Reflexiones en torno a la película Good Bye Lenin!

María Cristina Castro

Comunicación Popular Noticias

Todos los días la Historia se escribe, se inscribe y cambia. Nosotros somos sujetos en la Historia, protagonistas, aunque pocas veces nos demos cuenta. Podemos participar en forma activa o pasiva pero en alguna parte estamos y vivenciamos una determinada realidad. Es este fragmento de la realidad  (el fin de la República Democrática Alemana y la caída del muro, casi como un gesto simbólico del triunfo del capitalismo enfundado en la cohesión de ambos territorios- la RDA y la RFA o República Federal Alemana) el que presenciamos ante los ojos del joven Alex Kerner en el film Good Bye Lenin.

Es interesante que la narración la realice un joven puesto que representa a la generación más disconforme con la RDA en tanto para la década del 80 la Unión Soviética y sus principales “satélites”, Checoslovaquia y Alemania del Este estaban cayendo y la burocracia socialista no tenía muy en cuenta a la juventud y menos aún su peso político. Los ideales de la revolución socialista marxista- leninista se habían eclipsado con Stalin  en la Unión Soviética y el modelo en general para finales de la década sonaba como un eco de un pasado lejano que ya pocos defendían (este sería el caso de la madre de Alex, Cristiane). Por lo tanto cuando advino el capitalismo en la tierra socialista alemana no hubo rechazo sino aceptación. El evidente atraso tecnológico y la limitada producción favorecieron al derrumbe del modelo como símbolo y no sólo como gestión. El capitalismo apareció como respuesta eficiente y superadora, y más de 20 años tuvieron que pasar para que los alemanes empiecen a ver que no todo es lo que parece. La descripción de esta situación inusual, donde el nuevo mundo tan esperado no es una superación positiva del antiguo, debe interpretarse como la expresión de la subjetividad de las personas que lo han vivido y habitado. En la década del 90  en Alemania del Este sólo había un cuarto de los puestos de trabajo que existían en 1989 y  la tasa de desempleo llegó al 19%. Esta situación trágica hizo posible la aparición del sentimiento de que en aquella época se vivía mejor que hoy, a pesar de todas las atrocidades del régimen burocrático. Por ejemplo en lo relativo a la seguridad ciudadana, el acceso a la vivienda o el tipo de relaciones sociales, sin que ello suponga necesariamente una ausencia de crítica a otras características como el desabastecimiento frecuente. Si bien a comienzos del nuevo siglo la  tasa de desempleo fue disminuyendo, tal sentimiento sigue vigente y tiene hoy incluso un nombre: Östalgie. Östalgie es un juego de palabras  de la apócope de öst (este) y nostalgie (nostalgia) y se refleja en jóvenes que llevan remeras y estandartes con los símbolos de la antigua RDA. Good Bye Lenin! Recupera el sentir de la Östalgie pero a su vez cuestiona a la RDA y es esta visión no maniquea de la Historia uno de los puntos más altos de la película. Critica al socialismo “real” stalinista (lleno de parafernalias, burocracia y militarismo), como al capitalismo (repleto de símbolos vacíos y exaltaciones de lo meramente material); sitúa al personaje central como un hombre que vacila entre su rebeldía juvenil y sus observaciones del tiempo posterior a la caída del muro: las primeras son hechas de forma concreta, por ejemplo, mostrando la violencia ejercida por la policía de la RDA durante las manifestaciones. Tras la caída del muro vivencia el cierre de las empresas del Estado (no se pueden encontrar más los pepinos Spreewald) y la pérdida de empleo para los “héroes trabajadores”. Él mismo pasa a trabajar para una empresa privada de cable  y su  hermana deja la Universidad de Economía para ir trabajar en la recepción del Burger King. Del rechazo simultáneo de ambos modelos, que conducirá tendencialmente a un pesimismo profundo, se crea un segundo plan narrativo, el de películas que Alex  produce con su compañero de trabajo y aspirante a cineasta, como si se tratara de noticieros, para explicar a la madre las contradicciones entre lo que comienza a ver y lo que el hijo quiere que vea. En estas películas, Coca-Cola se convierte en una “invención socialista” robada por el capitalismo; los millares de coches occidentales se convierten en propiedad de refugiados de los países capitalistas que eligieron vivir en Alemania del Este; y la propia caída del Muro toma una nueva versión según la cual los alemanes occidentales son los responsables de la caída, porque su objetivo es vivir bajo el “socialismo”, con la opinión favorable del nuevo Jefe de Estado, Sigmund Jähn, astronauta e ídolo de Alex durante su infancia. Alex construye su propia ficción en paralelo a la ficción oficial de la unificación, coronada por la victoria del equipo alemán de fútbol en la Copa del Mundo de 1990. Del choque entre lo peor del capitalismo y la degeneración de la revolución, se eleva un sueño de lo que habría podido ser pero que no fue. Lo que cabe entonces preguntarse ahora brevemente es ¿qué fue lo que sí ocurrió? Y dentro de ese marco estaría el período que abarca desde el Final de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída de la Unión Soviética. Tras la derrota del antiguo Tercer Reich o Estado Nazi que marca el fin de la  Guerra el territorio alemán fue dividido. En 1949, la zona soviética se convirtió en Alemania Oriental (República Democrática Alemana—RDA) con Wilhelm Pieck como primer presidente. En ese mismo año, las otras tres zonas – británica, americana y francesa- se convertían en Alemania Occidental (República Federal de Alemania (RFA)).

Berlín, la cual también estaba dividida en cuatro zonas, permaneció bajo ocupación militar formal hasta el 12 de septiembre de 1990. La Unión Soviética fue el primer país en reconocer a la RDA como Estado y en establecer relaciones diplomáticas, seguida ese mismo año por otros Estados socialistas: Albania, Bulgaria, Checoslovaquia, la República Popular China, Corea del Norte, Rumanía, Polonia y Hungría. La RFA se negó a reconocer a la RDA. Mediante la formación de los dos estados se llevó a cabo la separación política. Con la intensificación de la Guerra Fría, que tras el embargo de productos de alta tecnología COMECON (el Consejo de Ayuda Mutua , organización de cooperación económica formada en torno a la URSS por diversos países socialistas cuyos objetivos eran el fomento de las relaciones comerciales entre los estados miembro, en un intento de contrarrestar a los organismos económicos internacionales de economía capitalista) contra el Bloque del Este se tornó en una guerra diplomática y la amenaza militar permanente, se reforzaron las fronteras, particularmente por parte del bando oriental. Las fronteras pasarían con el tiempo de ser una separación entre las dos partes alemanas, entre la Comunidad Económica Europea (antecesora de la Unión Europea) y el COMECON y entre la OTAN y los miembros del Pacto de Varsovia. Pese a ello, permanecía abierta la frontera entre Berlín Este y Berlín Oeste, difícilmente controlable. Entre 1949 y 1961, unos 3 millones de personas abandonaron la RDA desde Berlín Oriental. A menudo se trataba de jóvenes bien formados, lo que constituía una amenaza a la economía de la RDA y, en última instancia, a la población de los países. Aproximadamente 50.000 trabajadores de Berlín Oriental trabajaban y vivían en Berlín Oeste, pero se aprovechaban de las condiciones financieras favorables de Berlín Este, siendo conocidos como Grenzgänger. Además, muchos berlineses occidentales y orientales que trabajaban en Berlín occidental compraban en el mercado negro – con una ventajosa tasa de intercambio para el Marco de Alemania del Este de aproximadamente 1:4 – los relativamente baratos alimentos básicos y los pocos bienes de consumo de lujo de Berlín Este. La economía planificada del sistema del lado oriental fue, en consecuencia, debilitada de esta forma. El muro debía servir a los gobernantes del Bloque del Este como una forma de detener la evasión de los trabajadores y campesinos socialistas mediante el aislamiento. El plan de la construcción del Muro de Berlín fue un secreto de estado de la administración de la RDA. El muro fue construido entero la noche del 12 al 13 de agosto de 1961 a instancias del Partido Socialista Unificado de Alemania. Denominado por la RDA como el  “muro anti-fascista”  se extendía a lo largo de 45 kilómetros que dividían la ciudad de Berlín en dos y 115 kilómetros que separaban a la parte occidental de la ciudad del territorio de la RDA. Fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría y de la separación de Alemania. Se calcula que  270 personas murieron en el intento de superar la dura vigilancia de los guardias fronterizos de la RDA cuando se dirigían al sector occidental.  A pesar de las sanciones económicas impuestas por la Unión Soviética, la RDA era el país económicamente más desarrollado del mismo, y su nivel económico era superior al de muchos países desarrollados. Sin embargo, sufrió constantemente por la escasez de divisas y, en parte, su economía era el reflejo de una situación de emergencia. El sistema económico que prevalecía era la economía planificada con Planes Quinquenales y fusiones entre empresas estatales y grandes empresas A principios de la década de 1970, la RDA fue durante un corto período la décima potencia industrial del mundo debido a su productividad. Los precios y los sueldos eran en su mayoría establecidos por el Estado. Debido a las subvenciones existentes, el precio de venta de los productos de primera necesidad era uniforme. Los electrodomésticos y otros bienes de consumo que podían ser exportados a cambio de divisas, por el contrario, solían ser muy caros en comparación con el poder adquisitivo de la gente. Los obreros eran muy solicitados y ganaban a menudo lo mismo o más que los médicos más reconocidos. Casi no se podían distinguir los diferentes estatus sociales. Erich Honecker introdujo al principio de su mandato reformas sociales, incluidas en el programa denominado “Unidad de la política económica y social, que se acordó en la octava asamblea del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) en 1971.Por ello, al principio se consideró a Honecker un signo de esperanza para el pueblo. Al mismo tiempo este dirigente nacionalizó todas las empresas en dos etapas en los años 70. Sin embargo, el impulso inicial de la reforma decayó por las discrepancias entre la opresión política y la libertad concedida. La primera crisis del petróleo de los años 70 fue particularmente complicada. La economía de la RDA se había fortalecido gracias al petróleo de la Unión Soviética, pero se hizo dependiente de él. La política social de Honecker entorpeció el crecimiento económico a partir de 1972, porque los gastos sociales aumentaron debido a la baja productividad laboral y crecieron más que el PIB. Paralelamente en la Unión Soviética Hacia 1970 la ralentización de la economía era palpable. La tasa de crecimiento de casi todo lo que se podía contar, el producto interior bruto, la producción industrial, la producción agrícola, las inversiones de capital, la productividad del trabajo, el ingreso real per cápita estaban en regresión a escala internacional. En 1960 sus principales exportaciones habían sido maquinarias, equipamiento, medios de transporte y metales o manufacturas metálicas, pero ya para  1985 dependía básicamente de sus exportaciones de energía (53 x 100), esto es, petróleo y gas. Paralelamente, casi el 60 x 100 de sus importaciones consistía en maquinarias, metales y artículos de consumo industriales.  La Unión Soviética se había convertido en una colonia productora de energía de sus propios satélites occidentales, Checoslovaquia y la República Democrática Alemana, cuyas industrias podían confiar en el mercado ilimitado de ésta sin preocuparse por mejorar sus propias deficiencias.

De hecho, hacia los años 70 no solo se estancaba el crecimiento económico sino que incluso los indicadores sociales básicos, como la mortalidad, dejaba de mejorar. Esto minó la confianza en el Socialismo casi más que cualquier cosa, porque su capacidad para mejorar la vida de la gente común mediante una mayor justicia social no dependía básicamente de su capacidad para generar mayor riqueza. Se hizo cada vez más evidente que la Unión Soviética misma funcionaba, fundamentalmente, mediante un sistema de patronazgo, nepotismo y pago. En estos “años de estancamiento” comprar trigo era mejor que resolver la incapacidad de la agricultura soviética para alimentar a su pueblo, recurrir a los sobornos además de la corrupción era conveniente para sostener las apariencias y mantener contenta a la gente. Cuando la propia Unión Soviética abandonó a sus “satélites” a su propia suerte los reformistas intentaron negociar una transición pacífica. La RDA trató de resistir hasta que se hizo evidente que los ciudadanos ya no le obedecían, aunque el ejército y la policía siguieran haciéndolo. Fueron reemplazados por la oposición  que habían organizado las manifestaciones de masas que dieron la señal para la pacífica abdicación de los antiguos regímenes. El acontecimiento más importante de la década de 1980 fue el acelerado proceso que terminó con la guerra fría y la caída del mundo socialista frente al ascenso de las concepciones de derecha como las de Milton Friedman y el triunfo de las posturas monetaristas impulsadas por Ronald Reagan y Margaret Tacher. En los ochenta se agota un modelo de desarrollo basado en la producción fordista, la energía barata, el pleno empleo garantizado por el Estado y la activa participación de éste por la demanda agregada. Paralelamente como elemento constitutivo de la economía mundial será la revolución tecnológica. Lo ocurrido a partir de 1985 en la Unión Soviética tiene relación así mismo con las reformas encaradas por Mijail Gorbachov. Probablemente Gorbachov haya accedido al poder con una visión “neo burocrática”, dispuesto a mantener el socialismo, pero con el paso del tiempo fue tomando conciencia de la necesidad de cambios más profundos, destinados a introducir una economía de mercado. En el intento acelerado de lograrlo con la Perestroika  llevó a la situación económica a una crisis muy profunda, se quedó sin plan y sin mercado. El PBI cayó un 9 % entre 1989 y 1991. Rápidamente el poder comunista dejó de existir en Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria y la República Democrática Alemana. Una de las razones por la cual el antiguo régimen fue denunciado con fiereza tras su caída, sobre todo en la ex RDA fue que en el plano ideológico el marxismo-leninismo oficial dogmatizado como doctrina o empobrecido como método se derrumbó y se tornó impopular. La defensa del socialismo ya no estaba en el orden del día de las masas. Las que van predominando son las liberales y neo conservadoras tal como existe en los principales países de occidente. Casi nadie creía en el sistema o sentía lealtad alguna hacia él. En ningún lugar hubo grupo alguno de comunistas radicales que se preparase para morir por su fe, ni siquiera luego de cuarenta años de gobierno comunista. La perestroika impulsada por Gorvachov intentó superar la crisis del modelo de acumulación y distribución pero dentro del mismo, y se resume en la consigna más socialismo más democracia, pero su programa no contempló caminos viables para reformar la producción, dentro del mismo sistema de propiedad. El socialismo “real” debería haber emancipado al hombre, de su alienación en todos los sentidos, de transformar al productor en control de su propio producto en todo su proceso; de la auto- gestión de las masas trabajadoras, de la participación plena en la vida política y social, en una democracia tal como no ha existido hasta ahora.

Tras la unificación de Alemania, las consecuencias más directas las sufrieron los habitantes de la antigua RDA, quienes, debido al retraso económico, tecnológico e industrial del país de oriente y a la costumbre de tener garantizadas necesidades básicas como la de la vivienda, la energía o el trabajo, no se pudieron adaptar muy bien al nivel de vida de la RFA, a causa de la diferencia de salarios y precios entre ambos estados. El Muro de Berlín cayó en la noche del jueves, 9 de noviembre de 1989, al viernes, 10 de noviembre de 1989, 28 años después de su construcción. La apertura del muro, conocida en Alemania con el nombre de die Wende (El Cambio), fue consecuencia de las exigencias de libertad de circulación en la ex-RDA y las evasiones constantes hacia las embajadas de capitales de países del Pacto de Praga y Varsovia y por la frontera entre Hungría y Austria. En septiembre, más de 13.000 alemanes orientales emigraron hacia Hungría. Hacia el final de 1989 comenzaron manifestaciones masivas en contra del gobierno de la Alemania Oriental. El líder de la RDA, Erich Honecker, renunció el 18 de octubre de 1989, siendo reemplazado por Egon Krenz pocos días más tarde. El 9 de noviembre, los propios ciudadanos berlineses llevaron a cabo la destrucción del muro con todos los medios a su disposición (picos, martillos, etc.).  Ese mismo año cae también la STASI, el Ministerio para la Seguridad del Estado, el órgano de inteligencia de la República Democrática Alemana (RDA). Creada el 8 de febrero de 1950, centraba sus operaciones en la capital, Berlín Oriental. La Stasi fue reconocida en general como uno de los servicios de inteligencia más efectivos del mundo. Se inspiró siguiendo como modelo al Ministerio para la Seguridad del Estado de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, del cual tomó el nombre.

Han pasado 87años de la muerte de Lenin, pero,  en vez de decirle adiós, es necesario, más que nunca, recuperar el verdadero Lenin, desprovisto de todas las manchas estalinistas, revolucionario e internacionalista.

Podríamos citar el último programa que prepara el personaje de Alex para su madre, que refleja los deseos de lo que él considera el socialismo ideal:

El camarada Honecker felicitó al nuevo presidente del Consejo Estatal, Sigmund Jähn. – Jähn fue el primer cosmonauta alemán.- Ciudadanas y ciudadanos de la República Democrática Alemana. Cuando se ha vivido el milagro de ver nuestro planeta azul desde el cosmos todo se ve con otros ojos. Arriba, en la vastedad del universo la humanidad parece pequeña e insignificante. Antes los considerábamos enemigos (al pueblo de la RFA) y ahora desean vivir aquí. Sabemos que  nuestro país no es perfecto pero hemos reflexionado. El Socialismo  significa no amurallarse. El socialismo significa acercarse a los demás, convivir con los demás. Por eso, abriremos las fronteras de la República Democrática Alemana. Tras la apertura del muro miles de alemanes federales aprovecharon para visitar nuestro país Y muchos quieren quedarse. Buscan una alternativa a la lucha por la supervivencia en el capitalismo. ¿No es maravilloso? No todos quieren participar En la locura consumista. No todos están hechos para vivir a los codazos. Esta gente quiere una vida diferente.

Comprenden que los coches Y los televisores no son todo. Están dispuestos A vivir una vida diferente Con buena voluntad, Energía y esperanza. Increíble.”

Para ver la pelicula online: http://comunicacionpopular.com.ar/documentales/2011/11/good-bye-lenin/

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