblos.


Como no tengo nada de politólogo y mucho de poeta, veo el curso de la historia como los calígrafos japoneses sus dibujos: hay una hoja de papel, que es el espacio y también el tiempo, hay un pincel que una mano deja correr brevemente para trazar signos que se enlazan, juegan consigo mismo, buscan su propia armonía y se interrumpen en el punto exacto que ellos mismos determinan. Sé muy bien que hay una dialéctica de la historia (no sería socialista si no lo creyera), pero también sé que esa dialéctica de las sociedades humanas no es un frío producto lógico como lo quisieran tantos teóricos de la historia y la política. Lo irracional, lo inesperado, la bandada de palomas, las Madres de Plaza de mayo, irrumpen en cualquier momento para desbaratar y trastocar los cálculos más científicos de nuestras escuelas de guerra y de seguridad nacional. Por eso no tengo miedo de sumarme a los locos cuando digo que, de una manera que hará crujir los dientes de muchos bien pensantes, la sucesión del general Viola por el general Galtieri es hoy obra evidente y triunfo significativo de ese montón de madre y de abuelas que desde hace tanto tiempo se obstinan en visitar la Plaza de Mayo por razones que nada tienen que ver con sus bellezas edilicias o la majestad más bien cenicienta de su celebrada pirámide.
En los últimos meses, la actitud cada vez más definida de una parte del pueblo argentino se ha apoyado consciente o inconscientemente en la demencial obstinación de un puñado de mujeres que reclaman explicación por la desaparición de sus seres queridos. La vergüenza es una fuerza que puede disimularse mucho tiempo, pero que al final estalla de las maneras más inesperadas, y ese factor no ha sido tenido jamás en cuenta por la soberbia de los militares en el poder. Que bajo la férula menos violenta de Viola esa explosión haya asumido la magnitud de una manifestación de miles y miles de argentinos en las calles céntricas de Buenos Aires, y una serie creciente de declaraciones, denuncias y peticiones en los periódicos, es una prueba de debilidad castrense que la estirpe de los Galtieri y otros halcones no podía tolerar. Ellos, por supuesto, no lo saben de manera demasiado lúcida, pero la lógica de la locura no es menos implacable que la que se estudia en el colegio militar: el corolario del teorema es que el general Galtieri debería estar reconocido a las Madres de Plaza de Mayo, pues es sobre todo gracias a ellas que ha podido dar el zarpazo que acaba de encaramarlo en el sillón de los mandamás.
Por su parte, las madres y las abuelas que sin saberlo han facilitado su entronización, no tienen la menor idea de lo que han hecho. Muy al contrario, pues en el plano de la realidad inmediata esa sustitución de jefatura significa una profunda agravación del panorama político y social de la Argentina. Pero esa agravación es al mismo tiempo la prueba de que la copa está cada vez más colmada, y de que el proceso llega a su punto de máxima tensión. Es entonces que la respuesta de esa parte de nuestro pueblo capaz de seguir teniendo vergüenza deberá entrar en acción por todas las vías posibles, y que las fuerzas del interior y del exterior del país tendrán que responder a algo que las está invitando a salir de una etapa harto explicable pero que no puede continuar sin darle la razón a quienes pretenden tenerla.
Sigamos siendo locos, madres y abuelitas de la Plaza de Mayo, gentes de pluma y de palabra, exiliados de dentro y de fuera. Sigamos siendo locos, argentinos: no hay otra manera de acabar con esa razón que vocifera sus slogans de orden, disciplina y patriotismo. Sigamos lanzando las palomas de la verdadera patria a los cielos de nuestra tierra y de todo el mundo.

Periódico La República, París, 19 de febrero de 1982

Conclusión

A manera de conclusión se podría señalar que en cuanto a las etapas que atraviesa el escritor, se evidencia en el primer tramo una clara postura antiperonista, que a la luz de declaraciones posteriores parecería no pasar de una simple idea. Sin embargo, el aporte de los datos obtenidos conduce a pensar lo contrario.

Por otra parte, su llamemósle elitismo, va cambiando a medida que se involucra en la Revolución Cubana. Pero ello no hará cambiar de raíz su manera de concebir al peronismo, al que continuará viendo como “un movimiento chapucero y equivocado”, apoyado por quienes procedían del interior.

No obstante, sus escritos en algunos casos, comienzan a tomar un matiz en el que se evidencia una preocupación por lo social, por los regímenes represores y por el triunfo de la revolución, cuya contracara es la persecución y el castigo por parte de quienes intentan que todo siga igual, “lo quitinoso”, los “coleópteros”. Sus textos de alguna manera representan una denuncia, una manera de comunicar, de revelar lo que estaba sucediendo, tras la fachada del orden y progreso.

Sin embargo, sus escritos no dejarán de ser literarios, no abandonará la estética literaria por escritos netamente políticos. Tratará de hacer un balance de ambos, de manifestar mediante recursos literarios en ocasiones innovadores, lo que señala debe ser la tarea del intelectual latinoamericano: atestiguar lo que sabe, lo que ve, lo que escucha, para no ser cómplice. La mayor complicidad para el autor es el silencio.

Aunque ha pasado la parte más importante de su vida en Francia, nunca dejará de tener contacto con Argentina, se mantendrá informado de todo lo que pasa en estas latitudes, que encuentra como una ventaja, para dar una mirada más sociológica para decirlo de alguna manera, que no se pierda en la cotidianeidad de quienes “por ver el árbol, no llegan a ver el bosque”. No obstante ningún gobierno cuenta para el autor con las garantías necesarias como para volver definitivamente a la Patria, pero recibirá a escritores, se escribirá con ellos y los encontrará en los jurados de Latinoamérica haciendo causa común para la difusión de los intelectuales latinoamericanos, especialmente los “camaleones”. Incluso conocerá a varios guerrilleros, a los que intenta “darle una mano” con el Libro de Manuel, para que no olviden todo lo que debe ser la revolución, una liberación que rompa las estructuras, y no para instalar una rigidez mayor.

Un momento de inflexión será la presidencia de Héctor Cámpora, en donde Cortázar se acerca al ala izquierda del peronismo. Allí intentará elaborar un proyecto común, pero cuando está por volver, se encuentra con la presidencia de Cámpora interrumpida. Y tras una invitación de la Triple A, se niega a seguir involucrado en el proyecto. A partir de entonces, tratará de persuadir a  intelectuales de estas tierras de seguir “actos suicidas”, ofreciéndole asilo a escritores como Eduardo Galeano y Rodolfo Walsh. (Esta información no pudo ser reproducida por cuestiones técnicas, pero son declaraciones de Eduardo Galeano y Osvaldo Soriano).

Seguirá concibiendo la revolución como salida, por lo que se encontrará siguiendo muy de cerca la Nicaragua Sandinista, allí perderá a su última esposa, paradójicamente 36 años menor que él. Continuará defendiendo sus ideas sobre la libertad y el nuevo mundo, un mundo a su manera, atestiguando todo aquello que le preocupa, aunque se encuentre a la distancia, como diría con tiza negra en Graffitti: “A mí también me duele”.

Su temor último había sido acaso el miedo al Big Brother, al Gran Hermano, donde la pesadilla orwelliana era la madre de las pesadillas… el peligro al que puede conllevar el poder del hombre sobre el hombre, a seres mecánicos que anulen lo que a los ojos del autor hacían al hombre: la libertad del arte y el amor. Sin embargo, aquella cifra que tanto lo atormenta, será el año mismo de su muerte: 1984.

Su entierro será muy poco concurrido,  sólo se contará con su primer esposa, quien lo cuidó hasta su muerte, un grupo íntimo de amigos y una pequeña comitiva argentina, que dicho sea de paso le negó la visita al Gobierno de Raúl Alfonsín.

Nadie es profeta en su tierra, reza el refrán, y se podría decir es de alguna manera, el reflejo de la relación del escritor con su país ( en realidad había nacido en Bélgica por accidente). A lo largo de su vida fue más criticado que aplaudido, tal vez su mayor reconocimiento fue estar en la corriente de la renovación literaria, de ser inscripto en lo que se llamó “Les temps modernes”, pero sin duda, la mayor parte de las críticas fueron de un argentino que negó a su patria. Sin embargo, el autor dijo alguna vez, que sólo afuera era argentino, que aquí era siempre un extraño, y sólo de la mano de la “Vieja Europa” pudo descubrir sus raíces con lo latinoamericano, raíces no de un regionalismo incorporado, sino de quien se elige un destino.

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