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¿Hacia adónde nos llevan los medios de comunicación?

En el Siglo XXI existen muchas formas de poder, y esas formas de poder e interactúan de forma permanente y van definiendo hacia dónde vamos, hacia donde va el mundo.

La opinión pública, en la trama de las diferentes formas de poder, juega un rol importante. Nada se sostiene fácilmente sin el apoyo, o al menos un aval de la opinión pública. Lo que es muy rechazado por esta, pierde estabilidad y puede caer más fácilmente.

El punto débil de esta opinión pública es que es moldeable, o para decirlo más explícitamente, es un espacio conquistable. Y el depredador dominante de este espacio, son los medios masivos de comunicación. Si bien la comunicación ha iniciado una diversificación, existen redes sociales, etc, sigue ocurriendo que a mayor poder económico, mayor es la capacidad de influencia en la opinión pública. Y de todas las vías de comunicación que existen sigue ocurriendo como hace décadas, que la televisión es por lejos el arma de conquista de la opinión pública más poderoso de la tierra.

Actualmente a  nivel social y con las escasas discusiones, a nivel educativo, académico, político y comunitario que tenemos sobre el poder de los medios, estamos muy lejos de poder defendernos del efecto de manipulación masiva que se ejerce desde estas organizaciones. Incluso desde los sectores más formados política o académicamente se tiende a caer en la agenda impuesta por los medios, porque quien no tiene opinión sobre el tema del que se habla masivamente, de alguna manera siente que queda afuera.

El poder de los medios masivos de comunicación (MMC) es tan grande que lentamente los cambios que más se van imponiendo en todo sentido a nivel social son los cambios impulsados desde los medios

El mundo cada vez más va siendo un mundo funcional a quienes controlan los medios de comunicación y sus asociados. Es decir un mundo moldeado en base a sus intereses, que por cierto, no son los intereses de todos. No es un mundo ni muy solidario, ni muy unido, ni muy reflexivo, ni muy igualitario.

Nadie puede gobernar demasiado tiempo sin tener el respaldo de los MMC. Las situaciones inusitadas que se dieron en América Latina en los últimos años muestran que aquellos países que se enfrentan a los grandes conglomerados mediáticos, tarde o temprano pierden la batalla.

Los gobiernos tienen sencillamente menos poder, porque cada cuatro años se renuevan y deben ponerse a prueba nuevamente, y porque un medio de comunicación puede atacar a un gobierno, pero un gobierno no puede atacar a un medio, porque este inmediatamente usará esto a su favor, victimizándose y clamando ¡censura!.

Esto genera condiciones de impunidad casi absoluta. Se cuenta en nuestro país que alguna vez le preguntaron al director y en parte dueño del grupo Clarín si tenía entre sus aspiraciones llegar a ser presidente, a lo que él respondió: “no, ese es un puesto menor”. Más allá de que esto no esté probado, y que él lo niega, no es una respuesta muy descabellada. Está claro que es esperable que el lo negase, porque parte del poder de los medios radica en que no sean percibidos de esa manera, como un poder superior al político, sino tan solo como informadores.

Fundamentalmente para lo que no estamos preparados como sociedad es para percibir dos cosas: Que lo que vemos en TV no es la realidad, sino un  recorte de ella, una pequeña porción seleccionada mientras se ignoran otras, y que cada cosa que se nos muestra tiene una intencionalidad. No estamos preparados para cuestionarnos las intenciones detrás de lo que se nos muestra.

De todos modos esas batallas que hubo entre medios y gobierno, han aumentado el grado de conciencia, y el poder que tenían los medios ya no es exactamente el mismo, aunque sigue alcanzando para imponer el rumbo,

El resultado de todo esto es que, de todos los mundos posibles, el mundo que vamos teniendo, el que vamos percibiendo, incluso el que podemos llegar a apoyar o defender, es el mundo que le sirve más a los dueños de los medios y sus asociados, ya sean políticos, corporaciones, o gobiernos de países extranjeros.

Cualquiera de estas cuatro entidades: Medios, corporaciones, políticos, o gobiernos foráneos, tienen intereses particulares que entran en conflicto con el bien común, no tienen nada que ver con lo que podríamos llamar los intereses de la mayoría.

Un mundo solidario no genera las mayores ganancias, el cuidado de los recursos naturales no genera las mejores ganancias, un Estado que atienda a las necesidades y garantice derechos o proteja a los más vulnerables no genera las mejores ganancias.

Los líderes sociales que aglutinan a mucha gente como para poder tener cierta presión sobre políticas sociales, no ayudan a que el dinero del Estado se vuelque a los sectores más poderosos.

Todo lo que estorba la concentraciòn del poder, va siendo atacado, descalificado, debilitado. Y este proceso no es perceptible a simple vista, o superficialmente, al consumir medios masivos.

En la mayor parte del mundo, los gobiernos que van ganando, son los que permiten a los medios y sus aliados hacer los mayores negocios, y los que tenían algún principio de base popular, con cierta idea de que los Estados debían disminuir la desigualdad y protejer con sus recursos a los mas vulnerables, terminan siendo debilitados y derrotados con el mecanismo de exponer hasta el hartazgo sus debilidades, contradicciones, o faltas de ética, cosa de que ninguna manera se hace con los gobiernos o candidatos afines o aliados a los medios.

¿Hacia adonde nos llevan los medios de comunicación? La pregunta sigue abierta, y al menos no pareciera ser un mundo muy disfrutable para la mayoría.

Una pregunta aun más complicada es ¿Qué podemos hacer al respecto?

Quizás no haya por el momento ninguna respuesta que valga la pena, pero como primer paso, puede ser muy útil tomar conciencia de la profundidad del problema. Cuanto mas extendida sea esta toma de conciencia,  mayor será la posibilidad de que se discuta el problema en diferentes lugares y desde ahi puedan surgir ideas creativas. Porque pareciera ser que lo que viene pasando hasta ahora, es que hay mucha decepción y pesimismo, en cuanto a que este problema sea reversible. Y quizá no sea así.

Lic. Q

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