Por el Señor R
¿ Es posible juntar a Mariano Grondona y a José Pablo Feinmann ?. Por un lado, el Dr. Mariano Grondona da clases de filosofía en capítulos televisivos, por el otro el filósofo J.P. Feinmann, también. Ambos analizan a la luz de sus conocimientos y de los sistemas de pensamiento de otros que los precedieron en la tarea de “pensar la realidad” determinadas cuestiones de “candente actualidad”, aunque con muy distintas capacidades, fuentes e intenciones. Por eso además, y dado que este último dijo “cualquier boludo tiene un blog” me decidí a hacer lo que ellos hacen y agarrármela con la filosofía y la realidad, pero en capítulos semanales.
Nadie duda de la honestidad intelectual y personal de José Pablo Feinmann ( como tampoco de la del Dr. Mariano Grondona, pero a la inversa ), pero algo no funciona del todo bien cuando esa persona es invitada a un programa de televisión, en ese momento uno de los mas vistos, o al menos uno de los mas comentados en el boca a boca, y desconoce absolutamente todo de ese programa. Nadie tiene obligación de estar al tanto de cada uno de los componentes de la grilla de programación de los canales de televisión, pero entre ignorar de qué se trata el programa al que lo invitan es, al menos, un síntoma preocupante de distracción. La recordada anécdota de Feinmann tratando de “televisión vómito” a los contenidos que se emitían en ese programa e incluyendo en esa calificación al programa emisor mismo ante el estupor de los conductores, desconociendo que, precisamente, en ese programa se difundía material ( vomitivo, es cierto ) procedente de otros programas de televisión para realizar una especie de catarsis viendo “lo mal que está todo”, criticando eso y aplaudiendo al final.
En un corte, evidentemente, algún asistente de producción consiguió que el filósofo pudiera ubicarse en el tiempo y en el espacio, y a continuación el programa siguió como estaba programado, justamente, y todo quedó en una simple anécdota.
Pero ¿ qué hubiera sucedido si al filósofo lo llevaban, sin previo aviso, a ver “Titanes en el Ring” o “100 % lucha” o algún equivalente de esos programas donde unos forzudos disfrazados hacen como que se pelean ? ¿ Hubiera gritado “¡ asesino, asesino !” con el mismo fervor que el resto de la platea infantil ?
En otra producción televisiva, pudo verse al filósofo opinando acerca de la relación entre los actos de gobierno y la elegancia de los gobernantes y de sus familiares, presentes y pasados, justificando el contraste entre “gobernantes bien vestidos” y “pueblos mal vestidos”, llamando a Georg Wilhelm Friedrich Hegel en su auxilio para explicar por qué no es malo usar visones y diamantes sin ser la reina de Inglaterra. Pero ese no es un tema que me ocupe ni me preocupe.
En cambio, me dió por pensar, dado que “a Hegel lo tratan como a un perro muerto” y lo hacen ir y venir de acuerdo a las cambiantes necesidades del filósofo de turno en su función apologética del actual gobierno ¿ por qué no tomar una de sus máximas máximas como la parafraseada en el título y aplicarla a algún tema de la realidad concreta actual y ver qué pasa ?.
Que “todo lo real es racional” significa, por un lado, que todo lo pensable tiene posibilidades de existir, por otra parte, que todo lo existente es pensable. Entonces,
¿ cuál es la racionalidad subyacente en el comportamiento del Secretario de Comercio Guillermo Moreno en relación con la manipulación de los datos del Índice de Precios al Consumidor ?. El mencionado Secretario puede alegar “hago lo que me mandan”, lo que nos llevaría a preguntarle no sólo “quién lo manda” ( podemos suponer que es el ex Presidente Néstor el que lo hace ) sino, “por qué le manda que haga eso” ( y no vale responder “porque puede” ), pero como eso se puede conviertir en una regresión al infinito o en un callejón sin salida ( lo que viene a ser lo mismo ), debemos concentrarnos en buscar cuáles pueden ser las razones para que “se haga lo que se hace con con el I.P.C.” ( nótese que el “se” nos permite recurrir a una suerte de “sujeto trascendental” lo que nos permite evitar el “juego del gran bonete” entre los diversos funcionarios y ex funcionarios que podrían desligar las responsabilidades que les cabrían en los hechos en cuestión unos sobre otros )
En los tiempos en los que el joven Hegel recorría las calles de su Stuttgart natal, también lo hacía una criada de la familia, encargada de hacer las compras de los artículos que se servirían en la mesa familiar. Ésta mujer, de humilde condición, observó que a pesar de los controles de precios establecidos por Federico II el Grande, publicados en el bando oficial cuya exhibición era obligatoria en todos los comercios del territorio prusiano, lo que se debía pagar efectivamente por los arenques ahumados y por las cebollas no se condecía con él. Salvo que se reclamara y se exigiera, en nombre del monarca, la aparición de los productos al “precio oficial” ( bajo ese nombre se conocía en esa época a ese género literario ) entonces el comerciante señalaba, con bastante mala cara, un rincón oscuro del local en el que se apilaban sin cuidado ni concierto alguno, las variadas mercaderías que componían la “canasta de productos al precio oficial”. La oscuridad en la que yacían no era suficiente para distraer del fuerte olor a descomposición que dichos productos emitían. Entonces, la humilde mujer, comprobando en la propia bolsa ( porque aunque era la bolsa de sus amos, para ella era como si fuera la propia, tan alienada estaba la pobre ) la distancia insalvable que había entre la imaginación del déspota y la mera realidad, pensaba “por un lado, el gobierno despótico dice que un quintal de cebollas cuesta 1 guinea, pero el verdulero a ese precio me ofrece unos putrefactos cebollines de los tiempos de Adán y si quiero una cebolla comestible, me cobra a razón de 6 guineas el quintal, y todo ésto ante la vista del gobierno despótico, que a pesar de todas sus declaraciones no hace nada al respecto: soy una mujer simple y puede que aquí haya algo que no entienda, pero de lo que estoy segura es de que me están cagando”.
Una anécdota apócrifa nos permite intruducir una versión economicista y bastante mas pedestre, de la frase hegeliana: “si hay algo que no entiendas, busca quién se beneficia con eso”. Acotando así la racionalidad de la busca emprendida, volvemos a nuestra realidad actual y nos preguntamos ¿ quién se beneficia con la manipulación del Índice de Precios al Consumidor ?
Pero de eso nos ocuparemos en el próximo capítulo.

