Si quieres vivir del arte no te hagas artista en Bs As:600 artistas se resisten a donar sus obras al MAMBA

Alrededor de 600 creadores se unen para rechazar la gratuidad como política de enriquecimiento patrimonial.




Se llaman a sí mismos Artistas organizados (AO). Son alrededor de 600 y, por primera vez en la historia del arte argentino, un grupo tan numeroso se reúne en defensa de sus derechos. La semana pasada, antes de la inauguración de la muestra colectiva «Últimas Tendencias II» en el Museo de Arte Moderno porteño, los artistas enviaron una carta para expresar su «disconformidad» con el modo de «incrementar el patrimonio». Es decir, en términos que abarcan distintas posiciones ante una situación difícil, los artistas rechazan «una muestra que debería llamarse últimas donaciones», y ponen «en suspenso» dicho convenio.

Erica Bohm contó que durante el vernissage, junto con otros artistas de la muestra, permaneció en la vereda del Museo para «solidarizarse con los invitados que luego fueron excluidos de la muestra por cuestionar o negarse a donar sus obras, por no aceptar ese requisito». Así, el texto de la flamante agrupación AO, se opone a «la donación como condición obligatoria para integrar la exposición». El malestar de los donantes se incrementó al advertir que el pedido indiscriminado de obras era el único soporte teórico de una muestra sin trabajo curatorial.

En mayo, este diario publicó que desde el MAMBA arreciaban los pedidos de obras y se ejercía presión sobre varios artistas, justamente cuando en la Feria arteBA los museos argentinos compraban obras y los precios se difundían para estimular el coleccionismo.

Como espacios de legitimación y consagración por excelencia, los museos son enclaves donde el prestigio convalida el mercado; son los territorios donde se escribe la historia y donde libran sus batallas aquellos que tejen y destejen la gloria. Los artistas saben que su obra debe estar allí.

Y aunque no todos los museos ofrecen este aval, de hecho, durante el vernissage del MAMBA, su directora, Laura Buccellato, le dijo a Fernanda Laguna: «Varios coleccionistas quieren comprar obras de los artistas que están expuestos». Entonces: ¿por qué no pedirles a ellos, los poderosos del sistema, que contribuyan con su apoyo a incrementar la colección como en todos los museos del mundo?

La política del MAMBA resiste el paso del tiempo: la dádiva suplanta el fundraising. Acaso ensimismados en el mundo de la creación, gran parte de los artistas recién comienza a atar cabos. Pero esa noche en el MAMBA advirtieron cómo se construye el mercado. «Si no regalás la obra y el flete quedás fuera de la historia», ironizaron.

Magdalena Jitrik negó su obra y explica así el dilema: «El tema monetario da lo mismo. Fuimos señalados por un dedo mágico que nos situó en el podio soñado y acariciado, por eso el que participa de la muestra no puede atacar a fondo esta cuestión. Fuimos elegidos, sí, pero para estar en una exposición que se definió por las donaciones».

Laguna, entretanto, reclama algo básico: «Es indispensable que se explique por qué se eligieron estos artistas, que se fundamente un criterio curatorial a través de un texto». El catálogo, al igual que el de un remate (de escasa relevancia), presenta sólo el listado y las imágenes de las obras, algunas estupendas (como la de Mariana Tellería que no figura en la muestra del MAMBA porque ganó el Salón Nacional y hoy pertenece al Museo Castagnino de Rosario) y otras menores.

No obstante, son pocos los que declaran «esta muestra no tiene la calidad que el Museo debe garantizar», porque allí está su obra. «Esta situación es incómoda para todos y se evidencia en la ambigüedad de los reclamos», observa Jitrik. «Si el pequeño grupo que no se prestó a esta operación no hubiera existido, esta incomodidad sería una anécdota entre las mil cosas que el artista enfrenta cuando empieza a vivir del arte. Los no donantes también ejercimos presión, pero sobre la institución, para que cambie sus metodologías, no sobre los artistas que evaluaron que no podían negarse o que era una oportunidad positiva exponer en el Museo de Arte Moderno, y no hace falta mencionar lo importante que puede ser», concluye Jitrik.

A pesar de los sentimientos antagónicos generados por el deseo de estar y el rechazo a una demanda coercitiva, Bohm relata: «Fue increíble, les pusimos un sello a los 300 catálogos que nos dieron, son como 1.000 y estamos luchando para sellar todos. El mensaje dice: 28 de junio de 2012, Última tendencia, donaciones en suspenso, artistas organizados».

Hace algo más de un año, en estas páginas publicamos una imagen desconcertante. En las puertas del Museo que se reabrió luego de varios años de clausura, se amontonaban decenas de cuadros con las telas o los bastidores rotos, apoyados contra la fachada de ladrillos de la avenida San Juan. El recuerdo de esa acción artística de las pinturas remendadas con groseros costurones, pone en vigencia el apodo de «Museo fantasma» que ganó la institución en los años de su fundación (1956), con las apariciones de sus obras por las calles, ya que no tenían un edificio que las albergara. Si se pudiera volver el tiempo atrás, antes de las pretenciosas «Tendencias II», se deberían exhibir las «Tendencias I», que dejaron varias heridas abiertas.

Fuente:  http://www.ramona.org.ar/node/43846

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