Un psicólogo fue golpeado y amenazado por una patota penitenciaria en Río Negro

Solidaridad con Nicolás Lago, repudio a la patota penitenciaria

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La Agencia Rodolfo Walsh repudia los golpes y las amenazas de muerte que sufrió el psicólogo Nicolás Lago (foto) por parte de miembros de la patota penitenciaria de Rio Negro, ayer. Mientras lo aporreaban entre varios, le reprocharon a Lago haber denunciado las tropelías penitenciarias junto a Oscar Castelnovo -compañero de esta Agencia-, y otros militantes, en una charla pública, realizada en el gremio docente a la que asistieron más de 70 personas produciendo un rico debate.
Nicolás Lago participó, investigó y comparó, años atrás, la desmanicomialización catalana, andaluza y rionegrina, después de ganar por concurso entre 100 profesionales la posibilidad de hacerlo. Luego, sin perder su condición de civil y con la intención de cambiar las cosas, integra un gabinete criminológico penitenciario donde, desde su ingreso hasta el presente, se halló con “problemas” con los uniformados y se ganó el respeto y afecto de los detenidos con los cuales dialogó esta Agencia. Ayer, Lago intentó frenar el traslado de tres pibes desde la prisión abierta de Pomona, donde las condiciones de detención son la excepción
(ver nota en Agencia Walsh del 17 de julio) frente a los campos de concentración que siembran de terror y muerte la Argentina y ahí se produjo la represión. A continuación, reproducimos algunas de las palabras de Lago en la mencionada charla, al tiempo que manifestamos toda nuestra solidaridad con este compañero, luchador agredido y amenazado. También llamamos a todos los compañeros a efectuar su apoyo y adhesión para que el terror no someta a la lucha por la libertad y la justicia.

Agencia Rodolfo Walsh

Fragmento de las palabras de Lago en la charla pública del 11 julio en el gremio docente

Estas palabras y el conjunto de su labor por los detenidos le valieron los golpes y amenazas de muerte

Nicolás Lago, quien realizó, entre un sinnúmero de trabajos una investigación comparativa de la Desmanicomialización catalana, andaluza (España) y ríonegrina, al comenzar su intervención, indicó que la cárcel “es un dispositivo de control y castigo, custodia y sujeción, que lleva años de gestación. Se trata de una máquina de aplicar sufrimientos sostenida y avalada (por su acción u omisión, por naturalización o complicidad) por una legión de empleados que incluyen tanto personal del Área de Seguridad como profesionales de los Gabinetes Técnico Criminológicos. Se trata de un sistema colapsado, represivo, que se hace extensivo a internos y familiares, a través de vejaciones, insultos, requisas aberrantes, actos de corrupción, traslados continuos, intempestivos e injustificados, malos tratos, torturas (físicas y psíquicas), comercialización de drogas (legales e ilegales), sobrepoblación-hacinamiento, pabellones organizados sin atender los requisitos legales para la distribución de internos, malas condiciones de alimentación o de higiene, sanitarios y cloacas colapsadas, aislamiento en celdas de castigo en condiciones denigrantes, robo de pertenencias a los internos de parte de los empleados o agentes de seguridad, etc. Un sistema sostenido por una base de corrupción penitenciaria estructural, una larga historia de impunidad jurídica y de falta o escasez de sanciones internas”.
Más adelante, Lago sostuvo que “este dispositivo, centrado en el disciplinamiento incapacitante, se encuadra en el paradigma que sostiene que la violencia o injusticia social se revierte con represión y depósito de la población vulnerable en lugares (cárceles, institutos o comisarías) acondicionados para el deterioro de la condición humana, la infantilización de la población y el refuerzo de roles desviados a partir de un trato deteriorante progresivo de la subjetividad. Durante mis dos años y medio de intervención (desde Noviembre de 2009 hasta la fecha) como psicólogo del Gabinete Técnico Criminológico de los Establecimientos Penitenciarios del Valle Medio, pude registrar y analizar que sólo el 10% de la población penitenciaria padece una Psicopatía, un Trastorno del Control de los Impulsos o una Parafilia y sólo este 10% podría considerarse de alta peligrosidad. El resto (nada menos que aproximadamente un 90%), la mayoría de las personas privadas de su libertad, son personas pobres en gran parte procedentes de orfanatos o institutos de menores, con problemas de adicciones y provenientes de familias multiproblemáticas y desestructuradas. Existiendo un claro predominio del factor pobreza en la zona de la que provienen los condenados por la justicia, corresponde develar y analizar qué mecanismos y estructuras sociales que promueven su situación”.

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