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Mercado de San Telmo, el futuro llegó

“Resulta muy difícil rebelarse cuando víctima y verdugo, explotador y explotado, son la misma persona” (La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han)

En la ciudad de Buenos Aires, en el turístico barrio que tiene su nombre para honrar al patrono de los marineros, Pedro Gonzalez Telmo, desde 1897 está emplazado el Mercado de San Telmo, lugar de misterio y ensueño.

El mercado, diseñado por el arquitecto Juan Antonio Buschiazzo, diseñador de varias obras de la Argentina, entre ellas, el cementerio de Recoleta y Chacarita, tiene puestos donde es posible encontrar muy variados y pintorescos productos donde conviven el San Telmo turístico y el popular. Un lugar donde se pueden hacer las compras de verduras, diversos tipos de carne y frutas, así como también antigüedades, suvenires y objetos turísticos de regalo. No obstante ya no es tan visitado por quienes habitan en el barrio, como expresa Maria una vecina, “hacer las compras diarias aquí ya está siendo más costoso por el turismo”. Se estima que la zona es visitada turísticamente por aproximadamente 20000 personas cada fin de semana.

El mercado está cambiando su fisonomía motivado por el turismo y por la necesidad de las personas de normalizar los sitios turísticos, que todo sea similar en lugar de vivir y disfrutar la cultura local de las ciudades visitadas. Se observan muchos puestos con nombres en los idiomas inglés o francés, algo de lo que Carlos un trabajador de seguridad del lugar nos advirtió, “este lugar data de 1897, el dueño es mejicano. Este lugar es todo lo que está mal, es donde nace la patria pero si se observa en detalle, ningún lugar representa lo que es Argentina”. Carlos hace referencia a que a pocos metros del mercado sobre la calle Defensa, vecinas y vecinos de Buenos Aires, juraron la independencia Argentina de España.

El centro del mercado tiene una cafetería de estilo neoyorquino, iluminada por los rayos de sol que ingresan por la antiquísima estructura de hierro y material transparente.  Su nombre en inglés y estética ya nos advierten que no encontraremos nada de cultura porteña, pero si es posible encontrar diferentes tipos de café gourmet con nombres exóticos. Une de les trabajadores nos comenta “hace 6 meses que trabajo aquí y soy la persona que mayor antigüedad tiene”, se refiere a la alta rotación del lugar en función de los bajos salarios y la cantidad de horas trabajadas, algo ajeno a las personas que visitan el lugar. Como expresa Han, ¿Quiénes son explotados y quienes explotadores?

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El mercado tiene amplios pasillos donde se aprecia locales de antigüedades cerrados. Rosa, quien tiene un puesto nos comenta sobre los cambios de costumbres en las compras de antigüedades “Las personas jóvenes no se interesa por antigüedades y las personas mayores cambian sus casas por departamentos, estos son espacios reducidos por lo que dejan de interesarse por estas reliquias “. Continúa comentando sobre el porque de menos locales de antigüedades, “cada vez hay menos casas de antigüedades ya que hoy con la página web mercado libre se venden los productos directamente y deja de ser negocio aquí”. Rosa con frescura y una amplia sonrisa posa para la foto, pero “sin lentes, así parezco más joven”, un comentario que resulta contradictorio en un local donde prima la historia, el misterio de cada objeto y no hay lugar para lo nuevo.

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El mercado de San Telmo conviviendo entre lo nuevo y lo viejo, la historia y lo moderno, aun resiste los embates de la globalización y las nuevas tecnologías. Aun resiste la batalla de lo popular y barrial frente al turismo.

 

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